Diario Córdoba
Por Pedro M. Domene.
FUENTE: https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2026/05/16/sofia-balbuena-130190199.html
Sofía Balbuena
Sofía Balbuena nació en Salto (Argentina) en 1984. Es escritora y trabaja como profesora de escritura creativa. Es autora de los libros de ensayo ‘Doce pasos hacia mí’ (2024), ‘Borracha menor’ (2024) y ‘Gente sin paz’, con Sabina Urraca y Daniel Saldaña París (2025) y la novela ‘Sutura’ (2025). Vive en Madrid.
¿El cuento se convierte en esa fuerza que necesita una narradora para poner el mundo del revés?
El cuento es para mí un lenguaje, una serie de reglas y procedimientos que, si una logra aprender, puede usar a su favor para decir las cosas que le resultan importantes. Quiero decir: que es un medio, un camino, una herramienta –entre otras herramientas– que tenemos las escritoras para hacer lo que hacemos.
Pese a algunos avances, ¿de verdad la mujer en un plano bastante general sigue orbitando en torno a la mirada masculina?
Creo que en ciertos cuentos sí, las protagonistas están orbitando alrededor de la mirada masculina, al acecho de los ojos de los hombres como una forma de darse valor a sí mismas. Pero creo que no es tan sencillo ni en mis cuentos ni en la vida como sentenciar que la mujer sigue orbitando alrededor de la mirada del hombre. Por ejemplo en «Tsunami», en un cuento donde las protagonistas son una pareja de mujeres, lo que vemos es que una de ellas se consagra a intentar que se posen sobre ella las miradas de las mujeres que le gustan o le resultan atractivas. A lo que voy: es que aún cuando creo que como mujeres criadas en los 90 hemos sido orientadas en nuestra socialización a buscar la mirada masculina, no es algo exclusivo de la relación heterosexual ni de las mujeres. Creo que esta época nos inclina a poner el valor en ser capaces de cautivar miradas, de ser deseadas, vistas.
¿Qué significa el hecho de ser mujer hoy?
Creo que no hay una única respuesta a esa pregunta y que incluso si la hubiera todo el tiempo estaría cambiando. Quizás mi forma de indagar en esa pregunta haya sido escribir este libro.
El jurado justifica su premio a ‘Personaje secundario’ (2026) por «una prosa acerada y una mirada implacable sobre sus personajes», ¿en su mayoría la mujer sigue viviendo ese infierno interior?
Creo que ciertamente sucede, que tenemos las mujeres un mundo interior florido, espeso que se vuelve muchas veces ingobernable. Hay escritoras que lo han puesto en otros términos. A mí me gusta mucho cómo lo describe Natalia Ginzburg que habla de «pozo» para explicar o describir como sobrepiensan las mujeres. No creo que sea algo que solo le pasa a las mujeres, me parece que es un mecanismo que aparece más a menudo en quienes hemos sido socializadas como mujeres porque como Ginzburg considero que no se nos educaba para ocuparnos de las cosas «importantes». Entonces lo que hacemos es cuestionarnos nuestra importancia casi como un mecanismo. Nos estamos monitoreando todo el tiempo para no desencajar, no dar la nota, no quedar mal. Ese autocontrol feroz que opera dentro de muchas mujeres puede vivirse como un infierno.
Entonces ¿hasta qué punto nuestra vida interior condiciona nuestras vidas?
No lo sé. Creo que, en todo caso, lo que me interesaba a mí más que otra cosa es investigar qué supone vivir con ese monstruo interior, intentando callarlo todo el día, haciendo fuerza para que no salga y cómo esa frontera interna va deformando el carácter.
¿Un libro como ‘Personaje secundario’ era necesario que fuera creciendo en intensidad a medida que lee el lector?
No sé si era necesario, yo lo que intentaba era montar un arco, una especie de experiencia de lectura en la que se fueran sumando elementos o variaciones a las cuestiones que se estaban abordando. Como si estuvieras desdoblando un papel y fuéramos descubriendo más cosas en su interior. También fue una búsqueda ir haciendo más aire, desespesar un poco la oscuridad de los relatos a medida que se avanzaba.
Sus mujeres descubren el cuerpo en alguno de sus relatos, ¿significa un notable avance en ese concepto de feminidad?
A mí no me gusta la categoría de cuerpo, tampoco la de feminidad. Creo que son construcciones, formas de nombrar cosas que no se pueden definir tan fácilmente. No son mis categorías, yo no lo uso y no pienso a mis personajes como seres disociados en cuerpo, mente y alma. Son personajes. Ojalá haya logrado yo que en su textura reproduzcan algo de lo real, que aparezcan como personas. De todas maneras tampoco creo que ellas estén «descubriendo» el cuerpo o a sí mismas para el caso. Creo que ellas saben quiénes son y hacen con eso lo que pueden y salen a buscar otros cuerpos, a coger fuera de la casa, con otros hombres u otras mujeres porque esa es la fuga, el escape que, en la situación en la que están, se pueden permitir.
¿Qué valor le otorga usted al lenguaje?
No sé, nunca termino de entender o definir qué pienso yo sobre el lenguaje. No sé si entiendo bien o del todo lo que es o lo que puede llegar a hacer. Si puedo decir que mi lengua es mi herramienta, lo que yo uso para abrirme espacio en el mundo. En este caso a través del cuento.
¿El concepto de viaje y al mismo tiempo de regreso resultan fundamentales en su narrativa breve?
No hay viaje sin regreso y no hay regreso real. No se puede volver al lugar que una abandonó. Pero pensando más específicamente en la escritura y en estos cuentos que el viaje y el regreso, la ida y la vuelta, es la estructura narrativa más clásica y más moderna que hay y que de una forma u otra todas estamos usándola todo el tiempo para escribir.
¿Qué supone cierta dosis de humor y de ironía en sus relatos?
Espero que cierto alivio. Un descanso de lo opaco que puede ser la experiencia de estar en el mundo. Que es a menudo, en lo real, lo que también nos hace la vida bastante más soportable. Disfrutar, reír, estar acompañada. Creo que en ese sentido funciona como en la vida.
¿Esas dosis de humorismo conllevan, en cierto modo, una atrevida rebeldía personal?
A mí me gusta pensar que soy una persona graciosa pero me costaba encontrar una forma de hacer eso en lo que escribo y siento que en estos cuentos estoy más cerca de hacer humor, o hacer reír. Eso me gusta. Pero creo que más que nada es un desafío técnico que yo me puse y, en ese sentido, todo lo contrario a la rebeldía. Era algo que yo quería aprender a hacer mejor, profesionalizar.
¿Este mundo que vivimos sigue siendo un lugar donde la mujer se sigue conformando?
Creo que en el mundo las mujeres nos conformamos bastante menos que los hombres. De hecho, creo que son los hombres los conservadores. Nosotras estamos para incendiarlo todo, incluso si como le pasa a mis personajes, a veces no sabemos con qué nos vamos a encontrar del otro lado.
Finalmente, ¿qué significa ganar el IX Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve?
Muchas cosas, todas buenas. Orgullo, alegría. Pero más que nada una especie de confirmación que muy por fuera de mí me viene a decir que no estoy loca.








