Por Eric Gras.
FUENTE: https://www.elperiodicomediterraneo.com/opinion/2026/03/07/opinion-eric-gras-conquista-espacio-propio-127652376.html
La conquista del espacio propio
El jueves viajé a Barcelona para entrevistar a la escritora uruguaya Fernanda Trías, que presentaba su nuevo libro de cuentos, Miembro fantasma, publicado por Páginas de Espuma. La excusa era literaria, pero la conversación terminó desbordando el territorio de la ficción para instalarse en otro lugar incómodo y persistente: el de las mujeres que escriben mientras el mundo todavía espera que hagan muchas otras cosas.
Trías lo dijo con una calma casi quirúrgica: es escritora por vocación, pero el espacio que hoy ocupa no le fue regalado. Tuvo que conquistarlo, como tantas otras mujeres en un ámbito, el literario, históricamente administrado por hombres. Cada libro publicado cada premio cada invitación a un festival ha sido también una pequeña negociación con una estructura que durante siglos repartió el tiempo la autoridad y la visibilidad de manera desigual.
En uno de los relatos de Miembro fantasma aparece una frase que golpea como una verdad vieja que aún duele: «Había que trabajar, ganarse la vida, lo que en otras palabras significaba olvidarse de una misma para darles lo mejor a los hijos. Esa era la manera en que una madre se ganaba la vida: perdiéndola».
La literatura a veces consigue decir en una línea lo que los informes sociológicos necesitan páginas y estadísticas para explicar: la conciliación sigue siendo una promesa frágil y demasiadas mujeres continúan pagando su vocación con culpa, cansancio o sospecha pública. Porque todavía hay quien mira con recelo a una madre que escribe, trabaja o simplemente decide no desaparecer detrás de las necesidades ajenas. Como si la ambición intelectual femenina fuera una anomalía y no una evidencia largamente postergada.
Pensaba en todo eso al recordar otra frase, esta vez de El libro blanco (La Caja Books), de Vicente Luis Mora: «Literalmente eres otra persona si no tienes que atender a nada ni a nadie». Tal vez ahí resida una de las claves del feminismo cotidiano: imaginar qué podría crear una mujer si el mundo dejara de exigirle que esté en todas partes menos en sí misma.
La víspera del Día Internacional de la Mujer invita a repetir consignas, pero también a escuchar historias concretas. La de Trías es una entre miles: mujeres que escriben mientras sostienen vidas enteras. Si algo enseñan sus cuentos es que la literatura también puede ser un lugar de resistencia, un espacio donde nombrar la fatiga invisible y reclamar tiempo propio.
Quizá por eso leer a Trías en la antesala del 8 de marzo no es solo un gesto literario, sino una forma de recordar que cada página escrita por una mujer sigue siendo una conquista. Y que todavía queda mucho espacio por abrir, mucho silencio por romper y mucho tiempo por devolver a quienes durante siglos lo regalaron todo menos a sí mismas para que otros pudieran escribir la historia.
Mañana será 8 de marzo y conviene recordarlo: la igualdad también se escribe, línea a línea, libro a libro, mujer a mujer, hasta que la palabra espacio deje de ser conquista diaria.






