Actualidad

Escaparate. Pedagogía de la modernidad en La Razón

La Razón

Por Pedro Alberto Cruz.

FUENTE: https://www.larazon.es/autores/pacruzsanchez/

Escaparates: ventanas de la modernidad

Iñaki Gómez Álvarez reflexiona sobre cómo desde estos pequeños escenarios se puede comprender la sociedad actual.

 

La editorial Páginas de Espuma acaba de publicar el texto ganador del XVII Premio Málaga de Ensayo: «Escaparate.Pedagogía de la modernidad», de Iñaki Gómez Álvarez. Estos tres conceptos fundamentales que se relacionan en el título -«escaparate», «modemidad» y«pedagogía»-trazan un sugerente marco desde el que redefinir el papel jugado por esas grandes ventanas a la calle que son los escaparates de los comercios. La investigación desarrollada por Gómez Álvarez abandona las consideraciones «en abstracto» para centrarse en un caso de estudio específico: la ciudad de Chicago como epítome de la educación estética desempeñada por los escaparates durante la modernidad, en lo que supuso una ruptura -de consecuencias imprevistas- del proyecto pedagógico ilustrado. En efecto, la tesis fundamental que urde Gómez Álvarez a través de los capítulos de este libro es el de un desplazamiento decisivo delproyecto pedagógico ilustrado desde el museo y la escuela hasta la calle y el escaparate. Son los escaparates los que, con el establecimiento de la sociedad de consumo, terminan por asumir la educación visual de las masas. Lo interesante de dicho «desplazamiento» es que el concepto de «pedagogía» experimenta una alteración tan inesperada como problemática: aquello que estas ventanas a la calle inculcan a la ciudadanía no son virtudes cívicas ni una conciencia de emancipación cultural, sino aspiraciones, deseos, estilo de vida y pulsión de consumo. Es este el motivo por el que el sentido que Gómez Álvarez otorga a la noción de pedagogía resulta cuanto menos ambigua: más que una ética, lo que el escaparate transmite al viandante es una «pedagogía del consumo» que, en definitiva, evidencia la absorción que el capitalismo operó de la estética ilustrada.

Dewey, un gran acierto

Uno délos grandes aciertos de «Escaparate. Pedagogía de la modernidad» es la interpretación del rol jugado por el escaparate como educador estético a partir de pensadores reformadores como Jane Adams o John Dewey. El protagonismo que, en concreto, se otorga a este último en el dispositivo discursivo es especialmente gratificante, en la medida en que el autor de «Art as Experience» -durante años, elpensadornorteamericano más influyente- fue decayendo en las preferencias de la filosofía con-temporáneaporelempujede«giro lingüístico» y de la filosofía analítica, enEstadosUnidos,y de la fenomenología y del estructuralismo, en Europa. La presencia nuclear de Dewey en un ensayo sobre lospro-cesos de formación estética articulados a través de los escaparates se justifica por dos de sus posiciones más insobornables: el abandono del mundo elitista de los museos; y la renuncia expresa a la tesis kantiana de que la experiencia estética se halla intrínsecamente ligada a la función contemplativa del espectador. En el primer caso -que explicaría el desplazamiento de la experiencia estética desde el museo hacia el escaparate-, Dewey defiende que, cuando los objetos artísticossonseparadosdelascon-diciones experienciales que se localizan ensuorigenyresultado, un muro es construido que separa al arte de su atmósfera social. A través del segundo de estos enfoques, el filósofo norteamericano rescata al espectador de su secular función pasiva para convertirlo en participante activo -y, por ende, en sujeto- de la experiencia estética. Ahora bien, esta doble condición de pertinencia de la figura de Dewey en la tesis construida por Gómez Álvarez encuentra un nudo de conflicto en otra de las ideas que permearon el pensamiento de Dewey: su rechazo de los museos obedecía, ante todo, a la transformación de la obra de arte en -producto- y, en consecuencia, en un objeto sometido a las leyes del capitalismo. Desde este punto de vista, el desplazamiento de la experiencia estética desde el museo al escaparate no supondría una liberación de la naturaleza mer-cantilizada del arte, sino, antes bien, su lógica prolongación.

Del escaparate a la pantalla

Como oportunamente observa Iñaki Gómez Álvarez en las páginas finales del libro, los escaparates han perdido su función privilegiada como educadores estéticos. Los niños -eje vector, de raíz bau-delaireana, que guía el paseo por las arterias de Chicago- ya no miran escaparates, sino pantallas -las de sus smartphones-. La «ventana fija» de un escaparate se rige por un régimen temporal demasiado lento y anacrónico que no puede competir con la seducción espas-módica de los vídeos de TikTok o los reels de Instagram. Es cierto, no obstante, que existe algo en el escaparate que prefiguraba la auto-rrepresentación compulsiva de los usuarios de redes sociales: quien se detenía -y todavía sucede así-delante del cristal límpido de un escaparate, veía su propia imagen reflejada en él. De un lado, obtenía la satisfacción de que su cuerpo fuera integrado en el objeto de deseo; aunque, de otro, este mismo cristal funcionaba como una barrera infranqueable que mantenía la imagen del espectador a distancia del artículo apetecido, en un plano superficial que solo acuciaba el deseo. En la era global, el escaparate ha perdido profundidad para aplanarse en forma de pantalla. Yallí donde solo hay superficie, los deseos se colman antes -aun-que solo sea mediante «efectos placebos»-.

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