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Natalia García Freire en Cuadernos del sur

Cuadernos del Sur, Diario Córdoba

Por Pedro M. Domene

FUENTE: https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/

Natalia García Freiré (Cuenca-Ecuador, 1991) es profesora de Escritura Creativa, Relato Breve y Novela en la Escuela de Escritores de Madrid.  ‘Nuestra piel muerta’ (2019), su primera novela, fue traducida al inglés, turco, francés, italiano y danés. ‘Trajiste contigo el viento’ (2022) fue su segunda novela.  Ha publicado, en Páginas de Espuma, la colección’ La máquina de hacer pájaros’ (2024).

— ¿El cuento, para usted, se convierte en un auténtico reto narrativo?

— Es un reto porque es un territorio quizá más cercano a la poesía, en el sentido en el que uno va en busca del lenguaje, de la forma, de las capas de sentido que se condensan en poco espació. Si un relato no funciona tras muchas reescrituras puede que después de años vuelvas a él y encuentres el camino. Es un reto porque es un territorio en el que uno va a buscar un secreto y puede que no lo encuentre jamás y por eso también es hermoso porque es un reto y un juego.

— En ‘La máquina de hacer pájaros’, ¿se enfrenta al relato con una mirada y una perspectiva distinta a la novela?

— En general me enfrento a la escritura como una búsqueda, como un cavar en el lenguaje hasta ir encontrando loque aparece,casi como una arqueología debajo de lo aparente. En ese caso, el método no es distinto, pero la mirada sí. Creo que en ‘La máquina de hacer pájaros’ he tratado de reírme mucho, de mí misma, de la escrituray he usado elementos fantásticos, en mis novelas había cierta atmósfera fantástica, pero no había usado esos elementos tan claros. Fui en busca de esos elementos, de eso queesellenguaje, fantasía, imagen, abrir fisuras en la realidad y ver lo que hay debajo.

— Una buena dosis de ironía salpica sus cuentos, ¿es un requisito indispensable para construir un buen relato?

— No sé si es indispensable, hay autores que admiro mucho y no lo usan, pero entre mis fa-voritas y favoritos sí que está casi siempre presente, en Amy Hempel o Stephen Dixon o Angela Cárter, Mario Levrero. Creo que la ironía también genera cierta complicidad con el lee -tor, como sipudiese estar con esos personajes, tener ciertas expectativas y que todo salga mal, aun así, reírse un poco y seguir.

— ¿Ha necesitado enfadarse con el mundo para escribir estos cuento?

— Creo que es raro que una persona no esté enfadada con el mundo, con lo que pasa en el mundo. Quizá vivo bastante enfadada con el mundo, como muchas y muchos, pero cuando escribo hay otras emociones enjuego, busco la ternura, busco el juego, busco lo monstruoso también, y escribo desde esos sitios. Quizás más quedesde el enfado, he escrito el libro desde la incomodidad, la incomodidad dehabitarme y de habitar el lenguaje, el cuerpo.

— ¿Cree en un excesivo culto al cuerpo?

— Sí,creo que es evidente y que está demasiado normalizado. Es quizá de las cosas más monstruosas en esta época y muchas veces eso se relaciona con la idea de tener un cuerpo y no ser un cuerpo. Somos cuerpos, somos fluidos, somos carne que se pudre. El culto al cuerpo a veces impide que veamos con naturalidad eso que somos, parece que lo tenemos y lo podemos convertir, moldear, cambiar, que es una cosay no eso que somos todo el tiempo.

— El mundo femenino aflora en sus relatos, ¿cómo se vive ese mundo en los países del otro lado del Atlántico?

— Todavía hay mucho por conquistar, todavía hay demasiado silencio entre madres, abuelas, hijas. Necesitamos encontrar formas de gritar, de hablar, de romper ese silencio. Pero también es un mundo lleno de ternuras, fortalezas, un mundo cada vez más organizado, sobre todo en países como Ecuador, la fuerza está ahí, en los feminismos, en las mujeres indígenas, ha tomado tiempo, pero creo que es ahí donde está la esperanza de nuevas formas de pensamos como país.

— Sus personajes femeninos no aceptan su destino, ¿este hecho motiva la extrañeza que subyace en estas vidas atormentadas?

— Creo que eso motiva la extrañeza, pero también esos vínculos inesperados entre lo femenino y lo animal, vínculos de ternura y complicidad, de humor y de un lenguaje que no es el de todo el mundo, sino el que se construye en un mundo ajeno, propio, de rarezas y extravíos. No aceptan su destino y van creando sus propias formas de afectos.

— ¿La literatura ha dejado de hablar de la infancia como si esta no fuera ya un territorio sagrado y significativo?

— Me parece que la literatura siempre está emancipándose de los significados que han sido idealizados; la infanciay tambiénla familia o el hogar han sido siempre territorios sagrados o incuestionables y muchas autoras han puesto el foco en subvertir esos significados. La infancia también es el terreno de lo monstruoso, un sitio fundacional en el que no todos los personajes encuentran un espacio sagrado, a veces encuentran solo desamparo o dolor. Y creo que esa emancipación de los temas y las perspectivas amplíanmucho las posibilidades de las historias que escribimos.

— ¿El lector aprecia en sus cuentos las lagunas de la sociedad?

— Me gustaría que el lector entrase en esa fisura de la realidad en donde la sociedad, sus formas, sus sistemas se ponen en cuestión. Creo que la literatura no debe responder siempre a todas las preguntas, debe dejamos con más inquietudes, rasgar y cavar en todo aquello que parece sólido.

— ¿El tratamiento del lenguaje es igual en una novela que en un cuento?

— Enmicasosí,eltratamientodellenguajees igual, uno persigue el lenguaje de cada historia independientemente de su forma. Sin embargo, sí que hay algo más de pelea con el lenguaje en el relato, en la novela puedes desviarte, perderte en un bosque, en el cuento tratas de llegar a un sitio en donde miras algo por única vez; el lenguaje es quizá incluso más escurridizo y hay que correr tras él. En la novela puedes desandar caminos, extraviarte mucho más. En el cuento, me parece que no, que tienes que atrapar cuanto antes la imagen, la emoción, ir detrás de ese lenguaje antes de que la visión desaparezca. Quizá por eso muchos cuentos se escriben en una sentada, aunque luego los reescribas muchas veces, porque persigues una especie de revelación.

— El tema de la maternidad, irrenunciable, en el relato cotidiano aparece en su libro como algo hermoso, extraño, incluso horrendo, ¿es su particular visión al respecto?

— Tengo muchas visiones con respecto a la maternidad. Creo que debe ser deseada y vivida con todas sus contradicciones. Creo que esa no es la realidad de muchas maternidades, que hay horror y monstruosidad en tomo a muchas maternidades y es terrorífico que vivamos en un mundo en el que muchas mujeres ni siquiera pueden hablar de eso y menos tener opciones.

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