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Entrevista a David Roas en revista Windumanoth

Por Gemma Solsona.

FUENTE: Revista Windumanoth

Proust en el desván con… David Roas

Creo que escuché alguno de los cuentos de David Roas antes de leerlos. Fue en un cabaret literario de Barcelona, ya desaparecido, donde se abrían grietas en la realidad a través de microrrelatos y poemas. Desde entonces han pasado algunos años, y unos cuantos libros, pero hay cosas que no cambian: su manera de tensar lo cotidiano hasta que cruje, ese humor incómodo que te hace sonreír justo antes de inquietarte y su tendencia a situar sus historias allí donde lo real falla. Profesor universitario, crítico y cartógrafo de lo fantástico en sus ensayos (de Tras los límites de lo real a la Historia de lo fantástico en la cultura española contemporánea), Roas ha ido levantando, relato a relato, un territorio propio en su ficción. De Distorsiones a Niños y ahora Territorios, donde amplía ese universo hacia lo rural y contribuye a definir una nueva deriva del género: el agrohorror. Una entra en sus cuentos como quien sube a un desván: buscando algo concreto y encontrando, casi siempre, algo que preferiría no haber visto y que, como en los buenos relatos, será difícil olvidar.

Cuestionario Proust en el desván: David Roas

Defínete, como escritor/a, en dos líneas máximo.

Soy cuentista, por encima de todo. Y en mis relatos busco poner a prueba los límites de lo real, ya sea mediante lo fantástico, lo insólito o el humor… O los tres juntos.

¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

Ficciones, de Borges… Si me dejas escoger un cuento, «La lotería», de Shirley Jackson.

¿Cuál eliminarías de la historia de la literatura?

Nuestra Historia es la que es (hablo de la humanidad en general), por lo que yo no eliminaría ni prohibiría (verbo horrendo) ningún libro. Lo mejor es no leerlos y ya está. Olvidar que están ahí… Aunque, para conocer bien al enemigo, para estar preparados, hay que leer de todo, incluidos fascistas/machistas y otros de su calaña. Además, muchas veces te echas una risas (basta leer la literatura franquista y su delirante retórica).

Tu obra de terror favorita y, de propina, un relato de terror que destacarías.

Me cuesta mucho escoger solo una. Para no repetir «La lotería», y ciñéndome a la literatura (pues tengo varias propuestas en cine o TV), tengo que mencionar tres por su papel en mi formación como lector y escritor fantástico (incluyo también el relato que pides): «La caída de la casa Usher», de Poe (es un texto que nunca dejo de releer, de estudiar, de explicar en clase); It, de Stephen King (una novela prodigiosa que debería ser lectura obligatoria en la universidad); y «Los altillos de Brumal», de Cristina Fernández Cubas (obra maestra de lo inquietante).

¿Qué inspira a David Roas?

La realidad, incluyendo en esta todo lo que leo, veo en una pantalla o la música que escucho… La mayoría de mis relatos provienen de situaciones que he vivido (a las que después distorsiono un poco más) o que otras ficciones me han inspirado. Nunca me siento a escribir esperando que la inspiración me dicte algo: es la realidad, la vida cotidiana (los horrores y los absurdos cotidianos) lo que provoca mi escritura. Un ejemplo rápido: mi libro, Niños, está completamente inspirado por mis vivencias con mi hijo, añadiéndoles (aunque no siempre hizo falta) un grado más de delirio o bien potenciando su lado más inquietante.

¿Cuál es tu principal miedo?

Pues no soy una persona asustadiza ni hipocondríaca, ni estoy pensando constantemente en el cataclismo climático o en el peligro nuclear… A mí lo que me da miedo de verdad, lo que todavía me acompaña muchas noches antes de dormir es la idea de morir, no por el hecho en sí mismo de la muerte o del dolor que pueda implicar, sino el hecho de la desaparición total, de sumergirse a la nada.

Un inicio literario que no puedes olvidar.

«La mañana candente de febrero en la que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita…». El inicio de «El Aleph», de Borges… Soy borgesiano, no puedo evitarlo.

¿Qué país (real o irreal) desearías visitar? ¿Y qué lugar visitarías de nuevo?

A uno que no esté infestado de turistas, jaja… No sé, siempre me han atraído Nueva Zelanda, Islandia… Siempre volvería a Perú y México, son lugares que me hacen muy feliz.

Si tuvieras una máquina del tiempo, ¿qué época te gustaría conocer?

No soy de echar la vista atrás, me gusta vivir en el presente, pues es el único tiempo que existe. Aunque por probar un ratito (si me aseguran que no hay peligro), me gustaría visitar el Cretácico para ver en directo a los Tiranosaurios.

Si pudieras hablar con los fantasmas, ¿con quién contactarías?

Seguro que pensabas que iba a decir Poe, Lovecraft, Jackson… pues no: me encantaría charlar un rato con Groucho Marx, gran genio del humor y al que siempre he considerado uno de mis maestros. Hay mucho en mi forma de ver la realidad (y a los humanos) y de emplear el humor que proviene de Groucho. Como también de Woody Allen, aunque este, por suerte, sigue vivito y escribiendo.

¿Tus autores favoritos en prosa? ¿Y tus poetas?

Uff… Para no hacer una lista inmensa voy a por lo seguro (van sin orden, tal y como me vienen a la cabeza): Poe, Borges, Shirley Jackson, Cristina Fernández Cubas, Lovecraft, David Foster Wallace, Melville, Stevenson, Stephen King, Bukowski… y me voy a permitir incluir compañeros/as de generación de los cuales leo cada obra que publican: Patricia Esteban Erlés, Fernando Iwasaki, Cecilia Eudave, Mariana Enríquez… En cuanto a poetas, ahí estoy peor pues (lo confieso) cada vez leo menos poesía, salvo aquella que debo explicar en mis clases: Baudelaire, Rimbaud, Bukowski, Lorca, Sylvia Plath…

¿Un héroe/heroína de ficción?

Merrycat, de Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson. Menudo personaje.

¿Tu monstruo favorito?

El vampiro, sin duda… Es capaz incluso de sobrevivir a engendros como Twilight y otras patéticas encarnaciones.

¿La palabra preferida de David Roas?

Nunca lo había pensado… ¿Océano? Por todo lo que en mí comporta de felicidad e inquietud.

¿Y la mejor palabrota?

Cada vez me gusta más «tonto»… Parece ligera pero no hay nada más satisfactorio que decirle a alguien: «Tú es que eres tonto/a, pero muy tonto/a».

¿Y qué palabra eliminarías del diccionario?

VOX, PP.

Una extravagancia que harías o hayas hecho…

Yo es que soy poco convencional por lo que no sé muy bien dónde empieza y termina lo extravagante: ¿llevar Converse rojas y camisetas estampadas con monstruos en actos institucionales de la Universidad rodeado de tipos con corbata y americana?

¿Qué súper poder desearía poseer David Roas?

Iba a decir la inmortalidad, pero te tienes que aburrir mucho (como dijo el maestro Woody Allen, «la eternidad se hace larga, sobre todo al final»), por lo que escojo volar. Eso facilitaría mucho mi vida.

¿Qué te subirías a un desván?

Mi despacho (con equipo de música y nevera, of course).

Una cita ajena con la que desearías finalizar la entrevista.

«Saliendo de la nada, hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria». (Groucho Marx)

Una cita propia con la que finalizarás la entrevista.

«Haz siempre caso a tu distorsión».

El libro

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