Abril - El Periódico
Por Inés Martín Rodrigo.
FUENTE: https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/libros/20260829/manuel-vilas-entrevista-ines-martin-rodrigo-132764499
Manuel Vilas, escritor: «Me he quedado sin devociones firmes»
El autor, que el 9 de septiembre publica ‘Zeta’, un libro de relatos que escribió hace 25 años y estaba descatalogado, concede al suplemento ‘ABRIL’ una extensa entrevista en la que no evita ni obvia ninguno de los temas más urgentes de la literatura que ahora se hace en España
El Manuel Vilas (Barbastro, 1962) que a principios de la década de los 2000 escribió ‘Zeta’, un libro de relatos entre el punk y el pop ambientados en una ficticia y gótica Zaragoza, ciudad en la que residía entonces, llena de zombis y seres sobrenaturales, y hasta de electrodomésticos a los que les da por hablar, ya no existe.
Aquel autor murió, hoy es un «difunto» que nada tiene que ver con el escritor de ‘Ordesa’ (2018), novela con la que Vilas consiguió el éxito, literario y de ventas, pero tampoco con el de ‘Alegría’ (2019), con la que fue finalista del Premio Planeta, el de ‘Nosotros’ (2023), con la que ganó el Nadal, o el de ‘Islandia’, su último libro, donde se atreve a relatar un fracaso sentimental partiendo del suyo propio.
Mientras otros novelistas miran con recelo, por no decir pudor, e incluso vergüenza, sus primeras obras, las de sus años de formación, Vilas ha preferido rescatar de ese olvido tan injusto que a veces es la descatalogación ‘Zeta’ (Páginas de Espuma). Y lo ha hecho porque es un libro que, aun con sus «imperfecciones», «está vivo».
Es lo que defiende el escritor durante una larga conversación con el suplemento ‘ABRIL’ en la que no evita ni obvia ninguno de los temas más urgentes de la literatura que ahora se hace en España. Su diagnóstico es que vivimos un momento de una «riqueza extraordinaria» pese a la «moralidad estrecha que sigue vigente» y saca tarjetas, amarillas o rojas, y no deja «que la gente escriba lo que le dé la gana». Palabra de Vilas.
¿Por qué desapareció el Manuel Vilas que escribió ‘Zeta’?
Toda mi literatura está relacionada con cómo vivo yo, la experiencia vital que voy adquiriendo repercute en mi forma de escribir. Entonces, cuando he releído ‘Zeta’, sabía que era yo, pero era como un difunto. En ese sentido, la literatura sigue siendo una cosa maravillosa y prodigiosa, porque al escritor, si repasa su pasado, le permite encontrarse con identidades que ya no tiene.
¿Cómo ha cambiado usted en estos veinticinco últimos años?
Yo creo que hay una humanización importante. La literatura que hice en ‘Zeta’ era de carácter subversivo, muy vanguardista, en el sentido de que quería desmantelar cualquier tipo de normativa narrativa, muy rebelde, muy pop también.
Hay autores que no quieren saber nada de sus primeros libros, incluso preferirían que estuvieran descatalogados, que era el caso de ‘Zeta’, pero usted decide recuperarlo. ¿Por qué?
Porque está vivo, tiene vida. Lo fundamental de un libro es que tenga vida, y yo creo que ‘Zeta’ la tiene, tiene muchas imperfecciones, es un libro de un escritor primerizo, pero lo fundamental lo cumple.
En el libro están Kafka y Lou Reed. ¿Cuál sería el tercer integrante de su ‘santísima trinidad’?
A estas alturas ya no tengo, uno ya no tiene esas pasiones literarias, ocurren mucho cuando tienes 30 o 40 años, pero yo voy a cumplir 64 y me resulta muy difícil afirmar una creencia rotunda, ya no tengo devociones firmes.
Y supongo que no sólo en literatura.
En todo, me he quedado sin devociones firmes, sin religión.
Es un agnóstico.
Sí, soy agnóstico en literatura también. O sea, amo la literatura en su conjunto, pero ya no profeso en ninguna cofradía.
Los escritores deberíamos ser libres, pero no lo somos porque está el mercado, que determina por completo, nunca había sido tan determinante como ahora
En el prólogo a esta nueva edición de ‘Zeta’ dice que en literatura ya todo está permitido en un sentido ‘dostoievskiano’.
Sí.
Por lo tanto, los escritores deberíamos ser más libres.
En teoría deberíamos serlo, pero no lo somos porque está el mercado, que determina por completo. Nunca había sido tan determinante el mercado como ahora. Es muy difícil sostener la literatura sin que haya una venta. La literatura está metida en un mercado y si un libro no vende lo tiene duro para salir adelante. Lo que pasa es que hay milagros y de repente surgen libros literarios que se venden, pero cada vez son menos y el mercado es muy duro. Y, claro, la literatura requiere un sacrificio del lector, requiere una serie de cuestiones que no están de moda. Entonces, estás abocado a una lucha, puedes tener las mejores críticas del mundo que si no tienes lectores la literatura es invisible.
También sostiene que «cualquier cosa en literatura tiene validez», pero eso dígaselo a los críticos…
Es que estamos en un momento en que la crítica literaria también ha perdido, no la sigue nadie. Hace 30 años, la crítica literaria en España era muy determinante, ahora no.
Pues nos sigue doliendo cuando recibimos una mala crítica.
Sí, nos sigue doliendo, somos conscientes de que no es tan relevante de cara a la validez de un libro, pero nos sigue doliendo, sobre todo cuando ves que hay algo gratuito. Es que hay una sociología del escritor, un crítico te conoce en España por un contexto social. A mí me han traducido a muchos países y la valoración de la misma novela en otro país donde no hay contexto tuyo es totalmente distinta.
¿Por qué?
Porque socialmente allí no te conoce nadie. Eso es divertidísimo. Tú has ganado el Nadal, yo lo he ganado, y el Nadal en España tiene una recepción sociológica, no literaria.
También literaria. Yo creo que eso pasa más con el Planeta.
Muy bien, el Planeta, bueno, los dos. Pero luego el Nadal se traduce al francés, al italiano, a lo que sea, y allí nadie sabe qué es el premio Nadal y la crítica que recibes es absolutamente diferente a la de España. A mí me pasó, me moría de risa.
Lo que está diciendo es que, en España, el crítico no es capaz de separar al autor de su obra.
No es. A mí con el Nadal me pasó, ‘Nosotros’ tuvo una reseña en ‘Le Monde’ fantástica y el crítico de ‘El País’ me puso a caldo. ¿Qué es esto?
El «costumbrismo pop» que desplegó en ‘Zeta’ ya prácticamente ha desaparecido. ¿Cómo ve la actual literatura española?
Es un momento fantástico, sobre todo por la aparición de escritoras.
Bueno, más que aparición, se nos ha empezado a enfocar, pero ya estábamos ahí.
Efectivamente. En estos momentos el panorama es de una riqueza extraordinaria por eso, porque se ha puesto la cámara en un sitio donde antes no se ponía y eso ha hecho que el modelo literario español sea muchísimo más amplio. Ahora es una literatura compleja, enorme, gigantesca, de gran interés, de mucha riqueza también.
Pero usted dice que adjetivos como ·disolvente, personal, ácido, negro, inasumible, inaceptable», que aplica a ‘Zeta’, «deberían de rondar más la literatura actual».
Eso también lo pienso. Una de las cosas maravillosas del espacio literario español son las editoriales independientes, que han hecho que las grandes tengan que darse cuenta de la necesidad de volver otra vez a la literatura. A la literatura no hay manera de matarla.
Y mira que se ha intentado, eh.
Pero no hay manera porque reaparece por donde menos te lo esperas. Sin propuestas minoritarias, la literatura se moriría, si no hay propuestas inaceptables, la literatura no avanza.
Pues el mercado las acepta poco.
Poquísimo, hasta que llega un libro de repente con una propuesta inaceptable que vende. A partir de ahí los editores empiezan a contratar libros inaceptables.
Una de las cosas maravillosas del espacio literario español son las editoriales independientes, que han hecho que las grandes tengan que darse cuenta de la necesidad de volver otra vez a la literatura
En el prólogo también dice que en su momento ‘Zeta’ «no fue leído ni entendido por muchas razones, ninguna de las cuales tuvo que ver con la literatura». ¿Qué ocurre cuando eso sucede?
Bueno, ahí se queda el libro, pero no se muere, de repente vuelve a reaparecer, como ahora, y el escritor sigue escribiendo.
Pese a todo.
A ver, esta profesión es perseverancia pura, aquí aguantar es lo fundamental. Yo publiqué ‘Zeta’, no tuvo ninguna repercusión de ninguna clase, pero seguí escribiendo.
En ‘Zeta’ hay mucho humor. ¿Ahora qué pesa más en usted, el humor o el amor?
El amor, ahora el amor. Desde el punto de vista moral, yo estoy lejos de ese libro, para mí ahora es un libro muy inhumano, muy deshumanizado. El ciudadano que te habla ahora está en los valores maravillosos del amor, de la fraternidad.
Ese ciudadano sostiene que todos hacemos literatura burguesa. Yo no sé si estoy de acuerdo, pero quiero que me lo explique.
No, eso es una exageración. Pero es verdad que pudiera existir una literatura que no siguiese un modelo de aceptación burgués, de aceptación social, una literatura absolutamente disolvente que no tuviera en cuenta ninguna ningún valor. Yo lo intenté en ‘Zeta’. Creo que en algún momento todo escritor puede intentar hacer eso. Luego finalmente tiene que plegarse a una estructura sociológica razonable en sus novelas para que sea entendido.
«No hay certezas en la historia de la literatura, como tampoco las hay en la vida», afirma. Pero tengo que rebatirle eso, al menos hay una certeza en la vida, y es la muerte.
Sí, eso es cierto.
Escribimos contra la muerte.
Totalmente. Yo creo que los escritores, conforme van haciéndose mayores, la idea de ponerse delante del ordenador es la idea de afirmar la vida. Si no te pones a escribir todos los días es como si no estuvieras vivo. Hemingway se mata cuando ya no puede escribir. Si a un escritor le quitas la escritura lo matas, es su forma de vivir. La peor putada que le puede pasar a un escritor es que no pueda seguir escribiendo.
La gran pregunta es qué demonios hacemos aquí y qué es la vida. Esta pregunta compete a la gran literatura. Otra cosa es que nos hayamos dedicado todos al entretenimiento. Pero la literatura tiene la responsabilidad histórica de acercarse a esa gran pregunta
Los narradores de ‘Zeta’ viven obsesionados con la finalidad de su vida. ¿Escribe para averiguarlo?
La gran pregunta, que no puede ser evitada, está en la literatura y en la tradición occidental y en la filosofía, es qué demonios hacemos aquí y qué es la vida. Esta pregunta compete a la gran literatura y compete a la gran filosofía. Otra cosa es que nos hayamos dedicado todos al entretenimiento. El entretenimiento es maravilloso. ¿Y de qué nos estamos entreteniendo? De la gran pregunta. Pero la literatura tiene la responsabilidad histórica de acercarse a esa gran pregunta.
«Muchas veces quisieron embarrar la descomunal conexión de mis libros con la vida», afirma en el prólogo. ¿A qué se refiere?
Yo creo que primero es la vida, o sea, aquí, en este negocio, lo fundamental es la vida.
Se refiere al negocio literario.
Sí. La vida es lo que nos asombra y nos deslumbra y la literatura es la sirviente, sirve a la vida. La vida nos encoge el corazón, es enorme, es gigantesca, y para verla inventamos cosas y uno de los grandes inventos es la literatura. También la filosofía, pero bueno, nosotros somos escritores, entonces, la literatura sirve a la vida. No me gusta un modelo en donde la literatura sea más importante que la vida.
Un arte supremo, ¿no?
Exacto. El arte por el arte, no. Yo creo que la literatura sirve a la vida, no la vida la literatura. Por eso, y en ese sentido, todo lo que tenga vida en un libro ya está bien, porque ha servido a la vida.
A Knausgård nadie le ha sacado tarjeta roja por contar su vida. Aquí sí que te la sacan. Es un problema moral, no tiene nada que ver con la literatura, es conservadurismo moral
¿Y por qué se entiende tan mal que un escritor emplee su propia vida como material narrativo?
Es este país, es un problema de este país.
¿Pero por qué?
Porque este país es así, no sé qué le pasa a este país. Yo creo que es una especie de mala leche residual, no lo sé.
Sin embargo, muchos escritores en España estamos utilizando materiales autobiográficos para construir novelas.
Como lo están haciendo en todos los países, en Francia, en Estados Unidos. A Knausgård nadie le ha sacado tarjeta amarilla o tarjeta roja por contar su vida. Aquí sí que te la sacan. No lo entiendo. Probablemente tiene que ver con una tradición moral judeocristiana, seguro que está ahí el problema de evitar la exposición de tu vida, como si no vivieras. Lo que a mí me cabrea es que no te dejen decir lo que te da la gana, que te saquen tarjeta roja, eso me jode, porque es conservadurismo moral. Deja que la gente escriba lo que le dé la gana. Es un problema moral, no literario, no tiene nada que ver con la literatura, es un problema de una moralidad estrecha que sigue vigente y sigue vigente en gente joven. Me parece increíble que gente de 30 y tantos años sea moralmente más estrecha que la gente de mi generación, y no tiene que ver con la literatura, tiene que ver con sus posiciones morales, con su manera de ver el mundo, que es una manera muy muy reaccionaria.








