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Exilio en ABC y entrevista a Clara Obligado

ABC

Por Karina Sainz Borgo

FUENTE: https://www.abc.es/cultura/cultural/clara-obligado-argentina-debo-palabras-pais-debo-20260313130600-nt.html

«Como argentina, le debo estas palabras a mi país. También a España, para que no sea tan narcisista»

La creadora del primer taller de escritura creativa en Madrid y autora de las novelas ‘La hija de Marx’ y de los relatos Tres formas de decir adiós’ o ‘El libro de los viajes equivocados’ presenta ‘Exilio’, publicado por Páginas de Espuma

Esta historia ocurre tantas veces como vidas enuncia su narradora, una chica que llega a España el 5 de diciembre de 1976. Ella tiene 26 años y mucho frío. En Madrid ya es pleno invierno, pero ella solo tiene ropa de verano. Ha tenido que huir de su país, Argentina, donde un golpe cívico militar acababa de derrocar el gobierno de Isabel Perón. Esta es la historia que Clara Obligado cuenta en ‘Exilio’ (Páginas de Espuma), la suya y la de miles de ciudadanos argentinos exilados, asesinados o desaparecidos por el régimen militar de Jorge Videla.

Se han cumplido cincuenta años de aquel golpe, los mismos que han transcurrido desde Clara Obligado dejó su país y llegó a España. Ha tocado el momento para ella de desplegar un relato donde fantasmas, sobrevivientes y olvidados recuperen la voz y se conviertan en protagonistas. Ilustradas por Agustín Comotto, estas historias encarnan el desgarro y la intemperie absoluta.

—«Los atributos del que huye son el silencio y el dolor. También el miedo», escribe. ¿Cuáles son los del que no regresa?

—Eso supondría otro libro. Lo escribí. Se tituló ‘Una casa lejos de casa’, sobre lo que significa quedarse. Este año se cumplen 50 años de la dictadura y a mí me pareció que había que contar el exilio tal cual fue.
—Cuando llega a España, en 1975, ni siquiera existía una ley de refugiados, dice.

—No había nada ni entendían nada. El caso de los argentinos era muy caótico. Perón era amigo de Franco, pero para nosotros era un personaje de izquierda. Todo era confuso. Llegamos sin ningún tipo de apoyo. La verdad es que ninguno.

—El exilio no atenúa los prejuicios ni la xenofobia. Ser migrante tampoco.

—Son situaciones distintas. No estamos compitiendo sobre quién lo pasó peor. Cada situación de emigración, traslado o exilio debe ser nombrada como corresponde. Nos ayuda a pensar.

—Define la palabra «insilio» como intemperie. ¿Se puede vivir una vida entera así?

—Le cuento la génesis del libro. Estaba en Buenos Aires este verano y mucha gente se me acercaba contándome historias de la dictadura. Mi sensación era que todavía quedaban cosas muy duras por contar. Llamé a Juan Casamayor y al dibujante, Agustín Comotto, y los convencí de hacer este libro. Era importante. Apareció un tema que yo no había trabajado, el insilio: la gente que se quedó, en condiciones mucho más duras. Encerrados, pero dentro.

—¿El exilio genera problemas para los que se quedan? ¿Los pone en peligro?

—La persona que se va deja un hueco que no tiene arreglo. Produces una herida muy profunda en mucha gente. Una amiga me dijo una frase muy fuerte: «Ustedes faltaron». Éramos los hermanos mayores y no estábamos. Nos fuimos, nos mataron. Este libro es un panóptico de toda mi obra. Hay muchos cuentos y frases que son de otros libros. Me puedo mirar desde este lugar, porque es un lugar colectivo. Un ejercicio que he hecho para escribir este libro es leer las vidas.

—Llega a una España a punto de comenzar la Transición, ¿qué encontró?

—En Argentina, en ese momento había una visión de España como muy libre, porque había muerto Franco y venían las elecciones. Me encontré con un país que estaba en la Edad Media. Después lo he visto salir de ahí, pero cuando llegué fue un choque brutal. Hubo mucha violencia en la Transición. He decidido ser extranjera. Comprendo el laboratorio que eso supone. Yo quiero a Argentina y quiero a España. Soy objetiva con los dos países. Necesitaba cierta edad para poder contar algunas cosas. Como argentina, le debo estas palabras a mi país. Y también se las debo a España, para que no sea tan narcisista.

—Este libro tiene la precisión del relato y la dimensión de la novela. ¿Qué es, exactamente?

—Cuando hablo de extranjería, también hablo de extranjería literaria. No me adhiero a formas fijas. No hago libros convencionales, porque no quiero. En este libro hay muchas historias. Son fractales, tenemos muchas opciones para elegir, hay muchos fragmentos donde el lector puede entrar y pensar.

—¿Cómo se lee el exilio cincuenta años después?

—El exilado es una persona incomprendida y por otro lado envidiada. Hay una fantasía sobre haberte ido. A mí no me sacaron de la cárcel, pero

me fueron a buscar al día siguiente. Estoy viva por 24 horas. Cada uno hace lo que puede.

—Cincuenta años, tantos muertos y desaparecidos. ¿Valió la pena?

—Uno puede juzgar a sus muertos y ser honesto con lo que vivió. No les harías un favor convirtiéndolos en héroes. Cuando yo me fui, desapareció el que había sido mi pareja. En este libro es el personaje de Chango. O sea, en este libro está vivo. El Chango que aparece tampoco es un santo. Nadie lo es. No era una lucha de ángeles y demonios.

—Argentina, 1985. Un antes y un después.

—El nivel de crueldad fue inhumano. Era necesario juzgarlos. Sin justicia no hay verdad. Sin palabra y sin reconocimiento del crimen no puede haber perdón.

—El escritor que pretende hacer justicia cuando escribe, ¿es un ingenuo?

—Quizás sea su forma de acercarse a un problema. Ahora, una vez que lo hace, es responsable de lo que ha hecho.

 

Qué habría pasado si…

Por Juan Ángel Juristo

Es éste un libro de una belleza plástica y narrativa conjunta, lo que la emparenta con aquellas clásicas donde los dibujos se encuadraban casi de forma natural con el tema que se trataba. Estos dibujos de Agustín Comotto se ajustan perfectamente al texto de Clara Obligado (Buenos Aires, 1950), incluso en la elección de los colores y ofreciendo un marco de cierto envoltorio naif cuando todos sabemos que el texto no lo es, antes bien en algunos casos profundamente irónico.

Su obra, que guarda una estrecha relación con la literatura del exilio. Creo que la aportación más curiosa de Clara Obligado a la literatura es la de colocarse casi al lado de los extraterritoriales, según la terminología de Steiner, es decir, aquellos escritores que por razones del exilio cambiaron de lengua y representaron una revolución creadora en esa nueva lengua, casos de Joseph Conrad o Vladimir Nabokov.

Desde luego que el español es la lengua en la que escribe Obligado, pero esa persistencia en la memoria del exilio como parte esencial de la personalidad creadora le acerca, en cierta manera, a esa concepción y desde luego ‘Exilio’, el libro que tratamos donde dice: «El exilio no se termina nunca. Nunca. Ni siquiera si se regresa al país. Siempre tengo la sensación de estar encerrada fuera». Con un estilo de una desnudez donde no ha lugar ningún tipo de retórica el libro comienza así: «El 5 de diciembre de 1976, llegué a Madrid, procedente de Argentina». Esta frase, o sus variantes, son asimismo el comienzo de algunos de los breves capítulos en que está dividida la obra, aunque existan también otras versiones de esta historia, como la de su hermana melliza porque una historia son todas las historias y el caleidoscopio, aunque cambie de formas, lo hace siempre en apariencia. Una situación bien chusca se repite de vez en cuando y retrata con suma agudeza la situación de la mujer exiliada en aquella España donde las buenas intenciones en apariencia a veces ocultaban tremendos prejuicios cuando no intereses más espurios: «Como nadie me esperaba, el taxista me recomendó el Hotel Monaco, un establecimiento en que descargaba, probablemente, a todas las latinoamericanas con aspecto de despistadas como yo que, según él, lo único que necesitaban para prosperar era un hombre mayor que las protegiera». Describe el gigantesco cupido de escayola de la entrada, las luces verdosas y una habitación en suite, separada del comedor por unas cortinas… El libro, en su elaboración, se convirtió en panóptico de otros suyos, como ‘El cazador’ o ‘Pretérito imperfecto’… Un libro, ya digo, de una belleza textual y plástica indudable. El exilio siempre.

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