Por Inés Martín Rodrigo.
FUENTE: https://www.elcorreogallego.es/cultura/
«Lo fundamental de un libro es que tenga vida»
El autor publica el próximo 9 de septiembre «Zeta», un libro de relatos que escribió hace 25 años y que estaba descatalogado.
El Manuel Vilas (Barbastro, 1962) que a principios de la década de los 2000 escribió ‘Zeta’, un libro de relatos entre el punk y el pop ambientados en una ficticia y gótica Zaragoza, ciudad en la que residía entonces, llena de zombis y seres sobrenaturales, y hasta de electrodomésticos a los que les da por hablar, ya no existe. Aquel autor murió, hoy es un «difunto» que nada tiene que ver con el escritor de ‘Ordesa’ (2018), novela con la que Vilas consiguió el éxito, literario y de ventas, pero tampoco con el de ‘Alegría’ (2019), con la que fue finalista del Premio Planeta.
Mientras otros novelistas miran con recelo, por no decir pudor, e incluso vergüenza, sus primeras obras, las de sus años de formación, Vilas ha preferido rescatar de ese olvido tan injusto que a veces es la descatalogación ‘Zeta’ (Páginas de Espuma).
¿Por qué desapareció el Manuel Vilas que escribió ‘Zeta’?
Toda mi literatura está relacionada con cómo vivo yo, la experiencia vital que voy adquiriendo repercute en mi forma de escribir. Entonces, cuando he releído ‘Zeta’, sabía que era yo, pero era como un difunto. En ese sentido, la literatura sigue siendo una cosa maravillosa y prodigiosa, porque al escritor, si repasa su pasado, le permite encontrarse con identidades que ya no tiene.
¿Cómo ha cambiado usted en estos veinticinco últimos años?
Yo creo que hay una humanización importante. La literatura que hice en ‘Zeta’ era de carácter subversivo, muy vanguardista, en el sentido de que quería desmantelar cualquier tipo de normativa narrativa, muy rebelde, muy pop también.
Hay autores que no quieren saber nada de sus primeros libros, incluso preferirían que estuvieran descatalogados, que era el caso de ‘Zeta’, pero usted decide recuperarlo. ¿Por qué?
Porque está vivo, tiene vida. Lo fundamental de un libro es que tenga vida, y yo creo que ‘Zeta’ la tiene, tiene muchas imperfecciones, es un libro de un escritor primerizo, pero lo fundamental lo cumple.
En el libro están Kafka y Lou Reed. ¿Cuál sería el tercer integrante de su ‘santísima trinidad’?
A estas alturas ya no tengo, uno ya no tiene esas pasiones literarias, ocurren mucho cuando tienes 30 o 40 años, pero yo voy a cumplir 64 y me resulta muy difícil afirmar una creencia rotunda, ya no tengo devociones firmes.
Y supongo que no sólo en literatura.
En todo, me he quedado sin devociones firmes, sin religión.
Es un agnóstico.
Sí, soy agnóstico en literatura también. O sea, amo la literatura en su conjunto, pero ya no profeso en ninguna cofradía.
En el prólogo a esta nueva edición de ‘Zeta’ dice que en literatura ya todo está permitido en un sentido ‘dostoievskiano’.
Sí.
Por lo tanto, los escritores deberíamos ser más libres.
En teoría deberíamos serlo, pero no lo somos porque está el mercado, que determina por completo. Nunca había sido tan determinante el mercado como ahora. Es muy difícil sostener la literatura sin que haya una venta. La literatura está metida en un mercado y si un libro no vende lo tiene duro para salir adelante. Lo que pasa es que hay milagros y de repente surgen libros literarios que se venden, pero cada vez son menos y el mercado es muy duro. Y, claro, la literatura requiere un sacrificio del lector, requiere una serie de cuestiones que no están de moda. Entonces, estás abocado a una lucha, puedes tener las mejores críticas del mundo que si no tienes lectores la literatura es invisible.
También sostiene que «cualquier cosa en literatura tiene validez», pero eso dígaselo a los críticos…
Es que estamos en un momento en que la crítica literaria también ha perdido, no la sigue nadie. Hace 30 años, la crítica literaria en España era muy determinante, ahora no.
Pues nos sigue doliendo cuando recibimos una mala crítica.
Sí, nos sigue doliendo, somos conscientes de que no es tan relevante de cara a la validez de un libro, pero nos sigue doliendo, sobre todo cuando ves que hay algo gratuito. Es que hay una sociología del escritor, un crítico te conoce en España por un contexto social. A mí me han traducido a muchos países y la valoración de la misma novela en otro país donde no hay contexto tuyo es totalmente distinta.
¿Por qué?
Porque socialmente allí no te conoce nadie. Eso es divertidísimo. Tú has ganado el Nadal, yo lo he ganado, y el Nadal en España tiene una recepción sociológica, no literaria.
También literaria. Yo creo que eso pasa más con el Planeta.
Muy bien, el Planeta, bueno, los dos. Pero luego el Nadal se traduce al francés, al italiano, a lo que sea, y allí nadie sabe qué es el premio Nadal y la crítica que recibes es absolutamente diferente a la de España. A mí me pasó, me moría de risa.
Lo que está diciendo es que, en España, el crítico no es capaz de separar al autor de su obra.
No es. A mí con el Nadal me pasó, ‘Nosotros’ tuvo una reseña en ‘Le Monde’ fantástica y el crítico de ‘El País’ me puso a caldo. ¿Qué es esto?
El «costumbrismo pop» que desplegó en ‘Zeta’ ya prácticamente ha desaparecido. ¿Cómo ve la actual literatura española?
Es un momento fantástico, sobre todo por la aparición de escritoras.
Bueno, más que aparición, se nos ha empezado a enfocar, pero ya estábamos ahí.
Efectivamente. En estos momentos el panorama es de una riqueza extraordinaria por eso, porque se ha puesto la cámara en un sitio donde antes no se ponía y eso ha hecho que el modelo literario español sea muchísimo más amplio. Ahora es una literatura compleja, enorme, gigantesca, de gran interés, de mucha riqueza también.
Pero usted dice que adjetivos como ·disolvente, personal, ácido, negro, inasumible, inaceptable», que aplica a ‘Zeta’, «deberían de rondar más la literatura actual».
Eso también lo pienso. Una de las cosas maravillosas del espacio literario español son las editoriales independientes, que han hecho que las grandes tengan que darse cuenta de la necesidad de volver otra vez a la literatura. A la literatura no hay manera de matarla.






