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Clara Obligado en La Verdad de Murcia

Por Manuel Madrid.

FUENTE: La Verdad

Clara Obligado: «No importa lo que pensemos, hay que hacer una lucha por los derechos humanos»

El 5 de noviembre charlará con Lola López Mondéjar sobre su último y emocionante libro, ‘Exilio’, en el Centro Cultual Las Claras de la Fundación Cajamurcia, en Murcia

La voz de Clara Obligado (Buenos Aires, Argentina, 1950) suena fresca en una mañana de octubre, en un piso muy cerca de la Puerta del Sol de Madrid. «Tengo un buen paisaje», reconoce al teléfono la escritora, que estará en Murcia, en el Centro Cultural Las Claras de la Fundación Cajamurcia, el jueves 5 de noviembre (19 horas), para presentar junto a su gran amiga murciana, la psicoanalista y escritora Lola López Mondéjar, el libro ilustrado por Comotto que ha titulado ‘Exilio’ (Páginas de Espuma, 2026). Será un acontecimiento, pues todo lo que mueve Clara Obligado en Murcia desata pasiones. Es una ciudad que le es familiar por muchas razones, pero sobre todo porque López Mondéjar la invitó durante muchos años a talleres de escritura en la Biblioteca Regional de Murcia y aquí surgieron, gracias a estas sesiones, nuevos sentimientos hacia la escritura y las palabras, y seguramente una reafirmación del amor a la lectura y al arte de escribir historias.

Comotto es parte fundamental de este libro ilustrado: «Dedico este libro a un señor que trabajaba en un circo y que tenía un colgante con un colmillo de león. No sé su nombre pero se hizo cargo de mí y de mis hermanos en ese viaje en un 707, en el que fuimos, solos, hasta Madrid. Era el año 1976. Yo tenía ocho años y no olvido cómo mi hermano, de dos, agarraba con fuerza mi mano al subir al avión». Nadie que sobrevivió a la Argentina de 1976 pudo olvidar ese año. Clara Obligado explicará a lo largo de esta entrevista el motivo.

–En la Puerta del Sol no hay tantos árboles… Uno de sus últimos libros, ‘Un árbol de compañía’, también en Páginas de Espuma, junto al biólogo Raúl de Tapia, ya nos desvelaba sensaciones hermosas: «Él, y su pasión por los árboles. Yo, y los meandros del escribir. Han pasado los meses y ya no sé qué es más laborioso, si nuestra tarea a cuatro manos o hacernos lentamente amigos. Voy inventando la estructura de estas páginas como una forma de cercanía con Raúl. Los árboles y la edad me han enseñado a ser paciente (…)».

–Es verdad que árboles hay poquísimos en la Puerta del Sol, pero tengo la acampada, que, bueno, está bien. Yo no voy por ahí abrazándome a los árboles, porque los árboles no necesitan ser abrazados. A los árboles hay que mirarlos, no abrazarlos, porque algunos quedan con la corteza muy desgastada por sus abrazadores… Pero sigo abrazándolos mentalmente. Pensar los árboles es una forma de pensar la otredad, pensar en otros seres que están en el planeta con nosotros y que tienen estrategias de supervivencia muy interesantes.

–Madrid, ciudad tan familiar, es el lugar más citado en ‘Exilio’ junto con Argentina, de donde partió en 1976.

–Yo vivo desde hace 50 años en Madrid. Cumplo 50 años de mi vida aquí en diciembre exactamente, y yo creo que soy la memoria del barrio además, porque he vivido casi siempre por aquí por el centro. He vivido en el Barrio de las Letras, al lado, pero ahora estoy en la Puerta del Sol.

–Acostumbrada a los aluviones…

–Yo llevo muy mal el turismo, la forma del turismo, ¿no? Porque el barrio, que era muy popular en su momento, resulta que ahora ya nadie es de aquí. En mi edificio son todos los pisos de Airbnb [plataforma de alquiler vacacional], el edificio completo, es una cosa como brutal, todos son bares, no hay comercios de cercanía. Pero a mí el centro me gusta, y la verdad es que no me quiero ir.

–Diciembre de 1976 le habrá provocado muchas pesadillas.

–Me sigue pasando, de pronto hay un día que me deprimo, y yo no soy nada depresiva. Suele ser el 5 de diciembre. Sin darme cuenta, cuando debe ser algo de la luz o de cómo está el tiempo que reconozco, me produce una especie de pena infinita, ¿no? Porque son de esos días que a uno le vuelven y le vuelven mal, como triste, es un día memorable para mí.

–En ‘Exilio’ repite mucho esta frase en el arranque de algunos textos: «El 5 de diciembre de 1976 llegué a Madrid, procedente de Argentina». Mucha gente tardó seis años, lo que duró la dictadura militar, en poder regresar a casa. Otros no volvieron.

–El libro pretende contar una historia que pudieron haber sido muchas historias. Una persona que llegó el 5 de diciembre, pero muchas otras pudieron haber llegado ese mismo día. Cada vez que se repite esa fecha arranca una historia que es un poco distinta. Es decir, no es la misma persona que repite y repite, sino alguien un poco distinto que vive una circunstancia un poco parecido y que luego se diversifica, porque eso es típico de la persona que cambia de país, que no sabe dónde va a ir a parar.

«Agustín es cribe y tú pintas»

–Qué suerte la suya de haber podido coincidir con Agustín Comotto. Sus ilustraciones son fundamentales para comprender esas historias…

–Sí, yo quería hacer este libro con él, lo tenía clarísimo, si no era con él no lo iba a hacer porque me parecía que era la persona que podía entenderlo. Con el tiempo, un amigo me dice: ‘Es que Agustín escribe y tú pintas’. Cuando yo le propuse el texto le dije que no iba a discutir nada de su trabajo, trabajando con absoluta independencia los dos, y ha sido un trabajo de lo más enriquecedor para los dos.

–Daba igual hacia dónde saliera la gente de esa Argentina de miedo, cualquier lugar del mundo valía.

–Era lo que podías hacer, el libro en cierto modo lo representa. Hay argentinos que van a Brasil, o que van por América Latina, o que llegan a México, otros que van a Suecia, a Barcelona, que fue un lugar de recepción bastante importante. Hay muchísimas historias, y cada uno trataba de solucionar su vida como podía. No había un flujo de exilio como fue en el caso de la guerra civil española.

–Incluso Tanzania…

–Tanzania pudo haber sido mi lugar de llegada. Eso es cierto, me ofrecieron un trabajo en una radio en Tanzania, y al final no salió, porque sí me hubiera ido, lo tenía clarísimo. En el libro aparece ese destino como un destino cumplido también. Siempre pienso cómo habría sido mi vida en Tanzania, y ahí lo cuento todo.

–Perdió la cuenta de los libros…

–Creo que llevo 22 libros, pero hay días que la cuenta me va para un lado, y para otro lado otras veces. Son muchos, en todo caso, porque también están los que hice en común.

Situación caótica

–En Argentina cómo ha sido la recepción de este último libro.

–Por un lado, fue muy bien recibido, lo presenté en la Feria del Libro de Buenos Aires, este mismo año, y la Feria fue dedicada al 50 aniversario del golpe militar, es como si en España se dedicara la Feria del Libro a la Guerra Civil, es algo muy fuerte, eh. En Argentina se hizo un trabajo por la memoria, con distintas mesas, y allí funcionó ciertamente bien. Pero el libro ha tenido problemas de llegada porque Argentina es tal caos en este momento que cualquier cosa que haya que hacer es complicada. Pero así todo lo he presentado ya varias veces con una buena recepción. También lo he hecho por Zoom, pero es complicado, y no es cosa de la editorial ni de la distribución sino por la misma situación caótica del país.

–Recoge en el libro un hermoso poema de Circe Maia, ‘Y además…’: «(…) Escucha, escucha: Otra voz canta».

–Cuando estaba terminando el libro, yo siempre pongo un colofón que no sea el típico este libro se terminó de imprimir en tal fecha, porque eso ya me parece superaburrido. Por casualidad me llegó este poema, y me pareció precioso; daba la voz a los desaparecidos justamente, que es la voz que no está en el texto. Hay muchísimas voces, pero no está la voz del que murió. Y este poema era una forma de cerrar perfecta, y además que era una mujer mayor que yo, de otra generación, y de otro país, y creo que pasó por lo mismo. María Belén Bernardi me acercó el poema. Cuando escribes a veces te conviertes en una especie de imán que atrae información relacionada con tu trabajo, y yo siempre reconozco eso. Pues es de bien nacidos agradecer cuando alguien te acerca algo intelectual porque te ilumina algo. Ese poema ha tenido ese efecto.

«Pasan cosas tremebundas»

–Ese recuerdo del golpe cívico-militar en Argentina, ¿cómo es hoy? Parece que es un acontecimiento triste que no quedará nunca resuelto del todo, quedarán flecos sueltos.

–Es como cuando se desata la bestia, que pasa en la humanidad muchas veces, y pasan cosas tremebundas. Lo que pasa es que me parece que la solución que dio España, que no hay ninguna, por cierto, y la solución que dio Argentina son muy distintas. Me parece que España tiene una cuenta pendiente, y que todavía haya gente que tenga que buscar muertos en las cunetas es una cosa bestial. Es algo que siempre me consterna. Qué menos merece cualquier persona en cualquier circunstancia que descansar en tierra conocida.

–Es lo mínimo…

–Y aquí se ha negado el trabajo de la memoria. Mientras que en Argentina se ha trabajado el tema de la memoria de manera muy valiente. Tú piensa que la primera madre que buscó a su hijo murió también, la mataron, la torturaron y la tiraron de un avión. Y siguieron peleando, y peleando, y la lucha sigue. Tú piensa que son muchos años ya. Yo creo que la brutalidad hay que tratar de evitarla antes de que suceda, saber lo que estamos haciendo, y saber lo que significa la violencia en un país. Es tremenda la violencia. Yo sigo escuchando cosas, y por eso escribí el libro. Había cosas que no estaban contadas, y había que contarlas, sumando voces. Sudáfrica quizás hizo un proceso parecido al de Argentina, y eso nos ayuda, es una lucha por los derechos humanos que todos debemos hacer. No importa lo que pensemos, hay que hacer una lucha por los derechos humanos, y hay que restituir, si hay justicia, al que fue asesinado. Si no somos infames. Es infame no hacerlo, ¿no?

–En multitud de lugares, por todo el mundo, hay gente que cada día tiene que tomar la decisión de abandonar su país, por distintos motivos. Los exilios se repiten a diario, desgraciadamente este mundo nos fuerza a tomar decisiones indeseadas.

–El exilio para mí está definido por destierro o entierro, la gente que de ninguna manera puede volver, dado que detrás queda una marca de violencia demasiado importante. Pero en estos años se ha ampliado, si pensamos en el desastre ecológico, en todos los transterrados, los migrantes, incluso cada vez hay más palabras para referirnos a ello. Toda esa gente que se tiene que ir de un país porque no tiene qué comer. O porque hay violencia. Esa gente que va llegando a los países, y después hablamos de los ‘menas’. Estas son víctimas de la violencia, esto es lo que hay que mirar, y eso toca el mundo de hoy. En mi época era algo más relacionado con la política directamente, en nuestra época es más con el hambre, con el desastre ecológico… es una cuenta pendiente, y no podemos mirar para otros lados.

Cuatro hombres, tres bigotes

–En una de las ilustraciones de Comotto vemos cuatro hombres muy poderosos, y tres lucen amplios bigotes. ¿Qué pasa a los bigotudos?

–Es verdad, es como una exaltación de una masculinidad que hoy podemos considerar tóxica, en ese momento se consideraba muy varonil, pero hoy los miras y te preguntas qué les pasa, por qué se visten así, por qué son tan duros, por qué no son tan afables.

–En alguna tira cómica a Netanyahu también le ponen bigote hitleriano.

–Creo que los únicos hombres representados por Comotto llevan bigote, y hay muchas mujeres en el libro, tenemos la parte de las flores, del bordado, de las chicas… ese universo femenino general está muy bien visto.

–La imagen de Comotto y sus hermanos de la mano subiendo al avión ciertamente resulta muy evocadora.

–Este libro es de los dos, ya se lo dije a Agustín, y cuando escribió ese texto de los hermanos llegando solos a Madrid, los dibujó también, y por eso yo también metí la historia de los chicos. Y él hizo también más dibujos muy lindos de sus hermanos.

–Desde Argentina ya no se ve Europa como el exilio dorado…

–Eso ya pasó. Argentina es interesante, porque aparecen los temas y luego aparece la discusión. Y mi libro entra en esa discusión, y yo creo que ya nadie hablaría del exilio dorado, es algo que ya se ha superado.

–El frío de Madrid…

–Cuando yo llegué me di cuenta de que no escribía en invierno porque me moría congelada. Tenía una chimenea y me podía permitir tres troncos por día, eso es nada. Vine con mi hija chiquita y nos moríamos de frío, aquí había carámbanos en las fuentes. Y la protección contra el frío también era otra. Yo lo recuerdo como frío en la ciudad, y frío en el alma. Muy frío todo. Nadie te apoyaba, nadie te ayudaba, nadie se te acercaba. Es la triste realidad del exilio.

«No quiero dinero»

–Lo mejor qué ha sido…

–Yo en síntesis he tenido una buena vida, con muchos problemas, pero hago lo que me gusta, me encantan los talleres, ser escritora no sé si es la mejor idea, pero la verdad es que tampoco sé huir de ello. Tengo amigos y una familia que me gusta. Yo no quiero dinero, tengo lo que me alcanza, y no soy rica, sino que estoy de acuerdo con lo que tengo.

  1. «Argentina es un país lastimado en este momento»

–Usted es ya una española más después de 50 años viviendo acá. ¿Cómo ve Argentina desde aquí?

–Bueno, yo no soy una española más, soy una extranjera. Eso no me lo quita nadie. He decidido adoptar esa identidad y me siento bien en ese lugar. Respecto a Argentina, como es lógico, tengo un sentimiento ambivalente, voy mucho y trabajo allí mucho también, y valoro mucho las cosas que se hacen en tiempos tan difíciles. Ahora bien, si me preguntas por la política y por lo que está pasando [con el ultraderechista Milei en el gobierno argentino] es algo tremendo que no tiene ninguna explicación. La llegada hace unas semanas de Milei a Madrid fue una cosa brutal. Claro que eso me duele, no porque sea él presidente, porque al final son los argentinos los que lo han elegido y son los argentinos los que tienen que pensar qué pasa cuando se vota de esta manera. No es que sea un chiste, no es indiferente, no tiene gracia, no es divertido: hay que pensar lo que se vota. Pero, por otro lado, bueno, es una decisión democrática y ahí tendrá que seguir su curso. Pero hay mucha violencia en Argentina, hay mucha pobreza, es un país muy lastimado en este momento, y yo le deseo por supuesto lo mejor, pero pienso que este no es el camino.

–Nos dice que somos de cualquier lugar del mundo, o de ninguno.

–Yo pienso eso, ahora estoy escribiendo un ensayito para Anagrama que habla de eso. Es un tema que nos toca, y que los que hemos vivido lo podemos hablar, explicar, comentar… Estoy leyendo un libro de una periodista turca que habla de la nación de los extraños, que el 3% de la humanidad somos extraños, gente que no vive donde nació, gente desplazada. Puede estar ligado con el exilio y con la violencia, pero con muchísimas otras cosas. Las identidades y los países que vamos a vivir van a estar atravesadas por este tema. Mejor que lo entendamos bien.

El libro

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