El Comercio
Por Inés Barea.
FUENTE: https://www.elcomercio.es/culturas/libros/fernanda-trias-escritora-miembro-fantasma-20260407080504-nt.html
Fernanda Trías, escritora: «En las cosas que no quedan dichas está el disfrute del lector»
La autora uruguaya presenta ‘Miembro fantasma’, su último libro de relatos, este miércoles 8 en Gijón y al día siguiente en Oviedo
Fernanda Trías (Montevideo, Uruguay, 1976) tiene una de las voces más sugerentes del panorama literario actual y la ha dejado inmortalizada en libros como ‘Mugre rosa’, ‘El monte de las furias’ o ‘No soñarás flores’. El más reciente, ‘Miembro fantasma’ (Páginas de espuma), lo presentará este miércoles 8 de abril en Gijón, en la Escuela de Comercio (19.30), y al día siguiente en Oviedo, en la Biblioteca Ramón Pérez de Ayala (19 horas).
–Hace diez años de su último libro de relatos. Los que dan forma a este, ¿abarcan toda la década?
–Sí, son relatos que escribí a lo largo de todos esos años. El más antiguo es de 2016, pero la mayoría los escribí a partir de la pandemia. Y hay uno que es más viejo, porque en realidad necesitó mucha reescritura.
–Entre medias sí que hubo alguna novela. ¿Es diferente el proceso?
–Sí, para mí sí, porque para mí la novela es un trabajo de excavación, es como un trabajo arqueológico en el que voy desenterrando la trama poquito a poco. Por eso también me lleva mucho tiempo. Con el cuento es muy distinto, porque ya tengo un personaje y sé cuál es el conflicto, así que la búsqueda es más de la forma, de cuál es la estructura que le va a convenir a ese relato. Y en ambos casos hay mucho trabajo de pulido. Corrijo mucho, trabajo mucho frase por frase y hasta que no esté conforme con cada frase, no suelto el texto.
–¿Se permite experimentar más con el relato?
–En el relato sí me interesa mucho la experimentación, me parece que es un género muy flexible, que se presta para mucho juego. Y a su vez es muy desafiante, porque tiene unas reglas básicas, pero dentro de esas reglas yo puedo encontrar cómo jugar, cómo moverme y cómo tratar de encontrar una forma que sea sorprendente. Aunque en las dos últimas novelas he hecho también bastante experimentación formal, así que creo que tiene que ver con que llevo unos cuantos años en un período de interés por eso.
–Ha dicho en alguna ocasión que lo que une a estos relatos es el peso de la ausencia. ¿Por qué lo cree?
–Eso ya es una cuestión de obsesiones personales. Yo pude identificar que eso vuelve una y otra vez, que los personajes que a mí me obsesionan y que me asaltan son personajes que están quebrados por el peso de alguna ausencia, que cargan con él. No sé por qué me obsesiona el tema, creo que podría arrastrarlo a temas personales, de mi infancia y demás, pero es algo que sobre lo que he escrito mucho. Incluso desde mi primera novela ya estaba el tema del duelo, de hacer el duelo ante una pérdida o más bien de la imposibilidad de hacerlo.
–También lo atraviesa la idea misma de contar historias.
–Sí, uno de los temas que fue volviéndose central es el tema de la memoria y la memoria tiene mucho que ver con la escritura, con cómo contamos los relatos, es una escritura del pasado. Fue volviéndose coherente ampliar la reflexión sobre la escritura misma, en el sentido de cómo contamos las historias, de cómo nos las contamos a nosotros mismos, pero también cómo contamos las historias sobre el pasado histórico, pues eso también es memoria y también implica un relato. Y es cierto que yo nunca había escrito sobre escritores. Al mismo tiempo que escribía el primer cuento, ‘Personaje en construcción’, donde hablo de un escritor obsesionado con escribir sobre otro escritor y luego otro y otro, hay una capa adicional que obviamente el lector no tiene cómo saberla, pero que yo la sé, y es que yo nunca había escrito sobre otro escritor.
–La ‘Última carta a Claudia’ es una despedida y el relato que cierra el libro. ¿Quería decirle adiós al lector?
–Sí, en el momento de organizar los relatos intenté varios órdenes con distintos argumentos. Empezar con un cuento que tuviera que ver con la construcción de personaje y terminar con un cuento que tuviera que ver con la escritura de una carta de despedida me permitía un arco bastante coherente, que abre y cierra con el tema del artificio de lo que contamos y de cómo se cuenta una historia. Y al mismo tiempo tenía eso que me pareció lindo, que se sintiera como una carta al lector: te cuento una última historia como la narradora le escribe una última historia a Claudia.
–¿Qué es más difícil, decidir qué se cuenta o qué no se cuenta?
–Yo creo que lo difícil es trabajar ese equilibrio. Lo más común es que se cuente demasiado, y lo más común es que lo difícil sea decidir qué dejo afuera. A mí a veces me pasa lo contrario, que tengo que no caer en la tentación de ocultar demasiado. Hemingway, en la teoría del iceberg, dice que lo que le vemos es la punta y que todo eso que queda latiendo por debajo es mucho más. Él, llevando hasta el punto más radical su propia teoría, escribió unos relatos 100 % crípticos, y a mí a veces me pasa que tengo que calibrar para no dejar en el silencio demasiado y que pueda resultar difícil de entender. Lo que pasa es que es muy interesante, porque eso que queda no dicho es el disfrute del lector, son los blancos que el lector llena, son los silencios que rellena con sus propios descubrimientos, y ese ejercicio de llenar es muy disfrutable.
–Estos días lo presenta aquí en Asturias, que es una tierra con mucha tradición oral. ¿Le gusta pensar que sus historias pudieran circular de esa manera?
–Sí, muchísimo, me encanta saber eso de la tradición oral porque a mí también me gusta mucho ese registro. ‘Miembro Fantasma’, el cuento que le da título, es eso, es un monólogo que busca la oralidad y que busca reproducir una manera de hablar específica. Y a mí también me gusta leer en voz alta. Siempre leo en voz alta cuando corrijo, para sentir que el texto tiene su música y tiene su ritmo. Así que sí, la oralidad para mí es importante.








