El País
Por Elías Camhaji.
FUENTE: https://elpais.com/internacional/2026-03-24/las-vidas-que-la-dictadura-argentina-arrojo-a-espana-soy-hijo-del-exilio.html
Las vidas que la dictadura argentina arrojó a España: “Soy hijo del exilio”
El golpe de Estado de 1976 en Argentina obligó al éxodo de miles de personas. Quienes lo vivieron cuentan su historia 50 años después
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Aunque la última dictadura militar acabó en 1983, su huella es permanente. “El exilio es como la muerte de tus padres, no se acaba nunca”, explica la escritora Clara Obligado, que acaba de publicar junto al ilustrador Agustín Comotto Exilio (Páginas de Espuma, 2026), un libro que trata temas como el impacto para quienes se fueron y quienes se quedaron o la culpa de los supervivientes. “Uno dice: ‘Bueno, a mí no me mataron, a mí no me torturaron, a mí no me llevaron presa”, explica la autora de 75 años, que dejó el país el 5 de diciembre de 1976. Un día después, los militares fueron a buscarla a su casa. No sabe qué hubiera pasado si se quedaba 24 horas más. Esa duda permanente, todos los “qué hubiera pasado sí”, es también parte de la columna vertebral de su última obra.
“No sé qué me trajo aquí, el viento quizás”, reflexiona en el estudio de su casa en Madrid. “Creo que estaba agotada, que no era capaz de pensar, verdaderamente hice lo que buenamente pude y aquí me quedé”. Obligado se asume como parte de una “generación borrada” que llegó a una España en transición, apenas unos meses después de la muerte de Franco, en noviembre de 1975.
“Era un país que se estaba despertando”, resume Caparrós, nieto e hijo de exiliados de la Guerra Civil que tuvieron que volver a su tierra después de décadas en Argentina. Salieron de una España gris y regresaron a una sociedad que fue conquistando derechos y libertades después de 40 años de dictadura. Fue un proceso lento y difícil, recuerdan los entrevistados. “Y al mismo tiempo había un aire de cambio que era arrasador”, complementa Obligado.
“El exilio es ese encaje tan complejo entre una persona que está completamente fuera de su entorno, a la que la arrancaron de un lugar, y quienes lo reciben”, cuenta Comotto, que llegó con ocho años a Madrid. El ilustrador de 58 años recuerda lo difíciles que fueron esos primeros días, la llegada paulatina de oleadas de otros latinoamericanos que huían de la represión (como los chilenos o los nicaragüenses) y la solidaridad que permitió a sus padres salir a flote.
También rememora la avalancha de acontecimientos que han dado forma a España, como la matanza de Atocha en 1977, las primeras víctimas de la epidemia de heroína que arrasó con toda una generación en los ochenta o el intento de golpe del 23-F en 1981. “Fue más duro de lo que se recuerda”, asegura. “Pero España nos acogió ante la tragedia que estaba pasando en Sudamérica”. A cambio, perdura el legado de artistas, juristas, gente de letras, músicos, psicólogos, intelectuales, deportistas, arquitectos, dentistas, empresarios, maestros, profesionales consagrados, jóvenes que se abrieron camino y niños que crecieron para convertirse en padres y abuelos.
“Una historia son todas las historias”, escribe Obligado en su último libro. A partir del éxodo, esas historias divergen. “Si tomas el exilio como un castigo, estás perdido. Si lo tomas como un nuevo desafío y como algo permanente tienes abierta la esperanza”, opina Rotenberg, que atesora los años que pasó en España. Comotto, en cambio, se resiste a romantizar el pasado —“fue una mierda”—, aunque años después de regresar a Argentina volvió a cruzar el Atlántico y encontró razones para seguir adelante y una nueva vida en Barcelona, donde vive hace 27 años.
Tras varias idas y venidas, Caparrós volvió a España en 2013, después de pasar 25 años en Argentina y empujado por razones completamente ajenas al exilio, como la necesidad de renovarse y cierta dosis de azar. “Quería un cambio de aires y ver el mundo, salir de mi aldea”, explica el escritor, que no se identifica como un exiliado. “No es un nombre que sintiera propio”, según ha escrito.
Obligado, a su vez, regresó por un tiempo, arrastrada por la nostalgia, pero acabó por convencerse de que el país del que se había ido ya no existía. “Puedes decidir vivir en Argentina, pero eso no es volver”, explica la autora, que tomó por etapas la decisión de quedarse en España, donde trabaja y ha formado su familia.
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