UNA NUEVA TRADUCCIÓN DE SUS CUENTOS COMPLETOS ACTUALIZA LA OBRA DEL MAESTRO DEL HORROR, HOY CAPITANEADO POR OTROS PROTAGONISTAS.
Traducir es crear puentes entre diferentes idiomas, culturas e imaginarios. Los profesionales de la traducción se entregan con todo su ser a una tarea colosal, que exige estudio, oficio, tiempo, maestría y un dominio extraordinario de intuición lingüística. Ricardo Accorinti ha sido el encargado de una nueva traducción de los cuentos completos de Edgar Alian Poe, publicada por Páginas de Espuma, cuando se cumplen ciento setenta y cinco años de la muerte del escritor estadounidense. La edición ha estado a cargo de Fernando Iwasaki y Jorge Volpi, para la que se ha asignado la presentación de cada uno de los cuentos a un escritor: Antonio Ortuño, Guadalupe Nettel, Eloy Tizón, Ronaldo Menéndez, Pilar Adón, Hipólito G. Navarro o Alejandro Zambra, entre otros. La mirada cobra especial relevancia en este libro prologado por Mariana Enríquez y Patricia Esteban, con los sugerentes dibujos de Arturo Garrido. Poe se encumbró como «capitán de la oscuridad», apodo de Enríquez, desde las primeras décadas del siglo xix. Su vigencia hoy en día sigue siendo incuestionable.
BAUDELAIRE LO TRADUJO AL FRANCÉS EN 1856 y en español ha tenido un ilustre rosario de traductores que van desde Ramón Gómez de la Serna a Rafael Cansinos Assens, Francisco Torres Oliver, Mauro Armiño o Jorge Luis Borges, hasta Julio Cortázar. El respeto por la versión cortaciana no ha empañado la mirada contemporánea de Accorinti, a quien imaginamos entre escalofríos y emoción ante el reto. Los recursos bibliográficos digitales, los estudios especializados posteriores y un análisis microscópico habrán sido de gran ayuda para actualizar los deslices, inexactitudes y decisiones poco pertinentes de Cortázar. Que tengamos a golpe de clic la multitud de nombres para denominar al demonio, con apéndices filológicos incluidos, facilita el rigor en «Un cuento de Jerusalén», del mismo modo que en «Conversación con una momia», hoy localizamos cómodamente el término clínico túnica albugia, que se refiere más bien a la esclerótica albugínea, pues le hacen una incisión en los ojos y no en los genitales, tal como se alude al mantener el calco entre idiomas. Otro desacierto de literalidad lo vemos en «But what can we expect from a turnip?», que Cortázar traduce «Pero ¿qué puede esperarse de un nabo?» y aquí «Pero ¿qué se puede esperar de una pera», en ese juego de palabras que alude al refrán «No le puedes pedir peras a un olmo». Y luego están las tormentosas decisiones que cuando uno se enfrenta a un texto, le tiemblan las canillas. Sorprende que el argentino en «Por qué el pequeño francés lleva la mano en cabestrillo» anulase el efecto producido por el contraste de acentos entre un inglés y un francés, escritos fonéticamente, y lo traduzca con un español sin rastro de comicidad. Igual que prescindió de los juegos de palabras tan habituales en su literatura para el cuento «X ing a paragraph», donde un aprendiz de periodista se queda sin el tipo móvil de la vocal «o» en el momento de activarse las rotativas y decide sustituirlo por el de la «x». Además de todas la ventajas que otorga la perspectiva del tiempo y los avances de documentación, hay un hecho decisivo: desde aquella primigenia traducción de 1956, por el imaginario occidental han pasado Juan Rulfo, Raymond Chandler, Stephen King, George Perec, Hitchcock, Jessica Fletcher, Freddy Krueger, Chicho Ibáñez Serrador, John Nesbo, la dictadura de Videla, los atentados de las Torres Gemelas, el reguetón y el neoliberalismo de Donald Trump. El concepto de terror ha cambiado: nosotros, también.
POE LUCE MÁS RESPLANDECIENTE QUE NUNCA para el lector del siglo xxi. Accorintini recoge el testigo de Cortázar, que leyó la versión de Blanco Belmonte. Décadas más tarde la penuria económica de los años parisinos le llevó a proponerle a Francisco Ayala una propia para la Universidad de Puerto Rico. El 23 de febrero de 1954, aniversario de la muerte de Keats y cumpleaños de su mujer Aurora, le escribe a su amigo Eduardo Jonquiéres que ha terminado el grueso del trabajo: «Traducir a Poe es una gran experiencia, y me he divertido mucho». Nosotros, también.









