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Publishers entrevista a Tamara Silva Bernaschina

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Por Angélica Tanarro

Lo primero, el título, que es también el de uno de los cuentos. Esas larvas de alguna manera están en todos los relatos.

-» Sí, hay algo de lo larvario sobre todo, y de pensar en el estado de larva, que es como un estado intermedio, pero también es un estado en sí mismo. No es un estado incompleto. Es bueno el estado entre el huevo y el adulto. También es algo que generalmente no se ve, porque estaba viviendo en un medio más acuático o incluso dentro de otro cuerpo. Entonces hay algo de esto de ser una larva y de moverse como una larva y de existir como larva que me parecía como una dirección, como una dirección no material, pero sí poética del libro. Es cierto que forma parte especial de uno de los cuentos, pero que está, yo creo, en todos o al menos tenía la intención de que eso pasara.

Su única novela hasta el momento se titula Temporada de ballenas. Y en Larvas lo animal está muy presente. Hay una yegua que resucita, una perra que de pronto se vuelve salvaje… Hay una presencia animal muy importante. ¿Qué tiene su literatura con el mundo animal?

-^Creo que la pregunta tendría que ser ¿qué tengo yo con el mundo animal? Porque hay algo de todo lo animal que siempre ha estado cerca. No puedo pensar en un momento de mi vida en el que no haya estado cerca de un perro, un gato, una gallina, un caballo… Esto para míes muy cercano y creo que tiene que ver con una cuestión biográfica, de haber crecido en el campo y de que siempre hubo mascotas en casa y siempre muy cerca de los animales. Yo sé que a veces eso no pasa o tenés un perro durante muchos años y ya está. Pero esto de qué tiene el libro con lo animal yo creo que es más qué tengo yo con lo animal. Y es esa cercanía y el interés absoluto hacia otras formas de vida que no son las humanas.

Animales que establecen vínculos extraños con los humanos. Esto también es un hilo conductor en el libro.

Sí. Había algo como de explorar un tipo de vínculo que no fuese el habitual entre humanos y animales que me parecía muy estimulante y que cuando empezó a pasar ya en el resto de los relatos aparecía de forma muy natural (risas). Lo que sucede en Jauría sería el ejemplo más… más nítido de esa relación. En Mipiojito lindo también hay algo de eso en la relación del niño con los piojos o en Arena, arena, arena, donde la relación que tienen los dos muchachos con la yegua también es muy cercana. Me

interesaba desfigurar un poco el tipo de relación que tenemos con los animales, que siempre es jerárquica.

¿Cómo fue la construcción del libro? Porque, según creo, tenía sólo dos cuentos escritos cuando recibió la llamada del editor pidiéndole un texto. Esto no ocurre todos los días. ¿Cómo fue a partir de ahí la escritura de Larvas?

-» El libro se fue construyendo hacia adelante. Con mi anterior libro de relatos no fue así: yo tenía muchos textos y lo que hice fue seleccionar. En este caso fue todo construcción a partir de esos dos cuentos que marcaron de una manera la dirección, el tono y mi interés acerca del libro. Y con esos dos cuentos se fue armando el resto, no como una cosa de expansión y de que tienen que ver directamente, pero sí esto… como algo más sutil, como si en esos primeros estuviera condensado el resto. Y en un momento, todo me hacía sentido de unidad. Y pensé: se cierra acá, esto funciona. Hubo desde el principio un sentido de unidad que por ahí los libros de relatos a veces no tienen, pero yo creo que deberían tenerlo. Disfruto mucho cuando lo tienen. Cuando funcionan en el mismo universo.

En este caso es así y no sólo por una cierta unidad temática sino también por una unidad geográfica. Los cuentos se ubican en un lugar que no se menciona, pero esa agua, ese clima dan pistas de dónde están ubicados.

-» Sí, yo me imagino que mientras los estaba escribiendo pensaba: bueno esto podría transcurrir en el Río de la Plata. Y esa identificación hacía que yo estuviese muy segura de narrar ciertos lugares y dinámicas en ciertos lugares, porque son lugares que conozco. Creo que esa seguridad a la hora de la escritura lo que permite después es una extrapolación y que vos agarres ese lugar. Todo se parece al campo en el que estuve de niña hace unos cuantos años. Entonces hay algo geográfico que es muy concreto para lectores uruguayos. Por ejemplo, saber de qué estamos hablando cuando hablamos de un río en el que hay tal o cual cosa, pero saliendo de Uruguay esa posibilidad es mucho más amplia.

En sus libros es muy importante el tratamiento del lenguaje y el conseguir cierta sonoridad. ¿Le sale natural? ¿Es algo muy trabajado?

-» Leer los textos en voz alta ayuda mucho y es lo que hago. Termino un texto, dejo que repose lo suficiente y después lo leo en voz alta y veo cómo fluyen las palabras, cómo suenan y cuando algo no me suena bien, que a veces no tiene que ver con una cosa muy concreta y es más algo de una sensación, lo cambio y trato de que me genere… bueno: lo que me debería haber generado en un principio. Entonces hay algo muy de ir hacia un lugar de la intuición que me cuesta un poco nombrar.

Parece que se confirma que hay una especie de boom de escritoras de narrativa breve al otro lado del Atlántico que están en primera línea, siempre teniendo en cuenta que los cuentos no son un género fácil. ¿Cómo ve este fenómeno y cómo se ve ahora formando parte de él?

-» La verdad es que no lo tengo muy claro. Para mí esto de la forma breve me cuesta verlo como un boom, porque vengo de una tradición de cuentistas. La tradición literaria del Río de la Plata es de cuentistas, de escritores como Quiroga, Cortázar, Borges incluso… Armonía Sommers, Felisberto Hernández, Juan Carlos Onetti, que fue un gran cuentista y novelista. Entonces lo del boom de la forma breve me suena extraño viniendo de donde vengo. Es cierto que Páginas de Espuma tiene un catálogo increíble, con cuentistas in-creíblesy sobre todo con una mirada determinada. Yo fui muy lectora de la editorial antes de formar parte del catálogo porque cuando llegaba un libro suyo, yo decía seguramente sea interesante y no solía decepcionarme. Me parece difícil en este momento, desde el punto de vista editorial, generar un catálogo con ese nivel de solidez. Seguramente tiene que ver con una mirada de los editores a la hora de decir ‘es por acá’ y de sostenerla y de no distraerse con otras cosas. Estoy muy contenta de formar parte de este catálogo.

Y aunque, obviamente, cada una tiene su personalidad y su estilo se detecta un rasgo común que no sé si tiene algo que ver con la procedencia o es un tema generacional. Es ese gusto por lo insólito, por lo extraño que a veces roza lo macabro incluso el terror. ¿Lo ve así?

-» Creo que tiene algo de las dos cosas. No es algo que aparece de modo espontáneo. Tiene que ver con crecer leyendo y estar cerca de García Márquez ¿no? No sé. Cuando leí Cien años de soledad me pareció que nunca había leído nada que se le pareciera. Con esa sensación de extrañamiento y esa posibilidad que tiene lo fantástico, lo mágico. A mí me encanta como lectora. Y también hay algo de haber crecido cerca de las historias más mágicas y de toda esta interpretación más alejada de lo que nos puede parecer que es la realidad. Me parece que la realidad está llena de estas cosas insólitas, inexplicables, terroríficas… Son las dos cosas. Hay una formación de lectora que tiene que ver con eso y también un contexto biográfico que lo alimenta.

Por su juventud y por el éxito temprano de sus libros que han ganado varios premios se le considera algo así como una líder de la nueva generación de la literatura uruguaya. ¿Tenía otros referentes en su país, pienso en Cristina Peri Rossi, por ejemplo, gran autora de cuentos?

-^Hay grandes escritoras uruguayas que me acompañan, sobre todo en mi formación lectora y mi sensibilidad. Cristina llegó de forma mucho más tardía, pero puedo pensar en Inés Bortagaray, en Natalia Mardero, que son escritoras contemporáneas. Las leí siendo adolescente y hubo algo que me hizo pensar en la escritura de otra manera. Eugenia Ladra también, Gabriela Escobar, Leonor Curto… Son autoras a las que he leído antes incluso de publicar, no antes de escribir, porque escribir, escribo desde siempre, pero síantes de pensar en publicar. Ellas ya tenían un mundo creado y están cerca siempre.

¿Y no le pesan las expectativas que se han puesto en su escritura? Eso de ser el nuevo estandarte de la literatura uruguaya…

-» No, no, no. En realidad no me genera presión, me genera entusiasmo. Me parece que es muy hermoso que haya alguien, no sé, que se acercó a uno de tus libros y dice ‘quiero seguir por los demás’. O los leyó todos y dice ‘quiero ver qué hace después’. A mí algo de esa confianza y de ese deseo de seguir leyéndome me llena de emoción. Y a la hora de escribir pasan tantas cosas que no tienen que ver con cómo se recibe o con lo que se espera que no. Por ahora no siento esa presión que tal vez en un momento sí se vuelva abrumadora. Ojalá que no, pero no es una cuestión que ahora me preocupe demasiado.

Y luego están los premios, que ya tiene unos cuantos. ¿Cómo se lleva con ellos?

-» Los premios tienen algo muy concreto que es hacer que el libro
siga, que los periodistas se interesen más por el libro, que una librería lo tenga un poco más de tiempo en la vidriera… Y hay algo de esa difusión extra del libro que se agradece y al final funciona. También hay algo muy concreto: a veces los premios tienen plata y eso se agradece. Y algo más abstracto que tiene que ver con la suerte. Y la idea de legitimación que a veces es necesaria para que, por ejemplo, te inviten a ferias internacionales. Después, más a nivel personal y emocional, siempre es una sorpresa. Y luego están las preguntas. Siempre me pregunto qué libros se premian y cuáles no, qué criterios entran ahí. Siempre hay como una decisión muy, muy subjetiva. Los premios hay que tomarlos con mucho cuidado y agradecerlos, por supuesto, pero no pueden ser la dirección de nada, ni el marcador de valor de ninguna cosa, sobre todo en el arte

 

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