Por Lara Gómez Ruiz
FUENTE: La Vanguardia
“Nos da demasiado miedo reconocer que somos animales”
Hace 24 años que Claudia Ulloa Donoso (Lima, 1979) se mudó a Noruega. Primero vino a España, pero el amor le animó a cambiar de planes. “La edad con la que llegué hizo que me adaptara muy rápido. Primero fui al norte, a Tromsø, un lugar muy exótico para mí, totalmente contrario a Lima: las auroras, la nieve, la lengua, la soledad… eso al principio fascina a una, el vivir en algo contrario, pero con el tiempo una va encontrando los otros lados de esa belleza”, admite durante su visita a Barcelona. Ahora reside en Trondheim, aunque las diferencias son igualmente evidentes.
Esos dos mundos, tan aparentemente distantes, se plasman bien en su nuevo libro de relatos, El miedo terrible de ser un animal (Páginas de Espuma), cuyo título, más allá de estar inspirado en un verso de César Vallejo, adelanta que las fieras estarán muy presentes. Algunas veces actúan como secundarios y otras como protagonistas, pero en todos los relatos su presencia desencadena en un cambio en la trama. La idea es sacar del centro a los humanos. Con la visión de los animales, podemos vernos desde otra perspectiva y plantear el temor que tenemos a reconocer que nosotros mismos también somos animales. Nos da demasiado miedo”.
En uno de los cuentos, por ejemplo, una rata deja al descubierto los vínculos entre los miembros de una familia; mientras que en otro, un cuy, un roedor conocido también como cobaya, anticipa la enfermedad que padece un niño. O luego está el gato que inspira la fundación de un barrio en Noruega.
“Empecé a pensar en los animales de forma literaria cuando me mudé a una casa que tenía un bosque al lado. Allí se pueden ver zorritos, alces, liebres… en libertad, pasando frente a ti, salvajes y libres. Y me venía entonces a la cabeza mi ciudad natal, Lima, donde los animales son seres maltratados y descuidados. De nuevo otro contraste”. Más tarde descubrió que, aunque en Noruega se proteja más al animal, también existen contradicciones. “Me costó entender que se cazaran los alces, por ejemplo. Con los años, he tratado de acercarme más a los matices. Y, al final, este volumen, la literatura en general, se trata de eso, de moverse entre los matices”.
Todas estas historias vienen cocinándose a fuego lento, pues la primera de ellas la escribió hace diez años. Las presentó al premio Ribera del Duero y quedó finalista, por lo que el editor Juan Casamayor decidió publicar con su sello el libro, que llegó hace unas pocas semanas a las librerías. “Me animó a que un cuento que tenía y que era más largo que el resto lo dividiera en dos. Yo al principio dudaba, porque siempre dudo mucho, pero confié en él y vimos que funcionó. Es el primero, La génesis de Ugla, y el último, Libro de Norma, y este juego nos permitió dar una sensación de envoltura, circular, que abrazara todo”, concluye.








