El correo Gallego
Por José Miguel Giráldez.
FUENTE: https://www.elcorreogallego.es/opinion/2026/06/09/virginia-woolf-desconocida-131172306.html
Una Virginia Woolf casi desconocida
La Virginia Woolf de ‘Violet’ es una veinteañera casi desconocida para el lector de hoy, aunque, en sus alocadas páginas, pueden detectarse los grandes temas y las grandes osadías que nos depararía su prosa futura. Ah, y también toda esa peculiaridad de su sintaxis, su modernismo, en verdad, inimitable.
Tengo en mis manos la preciosa edición que ha sacado a la luz hace no mucho la editorial Páginas de Espuma, imitando, como explican con detalle, tanto la tipografía (Caslon Antiqua) como el diseño de los libros de entonces, y que, sin la menor duda, logran parecerse a los de Hogarth Press, la editorial de los Woolf, e incluso a aquellas portadas inconfundibles de Vanessa Bell, la hermana de Virginia. Vanessa estuvo a cargo del diseño gráfico de Hogarth, como decimos, pero en realidad hay en esta edición un homenaje decidido a los modos de imprimir y publicar de la época, no sólo a los de la editorial de los Woolf. Y, en particular, a las ilustraciones de A&C Black.
De Virginia Woolf, tan transparente como oscura, creemos saber casi todo. Su biografía, sus emociones, sus contradicciones, sus achaques, sus fantasías, todas esas cosas a un tiempo, surgen una y otra vez entre las líneas de su prosa, como quien deja crecer las flores más extrañas entre los surcos de la sintaxis. Lo doméstico se tiñe a menudo del aire amarillo de lo surreal.
Pero no lo sabemos todo, o no lo sabíamos hasta ahora. La difícil Virginia Stephen construyó su vida compleja en torno a una red de amistades inquebrantables, y muchas de ellas mujeres. La modernidad y la vanguardia de Virginia se dibuja en su prosa innovadora y en su inesperada manera de atrapar las historias y dejarlas discurrir sin freno por el terreno fértil de la imaginación, pero también en sus relaciones personales, en sus círculos más íntimos, que iban de lo familiar a la construcción de los afectos. Las mujeres son los seres humanos preferidos de Woolf, o eso dijo alguna vez, y es aquí donde encontramos a Violet Dickinson, como también, mucho más conocida y con un papel quizás más claro en su biografía, Vita Sackville-West. Nuestra inatrapable Virginia, escurridiza, amiga de quiebros inesperados, se entusiasmó con Violet Dickinson, su amiga gigantesca (algo más de 1.80), soltera y dueña de un cottage, la primera habitación propia que reaparecería después con fuerza simbólica. Mentora, y casi como madre en lugar de su verdadera madre, si me lo permiten (cuidó de la escritora en sus primeras crisis mentales), Violet perteneció al grupo de amistades muy cercanas anterior al traslado de Virginia, y parte de su entorno, como se diría ahora, al por entonces considerado muy bohemio barrio de Bloomsbury. La explosión artística que tuvo lugar en estas calles es, seguro, muy conocida por todos ustedes. Y, si no lo fuera, siempre es tiempo de recomendarles ese gran libro de Leon Edel, ‘Bloomsbury, una guarida de leones’. Una joya.
‘Violet’, ahora hermosamente publicado, como decimos, por Páginas de Espuma, es el resultado de un hallazgo inesperado, llevado a cabo por la profesora Urmila Seshagiri, de la Universidad de Tennessee, en 2018 (la edición inglesa apareció en otoño). Como suele suceder cuando te adentras en un archivo, y este era el de la Longleat House, en Wiltshire, donde nuestra profesora buscaba unas memorias inéditas escritas por Dickinson sobre Virginia, puede que termines encontrando algo que ni siquiera sospechabas.
Los tres cuentos (lejanamente biográficos sobre Violet, divertidos a rabiar) que Seshagiri encontró, habían permanecido ocultos o perdidos, y se sabe que fueron rechazados para su publicación por el propio Leonardo Woolf, marido de Virginia. Fueron escritos como una broma privada, una celebración íntima de la amistad (o del amor) entre las dos mujeres. En realidad, Virginia misma manifestó a Violet su negativa a hacerlos públicos (así lo cuenta, y espero no haberme inventado nada, en su magnífico prólogo a esta edición, Patricia Díaz Pereda). Lo cierto es que estas historias llegan tanto tiempo después como un soplo cargado de frescura, mostrándonos la Virginia que aún no había triunfado como escritura. Aquí, ante nosotros, aparece ahora esta Virginia Woolf antes de la gran madurez de ‘Orlando’. Antes, en realidad, de casi todo. Poniendo de manifiesto su pasión por la comedia, porque, poco antes, en 1905, ya había publicado ‘El valor de la risa’, entre sus contribuciones a The Guardian.
El descubrimiento de estas burlescas, un tanto oníricas y simbólicas historias de Woolf sobre Violet Dickinson, ha levantado tal interés que otra editorial, Lumen, ha dado a la imprenta una nueva traducción, apenas unos días después de esta que reseñamos aquí. La edición de Páginas, sólo con el tacto, y con las ‘plates’ de Andrea Reyes, te devuelve de un plumazo a la rara magia de aquellos días, y a la increíble influencia que la ‘giganta’ Violet ejerció sobre la que sería una de las más grandes autoras del Modernismo literario.








