Por Antonio Ortega Fernández.
FUENTE: La Verdad
Ser argentino actual en toda su plenitud: dos libros de relatos y una novela
La marginalidad, la extrañeza de las relaciones afectivas, las sorpresas de la vida diaria, la cotidianeidad en su enésima expresión… son algunas preocupaciones de la nueva hornada de voces femeninas, como Fernanda García Lao, Ana María Shua y Magalí Etchebarne
Desde sus orígenes, la historia de la literatura argentina ha venido realizando una permanente introspección sobre su propia identidad. ‘Facundo’ (1845), de Domingo F. Sarmiento, y ‘El Gaucho Martín Fierro’ (1872), de José Hernández, construyeron unos personajes que representaban el clásico argentino por excelencia, como dijo Ricardo Rojas, pues el gaucho Martín Fierro evolucionó de ser un proscrito y pendenciero a héroe nacional, eso sí, por enfrentarse a la injusticia y a la desgracia familiar y terminar su odisea en los páramos interminables de la Pampa rodeado de vida salvaje, mientras unas décadas anteriores Domingo Sarmiento había debatido en formato histórico y sociológico sobre los orígenes de la patria, en la que vio claramente el conflicto entre civilización o barbarie, como así escribió en el subtítulo de su obra, al narrar la biografía de Facundo Quiroga, un caudillo sin educación que despreció las leyes y la cultura.
El boom de la literatura hispanoamericana incorporó, cómo no, varios escritores argentinos de extraordinaria repercusión para la literatura universal. Se trata de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, amén de muchos otros, quienes encumbraron con sus obras, especialmente sus relatos, la literatura del siglo XX a niveles colosales. Memorables los relatos ‘Casa tomada’, de Cortázar, y ‘El Aleph’, de Borges, por ejemplo. Ambos escritores mezclaron lo fantástico y lo onírico en la consciencia popular.
El siglo XXI se inicia en la narrativa argentina con la denominada «literatura de la crisis», tras el colapso económico de 2001, y los escritores fijan su mirada en la exclusión social y enfocan su pluma a los suburbios de la periferia o en otros casos a la vastísima geografía rural. Al mismo tiempo aparecen nuevos y nuevas escritoras que ponen el punto de mira en las vidas cotidianas de los barrios obreros bonaerenses y de otras ciudades populosas a través de las cuales relatan la marginalidad, la extrañeza de las relaciones afectivas, las sorpresas de la vida diaria, la cotidianeidad en su enésima expresión. Y ahí les nace el espíritu sociológico, el entusiasmo por encontrar respuestas en la psicología o en la cábala, que muestren el ser argentino actual en toda su plenitud. Nombres destacados son Samanta Schweblin, Selva Almada, Mariana Enríquez, Leila Guerreiro o Camila Sosa. Veamos ya tres ejemplos.
Ana María Shua
‘El cuerpo roto’ (Páginas de Espuma, 2025) es una colección de cuentos de Ana María Shua (Buenos Aires, 1951), escritora veterana y pródiga en este género, que tratan de enseñar el lado oscuro de la vida de las gentes humildes, gentes que viven sus dramas, sus miserias y sus sueños rotos. En esta colección alude con precisión quirúrgica a los embates del cuerpo ya en la edad avanzada, en el que se manifiestan uno tras otro los avisos físicos de la edad a través de las enfermedades, como el cáncer, la tuberculosis, el sida o la covid, el alzheimer o las enfermedades mentales. Desde múltiples puntos de vista, los relatos van desgranando los procesos de la enfermedad, los efectos nocivos de la quimio, la radiación o la anestesia. En esos momentos definitivos, a menudo el paciente o la paciente, esencialmente los personajes femeninos, piensan en escenarios fortuitos o casuales de su vida, como la anciana que quiere que le cuiden a su gato, o aquella que revive a su amante de juventud, o las hijas velando el cadáver de su padre. Escenas y escenarios que, desde el dolor o la pérdida, nos recuerdan que la vida continúa a un ritmo imparable. Inolvidable el relato de una estudiante de medicina en el turno de guardia de un hospital público de Buenos Aires. El ciclo de la vida, el ciclo sin fin.
Magalí Etchebarne
‘Los mejores días’ (Páginas de Espuma, 2025), de Magalí Etchebarne (Buenos Aires, 1983), relatos de doce a quince páginas, nos cuentan las vicisitudes de personajes familiares, parejas en sus inicios o en su ruptura definitiva, recuerdos de viajes a la playa o al campo, en los que sucedieron hechos imprevistos, situaciones que la vida te entrega sin haberlas planificado. Leemos el viaje vacacional de una chica y sus padres a Mina Clavero y las sorpresas de la casa que alquilan, los dueños de la misma o los recuerdos turbios de la madre y su decisión inaudita, en el cuento ‘La nuez de Adán’. ‘Como animales’ es un relato interesante sobre una escritora poco conocida que escribe biografía de hombres con fortuna y opulencia, malencarados, ella escribe entre gritos de la abuela, fritangas de ñoquis y las moscas de las bolsas de basura del vecino, todo un panorama para una escritora en ciernes; relaciones de pareja con sus altibajos, que se complican al contacto con otras parejas semejantes en ‘Que no pase más’; Sara está muy sola con su hijo recién nacido pero tiene que atender en el bar de Pedro, un hombre maduro y solo, el pobre, se cuenta en ‘Buena madre’; en fin, mujeres agobiadas por su responsabilidad innata, que deben cuidar a su madre enferma, olvidar a su marido tóxico y soñar con el hombre lejano que le escribe cartas desde el paraíso.
Fernanda García Lao
‘Estación Saturno’ (Candaya, 2025) es una novela de Fernanda García Lao (Mendoza, 1966), afincada en Barcelona, poeta y dramaturga además de narradora, ha publicado varias novelas, La piel dura o Sulfuro y libros de cuentos como Cómo usar un cuchillo, El tormento más puro y Teoría del tacto. En esta novela los hermanos viajan de vuelta por las carreteras perdidas de Gauminí tras enterrar a su hermano. Cuando llegan a la gasolinera de la mítica Estación Saturno, un paraje ferroviario abandonado en 1977 y símbolo quebrado de la desidia de las autoridades, bajan para echar nafta y en un descuido se les escapa el gato, el único presente de su hermano. Aquí empieza una búsqueda que nos adentra en un territorio fantástico, extraño e imprevisible cuando paran en un hotel de carretera en el que habitan personajes surrealistas que entienden el mundo con claves desconocidas, algunas aterradoras y otras sarcásticas. Vistas desde múltiples planos, las cosas no siempre son lo que creemos que son. Un gato da mucho juego, ¿verdad, Poe?






