Por Victoria M. Niño.
FUENTE: https://www.elnortedecastilla.es/culturas/libros/mexico-asocia-indigena-pobreza-volvio-monolingue-20260506180449-nt.html
«En México se asocia lo indígena con la pobreza, por eso se volvió monolingüe»
La mexicana gira hacia el ensayo biográfico en ‘Leche de silencio’, una reflexión sobre las lenguas minoritarias y sus sociedades
La fuente es su madre. El destinatario, su hijo. En medio, una lengua indígena de la que fue excluida. Socorro Venegas (San Luis Potosí, México, 1972) descubrió a los nueve años que Elia, su progenitora, hablaba un idioma que ella no conocía, que le había sido hurtado porque su futuro sería mejor en español. Ahora aquella mujer enseña palabras a su nieto y la escritora, el eslabón intermedio, ha intentado entender a través del ensayo biográfico ‘Leche de silencio’ (Páginas de Espuma).
El título apela a «la leche materna y cómo se vehiculan ciertos silencios. El libro quiere romper ese silencio de la lengua indígena, de las mujeres confinadas y lo que heredan sus hijas», explica Socorro, cuya indagación parte de su madre a la que propuso una larga conversación grabada. «Quería ver si recordamos de la misma manera, si lo que escuché de niña fue así. Ella aceptó con generosidad la propuesta que nos permitiría vernos más ya que vivimos en sitios diferentes. Se abrió con franqueza y honestidad. Es una mujer que, pese a la difícil vida que le tocó, nunca se amargó, no se volvió de piedra, es compasiva y sensible. Como madre, es otra historia», afirma la cuentista. Por las páginas de ‘Leche de silencio’ transitan un padre ausente, la enfermedad del hermano menor, los cuidados de una tía sordomuda. «Mi madre tuvo que lidiar con un marido alcohólico. Vivió en profunda soledad los cuidados y la muerte de mi hermano pequeño. Lamento que estuviera tan sola y desvalida».
Anne Sexton, Annie Ernaux, Louise Glück, son algunas de las autoras que se cuelan en su texto, que marcan el tono y la hondura. Venegas, como ellas, indaga en la relación materno-filial, en el peso de la familia y añade la cuestión lingüística. «Hasta los nueve años no lo supe. Cuando la vi hablar con mi abuela en una lengua que yo no conocía se volvió a mis ojos una extraña que tenía que conocer. Se supone que sabes todo de tus padres, que te pertenecen y viceversa. Me di cuenta de que ella tenía una vida anterior, secreta para mí, fue reconocer la necesidad de comprender. Ahí está el origen del libro».
Socorro se sintió desterrada de ese mundo que su madre compartía con su abuela. «Me llevó a preguntarme ¿Cómo pudo mi abuela vivir con un marido desaparecido? México vive el agravio de miles de desaparecidos. Mi abuela nunca investigó, ni solicitó ayuda. Creo que, en el fondo, tenía miedo a saber lo que ocurrió porque pensaba que era algo muy malo. Así que no saben dónde llorar, sin certeza del cuerpo, no saber dónde está el ser querido». Vivían en otra lengua, con otro código. Para Venegas «la lengua lo es todo. Nos da nuestra cosmovisión, la manera de dirigirte a los astros, a los otros, la forma de arrullar a un niño, en cómo hablas a la tierra. La lengua condiciona todo, está molecularmente en ‘Leche materna’, constituye a las personas».
De 500 a 68 lenguas
Por eso lamenta que se cercenen. «Cuando ocurrió la conquista se empobreció el mundo, mas allá de la violencia que supone ese periodo histórico. Había 500 lenguas en México, hoy quedan 68 vivas gracias a la resistencia individual. Es una suerte de resistencia pacífica, en secreto, grupos seculares contra el poder, aunque más que contra algo se trabaja a favor de la lengua materna, de no perder esa herencia cultural. Por eso han sobrevivido. Mi mamá, sin aspavientos, mantiene su lengua».
Constata que «en México se asocia lo indígena y las lenguas minoritarias con la pobreza, con menos oportunidades» y considera que «habría que hacer posible la convivencia entre lenguas. Son igual de importantes que la lengua hegemónica. No se puede hacer una categorización de lenguas porque eso lo acabamos trasladando a las personas y dar más valor a una que a otra es un mecanismo de racismo».
Su caso personal, la única que no hablaba la lengua de su familia porque habían decidido que era mejor para ella, es el resultado de una decisión política. «El poder es monolingüe. México para mostrar unidad y ser un país del primer mundo tenía que ser monolingüe. Así que se dejan de reconocer otras lenguas y se opta por el exterminio. A una niña como era yo se me arrancó la lengua materna porque la política educativa la prohibe. Se censura y castiga a los niños si hablan en la escuela la misma lengua que en su casa. Los profesores son obligados a imponer una lengua y también son castigados cuando, para hacerse entender por sus alumnos, aprenden la lengua que dominan todos esos niños».
Si se le pregunta por las exigencias del Gobierno de su país para que España pida perdón por la conquista, Venegas expresa su interés por medidas que miren al futuro. «Ese camino está empezando, hay cierto reconocimiento de la violencia en el proceso de conquista. Pero son más importantes las conversaciones vitales y humanistas. En México hay 68 lenguas indígenas, más que en cualquier otro país de América Latina. Hay un compromiso para preservarlas. Hace poco hablé con el embajador español en México, Juan Duarte. Me explicó el sistema de ikastolas para recuperar el euskera. ¿Por qué no se implanta en mi país esa estrategia?», se pregunta aludiendo a la advertencia de la UNESCO sobre el descenso diario de la riqueza lingüística y que «en cien años se pueden perder el 90% de las lenguas».






