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Mariana Enriquez reseña los Cuentos de Bradbury para Página 12

Paginas | 12

Por Mariana Enriquez.

FUENTE: https://www.pagina12.com.ar/2026/07/12/116-cuentos-de-ray-bradbury-para-viajar-al-infinito/

Un retorno imprescindible a su obra

116 cuentos de Ray Bradbury para viajar al infinito.

Siempre cercano a la imaginación y la sensibilidad popular de lectores de tantas latitudes y generaciones, Ray Bradbury dejó una de las producciones de cuentos más impactantes por su abundancia, y por el rasgo de haberlos reescrito a la lo largo del tiempo, agrupándolos luego en libros con criterios temáticos, simbólicos y hasta afectivos. La edición de los “Cuentos” de Bradbury de Páginas de Espuma incluye 116 relatos organizados cronológicamente: un retorno tan imprescindible como melancólico.

Ternura, imaginación, maravilla, lirismo, ensueño. Son las palabras que describen de qué están hechos los relatos de Ray Bradbury, y son términos que rara vez definen a una literatura, y menos hoy, con toda la desesperanza, crueldad y cinismo de la narrativa actual. La editorial Páginas de Espuma acaba de publicar los Cuentos de Bradbury, una antología enorme -la más extensa en castellano- y además de reparar la relativa ausencia del gran fabulista estadounidense en librerías, invita a la posibilidad de leer cuentos sobre cuestiones desesperantes y urgentes comprometidos con la compasión tanto hacia sus personajes como hacia los lectores. Como todo buen pesimista, Ray Bradbury sabía que la humanidad era capaz de destruirse y de, eventualmente, destruir a los Otros, pero esa capacidad de ruina le daba mucha pena, porque implicaba la desaparición de todo lo bueno y todo lo hermoso, que para Bradbury era mucho. Sus cuentos son ante todo éticos: se preguntan y reflexionan sobre qué está bien y qué está mal, analizan críticamente decisiones extremas. En el lenguaje poético o en la franqueza de un relato pulp, su estilo siempre es reconocible, lírico y dinámico al mismo tiempo, con personajes frágiles y con frecuencia solitarios. Era un poeta, decía Aldous Huxley, y también era un trabajador: cuando dejó el colegio pasó años leyendo en bibliotecas y escribiendo un cuento por semana en las máquinas de escribir de las salas de lectura. Murió a los 91 años en 2012, respetado por sus pares, amado por sus lectores, con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, un asteroide con su nombre, todos los premios posibles dentro de los géneros de sci-fi y fantasía, y ninguno de los galardones literarios legitimadores, salvo alguna mención tardía a la trayectoria y los Honoris Causa de rigor.

EL MUNDO ALUCINANTE

Se suele decir que Bradbury no era un escritor de ciencia ficción, o que su trabajo trascendía el género, que es lo que se suele decir cuando un talento insólito decide escribir dentro de los géneros de la imaginación y lo hace con su voz particular e irrepetible. Ray Bradbury escribió ciencia ficción y cuento fantástico y terror, pero lo hizo sin pensar en las convenciones genéricas, inaugurando una forma propia que clausura un estilo de fantasía lírica que tuvo enorme influencia y, al mismo tiempo, resulta imposible de imitar. “Escribir como Bradbury” solo puede hacerse desde la copia o el homenaje, desde la cita, y lo mismo sucede, por ejemplo, con Jorge Luis Borges, que lo admiraba muchísimo y, famosamente, prologó la primera edición en castellano de Crónicas marcianas en 1955 para Minotauro, bajo la dirección de Paco Porrúa. Borges escribía, en ese prólogo: “¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad?”

Ese truco de magia sigue intacto noventa años después de publicados los primeros cuentos. La edición de Páginas de Espuma explica el método elegido para esta antología, que no incluye los libros de cuentos como tales, sino que prefiere la cronología. “Bradbury organizó sus volúmenes con criterios temáticos, simbólicos o incluso afectivos. Así un cuento escrito en la década de 1940 podía no ver su forma definitiva hasta los años 70 o 90, insertado junto a textos posteriores en un nuevo marco conceptual”, explica en la nota a la edición Paul Viejo. Libros como El hombre ilustrado o El país de octubre funden décadas de producción creativa. Dark Carnival, de 1947, su primer libro de cuentos, fue expurgado por Bradbury que lo volvió a publicar como El país de octubre en 1955, eliminando una decena de relatos y con versiones corregidas. “Crónicas marcianas no es una novela de cuentos, sino una colección estructurada de relatos independientes escritos entre 1946 y 1950, algunos ya aparecidos en revistas”, apunta Viejo. “Escribió viñetas de conexión, interchapters, compuso unidades completas a partir de fragmentos”. Estudiosos como Donn Albright, que dirige el Ray Bradbury Bibliography Project señala más de 600 cuentos con al menos una variante significativa. La antología de Páginas de Espuma, al optar por una organización cronológica según la fecha de publicación original de los cuentos, “intenta restaurar ese arco evolutivo y permitir al lector una perspectiva histórica; no se trata de una restitución filológica en sentido estricto, sino de una aproximación que favorezca la comprensión del Bradbury en movimiento: cómo ciertas obsesiones se repiten, cómo el estilo se afina, cómo las formas narrativas evolucionan con el tiempo”.

Cuentos incluye 116 relatos en 1339 páginas, lo que es una cantidad enorme en un volumen exuberante; así y todo, los lectores pueden notar algunas ausencias como “Todo el verano en un día”, “Sirena” o “El siguiente en la fila”. La selección prioriza la heterogeneidad y la longevidad: hay varios cuentos escritos entre 1982 y 2009, un periodo de Bradbury que no se suele recopilar. El prólogo de Laura Fernández, una de las escritoras en español más cercanas al espíritu de Bradbury, es una delicia: “Yo, como Bradbury, considero que uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya. Y esa escritura es, primero, la escritura de los demás. Esos a los que buscas desesperadamente. Amigos a los que conoces demasiado bien porque, como diría Stephen King, has estado en su cabeza”.

De todos esos amigos, Bradbury es de los más conocidos porque sus cuentos son como canciones pop, fábricas de nostalgia y alegría inolvidables. Y por eso mismo, la nueva traducción de Ce Santiago que ofrece Cuentos es un tema controvertido. Los traductores más importantes de Bradbury son Francisco Abelendas, seudónimo de Paco Porrúa, Marcial Souto y Matilde Horne. Para una nueva generación, estos Cuentos pueden ser el primer Bradbury, pero para quienes tienen en la cabeza la música de Porrúa, Souto y Horne, la traducción será menos amigable. Hace años que las traducciones de las editoriales españolas producen malhumor en los lectores del resto del mundo hispanohablante, y el debate está abierto también con este libro, como con casi todos. Apenas dos ejemplos: Horne y Abelendas tradujeron “A Medicine for Melancholy” como “Remedio para melancólicos”, y Ce Santiago prefiere la más exacta, y también muy hermosa, “Un remedio para la melancolía”. Pero, en otros casos, como el cuento “Gotcha!”, se mantiene “¡Te pillé!”, un verbo que, aunque se entiende, apenas se usa fuera de España. La traducción de Ce Santiago, que tomó dos años, propone a un Bradbury dinámico y contemporáneo; en la entrevista que le hizo Ramiro Sanchiz a Paul Viejo en La Diaria, se explica que “(Santiago) de alguna manera empezó a conocer a Bradbury traduciéndolo, y así empezó a detectar todas las torpezas de Bradbury, lo que no podía escamotear, sus repeticiones, sus frases mal dichas, sus expresiones populares ancladas en el tiempo o en un lugar concreto, y aprendió peleándose con ellas. Hay que tomar decisiones, que a veces en un cuento específico a lo mejor pueden chirriar, pero que luego tienes que pensar para todo un libro, con la extensión que tiene este”.

EL BANQUETE CELESTIAL

Cuentos incluye rarezas y grandes éxitos, y despliega las obsesiones de Bradbury, que suelen interconectarse. La infancia perdida está en los cuentos de Green Town pero también en esa Tierra dejada atrás en el ciclo de Marte; la obsesión con la muerte se encuentra en los cuentos de terror pero también en el extrañamiento cósmico o los relatos de fin del mundo; la defensa cerrada de la imaginación frente al mundo racional-policial (¿fascista?) está en muchos cuentos del espacio, de la misma manera que la soledad lo permea todo. Es divertido también encontrar los legados que dejó Bradbury a la cultura popular. El extraordinario relato “Se oyó un trueno” inventa el “efecto mariposa”: en un viaje en el tiempo, un grupo de hombres va al pasado a cazar dinosaurios. Se supone que no deben tocar nada para evitar efectos en el presente. Y, por supuesto, cambian algo. El cuento inspiró, también, Jurassic Park y Volver al futuro. “Cuestión de gusto” presenta a los habitantes de Marte como seres lúcidos y delicados, sabios, pero con apariencia de arañas, lo que impide la relación con los aterrorizados terrícolas. El cuento fue escrito en los ‘50 pero no se publicó hasta 2004 y, sin embargo, las “arañas de Marte” aparecen en el disco de David Bowie de 1972, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars.

Repasar los mejores cuentos de esta antología sería imposible: se incluyen desde los primeros publicados en revistas entre 1938 y 1947, hasta los escritos poco antes de su muerte. Se pueden puntualizar algunos hallazgos y un puñado de obras maestras. La soledad como tema es la protagonista de cuentos como “Los largos años”, con el señor Hathaway que quedó atrás en Marte cuando todos los colonos se volvieron a la Tierra en guerra. El fin del planeta tiene su elegía en el maravilloso “Temporada baja”, con ese vendedor de salchichas sin clientes que ve estallar la guerra nuclear desde Marte. En Bradbury, Marte es escenario y sala de ensayo de las glorias y los errores humanos, de las miserias y las valentías. En “Los desterrados” es el lugar donde fueron enviados los escritores censurados, desde Dickens hasta Poe, en una colonia penal de literatura fantástica. En “El marciano” y “Marte es el cielo” es la posibilidad de la trascendencia, el reencuentro con los muertos, y el desengaño de la ilusión de un más allá. En “Los globos de fuego” es un reencuentro con la religión, lo mismo que en “El Mesías” cuento poco antologado en el que un joven cura cree ver a Cristo en los rasgos cambiantes de un marciano. La construcción del mundo Marte, con las ciudades art nouveau delicadas y los habitantes muertos, contagiados de virus, como los indígenas americanos, es por supuesto una reflexión sobre el colonialismo, y los cuentos desde el punto de vista de los marcianos, como “Ylla” o “Encuentro nocturno” son de una gran inteligencia, sin subrayados. Tomás, que conduce por las antiguas autopistas de Marte, piensa: “¿A qué olía el tiempo? A polvo y a relojes y a gente. Y si te preguntabas cómo sonaba el Tiempo, sonaba como un curso de agua en una cueva oscura, como voces llorando y tierra cayendo sobre tapas de ataúdes vacíos, y como la lluvia”.

En Cuentos se recopilan relatos sorprendentes, en especial para un no iniciado en Bradbury. El terror está presente en “La multitud”, una joya pulp en la que un hombre descubre que quienes rodean a los heridos en un accidente de auto son siempre los mismos, seres inhumanos que deciden la vida y la muerte, o en “Esqueleto”, pionero del body horror. Ese realismo nostálgico y veraniego que heredó King tiene momentos increíbles como “Zapatillas”, pero la infancia también puede tener un aspecto cruel y amoral: en “La hora cero”, los chicos se confabulan para entregar a sus padres a los invasores, y por supuesto en “La sabana” -conocido en otras traducciones como “La pradera”-, los hijos eligen un juego de realidad virtual por sobre sus padres de la manera más brutal. Cuentos raros como “Los ratoncitos” (esos vecinos que no se mueven en sus casas son espeluznantes) o “La mujer ilustrada” con su erotismo barroco se salen bastante del modo Bradbury; llama la atención que en sus últimos años haya escrito pequeñas historias de amor conyugal, como “Salidas y llegadas”, estupendo relato sobre la vejez y la dependencia.

Ray Bradbury fue el primer escritor de muchos lectores, el descubrimiento de una voz y de la literatura. Sus ecos reverberan en la narrativa, desde Stephen King hasta Steven Spielberg, Kelly Link o Rodrigo Fresán. Este volumen de Cuentos irrumpe para establecer a Bradbury, con justicia, como clásico: las otras colecciones de cuentos reunidos o completos de la editorial son de Chéjov, Kafka y Poe. Y también abre una pregunta: ¿quiénes son hoy los lectores de la ternura y la poesía de Bradury? Estos textos exudan nostalgia por el siglo XX y si alguna vez se consideraron ingenuos, leídos en 2026 son desoladores en su duelo por el ser humano. Esa casa que sigue viviendo sin gente en “Vendrán lluvias suaves”, una máquina habitacional en pie mientras el mundo muere, es un funeral. Las cosas quedan y no nos recordarán. El mundo y los seres humanos son hermosos, y duele perderlos. La nostalgia en sus cuentos, su tristeza por un tiempo que no se puede recobrar, está presente en la lluvia interminable de Venus, en el hombre adicto a su cohete que no quiere estar en la Tierra ni en su casa, en una pareja que descubre el fin del amor a través del miedo. Bradbury escribió, con el pulso de la literatura popular y del género, la gran elegía a nuestro tiempo, y por eso es imprescindible.

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