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Por Juan Fernández
FUENTE: https://www.informacion.es/cultura/2025/11/15/ana-maria-shua-escritora-argentina-visita-universidad-alicante-123729033.html
Ana María Shua, escritora argentina, sobre la muerte: «Si no nos sintiéramos inmortales, no podríamos vivir»
La autora argentina presentará su compilación de relatos El cuerpo roto este martes 18 de noviembre, a las 17 horas, en el Edificio de Rectorado de la Universidad de Alicante
La fragilidad del cuerpo, esa materia que nos da la vida, pero también la muerte, atraviesa el nuevo libro de Ana María Shua (Buenos Aires, 1951). En El cuerpo roto (Páginas de Espuma), la autora argentina explora las grietas que deja la enfermedad a través de 12 relatos donde su característico humor se entrelaza con una prosa que convierte la vulnerabilidad en un acto de resistencia. Historias en las que la fragilidad convive con el optimismo y donde la realidad, por dura que sea, se plantea como un ejercicio de superación y de atención al presente. Un libro, eso sí, no apto para hipocondríacos.
La autora argentina visitará Alicante dentro del ciclo Encontrarse en la palabra, organizado por el Centro de Estudios Literarios Iberoamericanos Mario Benedetti. La actividad se celebrará el martes 18 de noviembre, a las 17 horas, en la Sala Multimedia del Edificio de Rectorado de la Universidad de Alicante. En ella, Ana María Shua mantendrá un diálogo con Juan Casamayor, director de Páginas de Espuma, en un encuentro presentado por Beatriz Aracil y moderado por Eva Valero.
¿Por qué hablar de la muerte y la enfermedad sin metáforas?
Digamos que, a lo largo de toda mi trayectoria literaria, ese tema se ha repetido una y otra vez. La primera vez pensé que era por casualidad. Cuando publiqué mi primera novela, Soy paciente, que tenía que ver con una persona que se internaba en un hospital y quedaba atrapada en una especie de maraña burocrática, pensé que, como a un conocido le había pasado algo así, se me había ocurrido esa idea. Pero ahora, mirando hacia atrás, veo que el tema de la enfermedad y de la medicina aparece una y otra vez en todo lo que escribo.
¿Qué tiene la enfermedad que le inspira tanto a nivel literario?
Pienso que, de chica, me encantaban los libros de aventuras. Pero no todo el mundo puede permitirse una expedición al Ártico o a la Amazonia. En cambio, todo el mundo alguna vez se ha enfermado o ha tenido a alguien cercano enfermo. Es como una aventura. El amor y la enfermedad son dos aventuras de las que todos tenemos experiencia. Y entonces, sin pensarlo demasiado, me he lanzado a escribir sobre la enfermedad como quien escribe libros de aventuras.
La muerte es lo más democrático que hay en la vida, pues da igual el dinero que tengas o el partido político al que votes: hay cosas que son inherentes al ser humano.
Sí, absolutamente. Mis hijas se ríen un poco de mí porque dicen: «mamá siempre con esta buena onda» (ríe). No existe una historia humana que termine bien, ya sabemos cómo terminan todas. Y yo creo que esa es la esencia del arte: la conciencia de la muerte que tenemos los seres humanos, que está ahí presente de una u otra manera. No importa sobre lo que se escriba; aunque se escriba sobre cualquier otro tema, la buena literatura siempre está cerca de esa conciencia terrible de finitud.
No hay ninguna historia humana que acabe bien, pero en el proceso nadie nos prepara para ello.
Ni siquiera se nos prepara para darle palabras de ánimo a quien ha sufrido esa cosa terrible que es perder a un ser querido. No sabemos qué decir ni cómo enfrentarlo, quizás nos falten rituales. Creo que esa sensación que tenemos de que nuestra sociedad occidental no sabe enfrentar la muerte es casi un complejo de culpa. En realidad, prácticamente ninguna sociedad humana puede enfrentarse de verdad a la muerte. Por eso, en todos los mitos de la creación del hombre, éste siempre es creado inmortal y después pasa algo: un pecado, un error, una venganza, una distracción… y aparece la muerte. Pero el hombre siempre es creado inmortal porque, si no nos sintiéramos inmortales, no podríamos vivir.
Qué cruel sentirse inmortal y acabar sirviendo de pasto para gusanos, ¿no cree?
Mira, hay un cuento muy lindo, del cercano oriente, que dice que los gusanos fueron a quejarse al Señor: «Los hombres saben que se van a morir y están todo el tiempo pensando en la muerte. Como se la pasan pensando en la muerte, no comen; y cuando los entierran, están muy flacos y nosotros no tenemos nada que comer». Entonces el Señor creó el dinero y, desde entonces, los hombres piensan en el dinero y se olvidan de la muerte, y cuando los entierran, están gordos y los gusanos tienen alimento (ríe).
Ahora se habla de la posibilidad de vivir muchos años más. ¿Cómo valora esta posibilidad?
Bueno, si uno llega a una edad muy avanzada con sus capacidades cognitivas más o menos intactas, pues maravilla, hay que seguir adelante. Ahora bien, si uno llega como algunos de mis personajes, en malas condiciones, eso ya no tiene tanto sentido. A veces uno ve en esos lugares que llaman “puntos azules” del planeta, donde la gente es muy longeva, que cuando se ahonda un poco en todas esas personas centenarias, se descubre que lo han perdido todo: están vivas porque su cuerpo está vivo, pero ya no son quienes fueron. El Alzheimer u otras demencias seniles los han transformado en un pedazo de carne con ojos. Y esa no es la inmortalidad que queremos, no es la longevidad que buscamos. Queremos vivir eternamente, pero jóvenes.
El cuerpo roto contiene 12 historias en las que cualquiera puede sentirse identificado, ya sea por haberlas vivido o presenciado. ¿Es por eso que pone de ejemplo su verdadera historia en la primera?
Sí, y para que el lector sepa desde el primer momento lo que le espera en el libro. Y, por otro lado, aunque el primer cuento es muy duro —relata con todo lujo de detalles el momento en que le detectaron cáncer— también es un relato lleno de esperanza. Ese canto a la vida que empieza siendo irónico termina siendo real. Mientras estamos vivos, eso es lo que hacemos: cantar a la vida. La supervivencia a una enfermedad muy dura es algo maravilloso y terrible, y cantamos y somos felices.
Visita este martes Alicante. ¿Qué supone para una escritora ser reconocida más allá de sus fronteras?
Para un escritor es importantísimo poder trascender sus fronteras y saber que lo están leyendo en otros países. Yo tengo libros traducidos a 16 idiomas y, como bien sabés, cada idioma es otro punto de vista sobre el mundo, la realidad y la vida. Es maravilloso. Por otro lado, leer es un viaje, pero no ese viaje de fantasía en el que uno lee un libro ambientado en un país lejano y siente que está allí. No, cada libro es un viaje a la mente de otra persona, es casi una transmigración de almas. Cuando uno lee un libro, está mirando el mundo a través de los ojos de quien lo escribió. Es el viaje más extraordinario posible.









