Por María Brea Gutiérrez.
FUENTE: https://revistacontrapunto.com/el-extrano-caso-del-campo-y-el-horror-territorios-de-david-roas/
El extraño caso del campo y el horror. “Territorios”, de David Roas
Cerdos zombis, garrulos ninjas o verduras mutantes son solo algunos de los horrores que David Roas (Barcelona, 1965) nos presenta en su nuevo libro Territorios (2026). El año pasado ya nos sorprendió, junto con Ana Martínez Castillo (Albacete, 1978), con la publicación de la antología de relatos Agrohorror: Cuentos de lo Insólito Rural (2025), que nos adentraba, a algunos por primera vez, en el fascinante género del agrohorror. Ahora bien, ¿qué es el agrohorror y por qué no había oído hablar de él hasta ahora? Puede que algunos lectores asiduos de Contrapunto reconozcan el término de otra reseña de Maria Ayete Gil: En el campo (también) pasan cosas raras. Sobre “Agrohorror. Cuentos de lo insólito rural”, aunque para otros muchos puede ser novedoso.
El agrohorror es un tipo de ficción insólita cuyos relatos tienen lugar en el mundo rural, no en esa ruralidad aislada y misteriosa ni en ese pueblo idealizado por los urbanitas, sino en la parte más cotidiana y real de la vida en el campo. A veces, este término puede confundirse con el folk-horror, que es un subgénero del terror que emplea elementos tradicionales rurales, paganismo o folklore local para causar miedo, todo ello ambientado en pueblos semiabandonados o bosques hostiles donde se dan violentos choques entre la modernidad con las costumbres ancestrales. En el agrohorror nos encontramos pueblos actuales donde ha llegado el progreso (¡qué sorpresa!): los ciudadanos hablan de cine y literatura, usan teléfonos móviles y compran en plataformas digitales, no son retratados como “garrulos anticuados” para la mofa del ciudadano de bien (de ciudad), pero tampoco son un paraje natural, limpio e ideal como destino vacacional para descansar del ruido de la ciudad. En resumen, se trata con respeto y conocimiento la forma de vida de los personajes representados tal como es.
Siempre se encuentran elementos y situaciones insólitas o perturbadoras que amenazan la paz de los protagonistas, ya sean los propios habitantes del mundo rural, turistas o familiares lejanos que están de visita. Encontramos la presencia recurrente de los elementos paródicos y el humor para romper con la tradicional seriedad del género de terror y, al mismo tiempo, recrear la realidad rural bajo una lente distorsionada que exponga sus horrores y absurdos. Un claro ejemplo del humor de Roas es la curiosa elección de los títulos de sus historias, aludiendo a clásicos del cine de terror con un toque campestre como “La invasión de los ladrones de huertos” o “La noche de los puercos vivientes” o a obras de la literatura: “El gañán entre el centeno”.
En Territorios, Roas demuestra su excepcional capacidad para generar inquietud a partir de situaciones aparentemente triviales mediante una prosa precisa, contenida y muy cuidada. En muchos de los cuentos, los protagonistas se enfrentan a fenómenos que no comprenden del todo, ya sean cambios en el comportamiento de los animales, mutaciones en el paisaje, presencias espectrales o una sensación de extrañeza que no pueden explicar racionalmente. Algunos de estos relatos son también una crítica a cómo los humanos intentamos imponer nuestra voluntad sobre el medio natural y los espacios que habitamos, que tiene como consecuencia la resistencia brutal de la naturaleza a que se quebranten sus límites. Algunos ejemplos se dan en relatos como “La invasión de los ladrones de huertos”, donde, desesperado por el acaparamiento de tierras por parte de unos Jisters para lucrarse con la agricultura biológica, un agricultor usa unos supuestos pesticidas experimentales para librarse de la plaga que asola su pueblo; en “La noche de los puercos vivientes”, unos cerdos que iban a ser sacrificados en el día de San Martín son hechizados y se vuelven terribles gorrinos-zombies en busca de venganza.
Las desventuras de los protagonistas también incluyen fenómenos sobrenaturales como el fantasma de un niño que se esconde en los campos de centeno de “El gañán entre el centeno”, una santa incorrupta en “La conjura de los recios” o una procesión de espíritus por las playas de San Andrés de Teixido en el relato “Rituales”. Bien podría afirmarse que las historias más aterradoras son las que carecen de toda intervención sobrenatural o natural extrema; aquellas que nos pueden resultar más incómodas son las que más se adentran en la vida cotidiana y son las propias personas quienes causan todos los males. En el cuento “A matanza do porco” un hombre desprevenido se encuentra con un extraño grupo de “ninjas garrulos”, con katanas y todo; en “Listo para usar”, aunque encontramos elementos sobrenaturales, lo que más destaca es el curioso sentido ético de la protagonista. Como anteriormente mencionamos, el agrohorror logra que situaciones cotidianas como una tradición de pueblo o un viaje turístico puedan resultar (casi) mortales para los personajes y nos haga replantearnos nuestra visión de lo cotidiano.
Territorios es una obra sólida y altamente recomendable para quienes se interesan por el cuento fantástico y las nuevas formas del horror. A través de sus relatos, Roas no solo ofrece experiencias inquietantes, sino que también invita a reflexionar sobre el lugar que ocupamos en el mundo y sobre los límites, a veces invisibles, que delimitan nuestros propios territorios.






