Letras Libres
Por Daniel Gascón
FUENTE: https://letraslibres.com/literatura/tamara-silva-bernaschina-lo-fantastico-no-es-una-metafora-ni-un-simbolo-esta-ahi/24/06/2025
“Lo fantástico no es una metáfora ni un símbolo. Está ahí”
Tamara Silva Bernaschina (Minas, Uruguay, 2000) acaba de publicar Larvas en Páginas de Espuma, un libro de cuentos singular y perturbador. Sus libros anteriores son la colección de relatos Desastres naturales y la novela Temporada de ballenas.
Larvas es un libro muy unitario. ¿Cómo ha sido su escritura?
El proceso de escritura de Larvas fue muy distinto al de Desastres naturales. Había una imagen de larva que llevaba adelante todo el libro. Todavía no me había puesto a escribir, pero ya sabía que iba a tener que ver con algo más larvario. Eso por un lado fue distinto.
Estaba terminando de escribir un cuento y ya estaba pensando en el siguiente. Casi como un encabalgamiento poético.
Fueron todos escritos dentro del mismo periodo, pensando en las mismas cosas, obsesionada con los mismos asuntos. Terminaron formando parte de un universo muy concreto y muy chiquito.
Es un universo bastante rural, o de campo al menos. Además con grandes fuerzas naturales, riadas, granizo.
Sí, yo lo pienso como un universo rural. En la mayoría de los cuentos, los personajes están en el campo. O a las afueras, en un entorno medio suburbano. Creo que es porque son mis lugares afectivos, los lugares que están más cerca, donde vivo, donde he estado, donde vive también la gente que yo quiero y que conozco. Hay algo de usar ese espacio conocido y después transformarlo y deformarlo. Vivo en Montevideo, estoy estudiando y trabajando ahí. Pero viví buena parte de mi vida en el campo, en el interior de Uruguay, en Aiguá y después en Minas.
Es llamativa la presencia de los animales. Están en todos los cuentos: empezando por los piojos, en el primero.
Es cierto que hay una presencia de lo animal que atraviesa todos los cuentos. En el primer cuento son casi lo principal. El niño tiene piojos y se habla de piojos todo el rato. Hay una ternura del niño hacia sus propios piojos y unas ganas de cuidarlos y de tenerlos para siempre. Y la madre se los quiere sacar y matarlos, obvio.
Pero después aparecen animales más grandes, una perra, una yegua. Y también hay un sentido de cuidado hacia esos animales. Me los imagino ya no como accesorios en un paisaje, sino como personajes.








