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Revista L entrevista a Mariana Enriquez

«Considerar a la literatura de terror entretenimiento fue un error»

Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973) es autora de novelas y relatos en los que lo irracional y el miedo encuentran siempre resquicios para colarse y hacer temblar lo que creíamos a salvo. En Conversación con la oscuridad (Páginas de Espuma) deja la ficción para navegar por la literatura de terror y pensar su evolución y cómo se mezcla con la sociedad y los miedos ancestrales y cotidianos.

La literatura de terror se ha considerado un género de entretenimiento, con el carácter negativo que conlleva, ¿ha cambiado la mirada con la evolución del género?

Lo que creo es que considerar a la literatura de terror solo un entretenimiento fue el error. No creo que el género haya evolucionado tanto; de hecho, creo que la crítica o la consideración general se acomodó. Hay entretenimiento en absolutamente todos los géneros, pero nadie diría que Otra vuelta de tuerca de Henry James o Aura de Carlos Fuentes son textos sin importancia. Y son entretenidos también, por supuesto. En general, la literatura de terror es un asunto muy serio, solo que los lectores y críticos del mainstream no estaban tan interesados en investigarla o siquiera leerla fuera del prejuicio.

Nos cuentas que, en el origen, en la literatura gótica lo fantástico estaba siempre presente, algo ya no necesario, ¿es más terrorífica la realidad?

Por supuesto, siempre. Pero la realidad, cuando es material para la literatura, necesita ser pensada, porque no existe un espejo. El elemento fantástico es igual de necesario que siempre para poder pensar la realidad con la imaginación.

El terror es un campo mestizo en el que caben asuntos distintos de lo que habitualmente definimos como tales, ¿ha sido siempre así, desde las escritoras victorianas?

Siempre ha sido así, creo. Las escritoras victorianas son antecesoras notables en su abrazo completo al fantástico, quizá porque, justamente, se lo consideraba un género menos serio y por eso adecuado para las mujeres. Las escritoras victorianas eran maravillosas con el cuento gótico y de fantasmas, y ellas también están siendo redescubiertas, como Vernon Lee, Edith Nesbit o Juana Manuela Gorriti.

¿En qué medida la literatura que refleja los miedos es la respuesta a una esperanza rota, qué miedos actuales pueden ser contados bajo el prisma del terror?

A una esperanza rota, no lo sé. Depende. Cada escritor canaliza los miedos propios y los sociales —que por supuesto también son los suyos— de una manera diferente. Supongo que hoy el miedo ambiental, el miedo al cuerpo y el miedo a la muerte pueden ser contados bajo el prisma del terror.

¿Ha crecido en América como reacción a una realidad social más?

Ha crecido en muchos lugares, y tiene una gran visibilidad en América Latina. No creo que solo pueda atribuirse a una realidad social. Eso siempre está presente, por supuesto, y en América Latina se convive con ciertas realidades que producen emociones muy relacionadas con géneros que puedan pensar la violencia, la memoria, el despojo, el colonialismo. Pero creo que también las lecturas tienen mucho que ver: los consumos culturales, el cine y la televisión globalizada. El fantástico y el terror son géneros populares: son los libros que leímos, las películas que vimos. Y también son los cuentos folklóricos y las historias de aparecidos de nuestros países. Y son las violencias. No es solamente una variable.

¿Es la violencia el motor más grande del terror?

La violencia siempre es uno de los motores más importantes del terror, en tanto la violencia no solo asusta, sino que desordena, lastima, traumatiza y, por qué no, también endurece.

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