Manuel Vilas, escritor y poeta: “La literatura ha perdido parte de su capacidad de incomodar”
Vilas (Barbastro, 1962) recupera en ‘Zeta’ (Páginas de Espuma) sus primeros relatos 25 años después. Una literatura irreverente, punk y fantástica inspirada en Zaragoza, que presenta este viernes en La Fatal de Lleida
¿Qué le llevó a republicar ‘Zeta’ y decidir que estos relatos merecían una nueva vida?
El libro estaba descatalogado. Cuando Páginas de Espuma me propuso recuperarlo, lo releí con cierto miedo, pero me encantó. Me sedujo muchísimo el sentido del humor que había. Eso fue lo que me decidió a rescatarlo de la tumba y resucitarlo.
¿Qué fue lo que más le sorprendió de aquella manera de escribir?
La libertad con la que lo hacía y esa especie de irreverencia. Fui un escritor muy iconoclasta. También había una falta de solemnidad que me parece característica de los jóvenes.
Precisamente, esa libertad aparece en ‘Zeta’ de una manera radical. ¿Cree que hoy existe menos libertad en la literatura?
No sé si esa cosa que ha tenido siempre la literatura de ser irreverente, de mover conciencias, de arriesgarse y de incomodar socialmente sigue vigente. Ese aspecto histórico que tuvo la literatura del siglo XX no sé si lo está manteniendo en el XXI. Yo diría que no.
¿Qué la está limitando?
El mercado. El problema es el miedo a no ser leído porque la ética del fracaso se ha perdido. Eso era algo del siglo XX. Ahora el fracaso no tiene glamour; solo cuenta el éxito.
En ‘Zeta’ rompe también con el realismo y convierte Zaragoza en un territorio de seres extraños y situaciones fantásticas. ¿Qué buscaba al construir esa ciudad?
Expresividad y pisar territorios nuevos, más fantasmagóricos. Quería huir del realismo. Zeta es una visión gótica de Zaragoza. Las ciudades españolas tienen un imaginario literario basado muchas veces en el costumbrismo. Convertir Zaragoza en una Gotham City, por ejemplo, me parecía necesario.
Además, es una Zaragoza alejada de la imagen monumental de la ciudad. Usted se fija especialmente en sus periferias.
Sí. Todas las ciudades españolas tienen un patrimonio artístico excepcional, pero la gente acaba viviendo en los barrios periféricos. Zeta habla de la periferia de Zaragoza, de cómo es la vida en los polígonos industriales y en las urbanizaciones que crecen alrededor de ellos. Las vistas no son a una catedral, sino a una autopista.
Por aquel entonces vivía en la ciudad y vio nacer algunos de esos barrios. ¿Hasta qué punto esa experiencia determinó el relato?
Fue importante. Yo vivía en un barrio de nueva construcción, el Actur, y todavía había huertas. De repente, se convirtió en un barrio enorme. Eso me llamó la atención.
¿Qué queda en usted del autor que escribió ‘Zeta’?
Mi literatura siempre ha sido hija de mi vida. Según el momento en el que he estado, ha salido una forma de escribir.
El viernes lo presenta en Lleida. ¿Qué relación tiene con Ponent?
En Lleida tengo un gran amigo, Pere Rovira, un autor extraordinario a quien considero uno de los grandes poetas catalanes.








