Vilas vira vitriólico
Ser aragonés y no haber leído a Manuel Vilas roza la definición de antónimo. Ser lector y no haber leído nada de Vilas acaricia la condición de instruido cojo. Ser aragonés y no haber vivido el humor somarda es la precisión supina de la definición de antónimo. Las tres frases precedentes juegan a elaborar un silogismo por el que comprender a Vilas significa comprender a un aragonés, a un somarda y a una persona inteligente. Sin ditirambos ni focos. Viene a subrayarlo ahora otro aragonés, Juan Casamavor, editor de Páginas de Espuma, ha tenido a bien, por no macerar el ditirambo, devolverá poner en librerías aquel Zeta y Magia que con tan buen olfato editara hace más de veinte años Sergio Gaspar en la editorial DVD de cubiertas negras como el vestuario que gastaba Vilas cuando no era lo que es ahora.
Ahora sale Zeta (Editorial Páginas de Espuma) que el adecuado texto inicial del propio autor señala que es otro. Un otro que comparte apellidos, nombre pero ya es otro. Porque el Vilas anterior al de grandes editoriales y premios, es la simiente. Y la simiente no miente. Por eso provoca ternura el leerle que no, hoy ya no es el de Zeta, ni el de la Zaragoza de cambio de siglo, pesetas y un norte de la ciudad donde todavía el meandro de Ranillas no tenía cara de exposición. Y ahí se expone Vilas. Ahí nos vuelve a enseñar su vestuario vital, más de veinte años después, con la honestidad de no rehuir de lo que fue pero sí saber que solo habiendo sido aquello puede ser hoy el que es. El leído por tantos apeló a su vida. familia, congojas vitales y algo llamado amor que no caduca ni meridianamente ni por lo que ocurra en el Madrid que lo acogió ehizo crecer. En este libro que nos ocupa, corregido, aumentado y completado del de DVD, se provucen dos regalos. Uno, para quien no lo hubiera leído en su día, el de ver un Vilas casi antagónico del de camisa blanca y chaqueta entallada. Otro, para quien lo hubiera leído en su día. el de saber que el cambio de vestuario es un cambio de animalario, de esencia y sí, humor, supino y profundo.
El Vilas de este Zeta resulta zumbón, destructivo y autodestructivo, nocturno y acariciador de barrancos que lo llevó por los caminos que nunca volverá a elegir. Con la música por norte o vértebras, que cada lector elija, porque el autor eligió en aquellos días traspasar ciertas fronteras que leídas/vistas hoy reclaman sobre todo comprensión. Puede parecer un libro circunscrito a esos tiempos, epilogo de la peseta, de lo analógico, de los conciertos y de la cerveza que no falte. Ahora que todos tenemos al menos veinte años más. tenemos algunas certezas menos y por suerte, podemos ver el cambio semántico. personal y climático, no es lo mismo Madrid que Zaragoza. No es lo mismo el costumbrismo que aún presidía el final del XX musical en Zaragoza que la penuria de no saber dónde habrá un bocadillo de calamares en condiciones y a buena hora. Vilas nos apela desde este libro del 2026 a lo que fuimos, contándonos sus inquietudes, miedos, certezas ahora desvanecidas y nos llama a ese fondo que no podemos eliminar aunque recurramos al aguarrás. El agua del Ebro que tanto compartió lo sigue, como el Ordesa montañoso. como el compartir unos cacahuetes en un bar chino en una bocacalle de la calle Alfonso sin saber todavía que dejaría al irse de Zaragoza un hueco mayor que la Expo. No en lo voluminoso. Sí en lo literario. Para quienes se sientan algo huérfanos en patrimonio afectivo, tienen aquí un espléndido calmante de ligero efecto rubefaciente. Para quienes crean saberlo ya todo, un antidoto con el que vivirán mejor. Porque si algo sabe Vilas es que la impostura y el desamor acercan al barranco que ya no volverá a pisar. Solo por es leerlo es agradecer que muestre la senda por la que no conviene discurrir. Salvo que se quiera ser un canso melancólico de los que un somarda abominaría tirándole un adoquín delosque algún día saca a relucir Supermaño en sus viñetas. Todo se ha dado en HERALDO. Patrimonio afectivo inmaterial. Que venga la Unesco a dictaminar. Nosotros ya sabemos que vida y Vilas comienzan por la misma letra. Vale.









