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Por Victoria M. Niño.
FUENTE: https://www.elnortedecastilla.es/culturas/libros/hipervigilancia-perder-sentido-observada-tension-estructura-20260617202810-nt.html
«La hipervigilancia, no perder el sentido de ser observada, esa tensión está en nuestra estructura»
La ganadora del último Premio Ribera del Duero presenta este viernes ‘Personaje secundario’ en Oletvm
Está de gira con un libro de relatos, aunque no se reconoce escritora de cuentos. Aquella reunión circunstancial de historias –finalizaba su beca en Iowa y con ella otros proyectos de largo aliento– terminó por decidir a Sofía Balbuena (Salto, Argentina, 1984) y envió ‘Personaje secundario’ al Premio Ribera del Duero. Con esos cinco lados de un mismo universo, el de las cabezas desatadas de sus protagonistas, ganó la novena edición del galardón Este viernes presenta la obra en la librería Oletvm (19:00h.)
Maternidad, sexualidad, trabajo, extrañeza, trabajos, relaciones, ciudades, se suceden en unos cuentos de personajes en los que el paisaje, «la atmósfera», prefiere Balbuena funciona como otro más. «En el segundo cuento, ‘Avenida Rivadavia’, Buenos Aires es un personaje más. En otros funciona de forma parecida, el espacio es una fuerza que opera sobre lo que ocurre, como la humedad. Son atmósferas cargadas», explica.
Los distintos lugares provocan un español diferente de la escritora que confiesa «no saber cómo hablo yo». Porque Balbuena nació en Salto y vivió en Buenos Aires, Estados Unidos, Barcelona, ahora en Madrid. «Contrariamente a lo que se puede pensar, el habla de cada sitio me ha ido perforando mi manera de expresarme, de decir y escribir. Hay cosas que se me meten y no sé de donde vienen. Es como si entrara en un personaje y hay que hablar como él, entonces retiro ciertas cosas que son mías y no propias de él. Intenté diferenciar los cuentos con variaciones de legua también, ofrecer otras cosas, cambiar el telón de fondo. Tengo la capacidad de hablar o escribir con el acento chileno, el venezolano, el argentino o neutralizar mi español, todo es preparación literaria».
Las mujeres que protagonizan los cinco cuentos tienen en común «no tanto el género como la secundariedad. Son mujeres en función de un hombre en el caso heterosexual, pero también en la pareja homosexual hay una que vive en función de l otra. Son personajes que orbitan según otro, que no se pueden poner en el centro de su vida o que no les conviene, tienen esa incapacidad. Les va mejor, llegan más rápido a lo que quieren como auxiliares de otro. Es una voluntad la de ponerse de costado. Contra lo que uno puede pensar, ahí está su astucia, no son pasivas, juegan las cartas que tienen, aunque no son las mejores, pero con ellas ven lo que pueden hacer y, a menudo, logran más o menos jugar. Ese es margen donde pueden hacer algo, un margen limitado, y tiene que ver con la estructura, con las obligaciones que nos ponemos, las dificultades económicas, la casa y el trabajo que queremos y nunca llega. Pero eso no nos pasa exclusivamente a las mujeres», apunta la narradora argentina. Lo que sí parece más propio de esta mitad de la población es el discurso interior que ella entrega a la tercera persona, como un psicoanalista. «Esa tercera persona me permitía observarlas con cierta distancia, incluso en su propia cabeza. Todas ellas tienen un alto nivel de autoanálisis, de hipervigilancia y trasladan su tensión al lector. Perseguía registrar esos niveles de tensión con los que vivimos y para los que no encontramos alivio. Porque se nos permite perder los papeles cuando pasan cosas terribles pero la mayor parte del tiempo ocurren pequeñas tragedias y ahí no se nos permite perder los estribos. Nuestra hipervigilancia autoinfligida tiene que ver con los acuerdos sociales, con demostrar todo el tiempo que no se está loca, que nunca se pierde el sentido de ser observada. Esa tensión está en nuestra estructura».
En cada presentación contrasta con los lectores distintas visiones. «Me parece lo más interesante del asunto, encontrarte con lectores que entienden las cosas de otra manera. Está bueno cuando siento que no estamos de acuerdo porque un libro no te soluciona nada ni debe decirte cómo pensar. Eso es vigorizante».
No se aferra a sus libros, «cuando termino está muy claro para mí, es una sensación». Ahora piensa en sus personajes, habla de esas mujeres «pero no tengo problema en soltarlas». Sigue escribiendo pero aún no sabe qué, «la forma vendrá en función de lo que me parezca importante».






