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Vanity Fair entrevista a Sofía Balbuena

Por Javi Sánchez.

FUENTE: https://www.revistavanityfair.es/articulos/sofia-balbuena-escritora-entrevista

Sofía Balbuena, escritora: “A las mujeres se nos ha socializado para el autocontrol y, cuando estalla por pura presión, pues claro: estamos locas»


La autora de Personaje Secundario, el libro de relatos con el que ha ganado el IX Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve, reflexiona en esta entrevista sobre la condición humana, la mirada del deseo, y el efecto de pasar de escribir ensayo a cuentos de ficción: “Me encanta, pero me dan más pudor las cosas que imagino que las cosas que hice”.

Nunca pensé que fuese a escribir un libro de cuentos, o ganar un premio, me sorprendí incluso a mí misma”. Sofía Balbuena, (Salto, Argentina, 1984), que empieza desarmando con su franqueza, es la reciente ganadora del IX Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve, con Personaje Secundario (Páginas de Espuma, 2026). Cinco relatos que se asoman por medio mundo –Estados Unidos, Argentina, España– a la cotidianidad femenina, “sin concesiones en su exploración de la naturaleza humana”, como decía el presidente del jurado, Juan Gabriel Vásquez. Y que supone el debut en el género corto de Balbuena, aunque sin perder ese hilo conductor que ya permeaban la semificción de Sutura (Seix Barral, 2025) o el ensayo Borracha Menor (Caballo de Troya, 2024): una mirada directa a la condición de mujer. En este caso, en relatos donde no solamente se observan vidas que habitualmente no llegan a protagonistas –»quería ver la tensión con la que vive una mujer normal»–, sino sobre las que pesa siempre la amenaza del colapso, la vida a punto de desplomarse, la presión entre nuestros mundos interiores y la realidad social externa.

Balbuena, en esta entrevista, me cuenta que el interior de las personas, especialmente de las mujeres, “es como un patio que hay que estar baldeando constantemente con agua, y que se te llena de hojas con el cambio de estación. A las mujeres se nos ha socializado para el autocontrol, para reprimir ese mundo interior, para no mostrar lo que nos pasa por dentro y, cuando estalla por pura presión, pues claro: estamos locas [risas]”. Y sus relatos se asoman a esos patios, a esa experiencia “común a las mujeres de mi generación, que he visto en los dos continentes, en los tres países, en las cinco ciudades en las que he vivido”.

Para la autora, el premio –que cuenta entre sus ganadores previos con Samantha Schweblin o Marcos Giralt Torrente, ganadora y finalista respectivamente del Premio Aena– es “un regalo más que te da la vida”, porque presentarse lo concibió más como un autodesafío, una forma de obligarse a completar un libro de relatos que empezó a gestarse hace años en Iowa, con una beca de escritura creativa, y que concluyó poco antes del final de la convocatoria, con el apoyo y la lectura de su amiga, la escritora Sabina Urraca. “Yo vengo de la no ficción, soy lectora de no ficción, me gusta pensarme ahí, me gusta poner las patas en ese charco, y escribir este libro fue decirme ‘que no sea porque no lo hayas intentado’. Pero no para ganarlo, sino para obligarme a terminarlo». Una ficción para la que intentó imaginar primero «otras Sofías, otros recorridos vitales», tras haberse puesto en primera línea en sus anteriores obras y que ha terminado con cinco retratos sobre la maternidad, el amor, el despertar sexual, la búsqueda de sentido o todo a la vez.

O tirar de “un gran elemento de la ficción, la observación, como cuando estás en una plaza en una ciudad, vas cargada, te sientas un momento a descansar, y al mirar descubres que hay todo un ecosistema de vidas que se desarrollan a tu alrededor”. Vidas anónimas, tapadas, habitualmente no protagónicas. El título del libro, Personaje secundario, ya surge de una de las protagonistas, una académica atrapada en varias relaciones que, en unas vacaciones en México, se contempla a sí misma como “un personaje secundario, un decorado, alguien que pronto sería olvidado por toda la ciudad”.

Esa sensación se convierte en hilo conductor de los relatos. En el primero, se comprimen años de una madre jovencísima en una biografía estremecedora. Y que bebe de esa observación: “Yo que soy muy pesimista con el mundo, cuando veo a veces madres tan jóvenes en este mundo donde la edad de tener hijos cada vez se retrasa más pienso ‘guau, qué valentía’, cuál será la historia de esa chica. Y ese arranque surge de ahí, yo no he tenido hijos pero quería pensar más íntimamente, mirar lo que sea que haya dentro de cada una de nosotras, las que decidimos no ser madres, o las que decidieron serlo. Pensar más allá de bien o mal, o blanco o negro, entrar en las paradojas que tiene la construcción de una familia a largo plazo».

Personaje secundario, además de ser un conjunto de relatos con esa poco habitual perfección en el lenguaje, donde cada frase es capaz por sí misma de mover al lector desde el humor al dolor en apenas unas líneas, es un libro ciertamente político, feminista en su mirar. Sus dos primeras protagonistas, por ejemplo, “orbitan en torno a la mirada masculina, sienten que existen en la medida en la que son percibidas”. Pero luego llega Tsunami, un relato de lesbianas donde el sexo, el deseo, o los naufragios afectivos se presentan sin tapujos. “Es otra mirada, a todas las personas nos gusta sentirnos deseadas, y algunas incluso construyen su identidad en busca de esa mirada que las desee. Y tras haber presentado a esas dos mujeres, me apetecía enseñar que bueno, las lesbianas podemos ser igual de taradas que las hetero [risas], en el sentido de que también podemos estar todo el rato orbitando en relación a alguien”.

En general, ninguna de las mujeres que lo habitan son juzgadas por la voz que narra, pero tampoco ninguna participa de una mirada aséptica o benévola. Y le digo a la autora que cada una de esas historias también ha resonado en mí como lector: “A mí me cuesta muchísimo ese feminismo simplificador que dice que las mujeres son buenas y los hombres son malos, me parece que le hace mal al pensamiento crítico. Quería pensar cuándo somos nosotras capaces de hacer o hacernos daños, que lo somos, constantemente. Cuando haces cosas que te dices ‘por qué lo hiciste, por qué le dije esto a este tipo, por qué hice esto con esta persona’. Y creo que eso también es bueno: pensar el feminismo no como un campo de rosas, sino como un terreno en el que hay que dar ciertas discusiones”.

Que esto no despiste a futuros lectores: los relatos son extraordinarios en lo literario, estructurados en capas donde la fuerza del cuento como narración no se diluye en ningún momento por sus subtextos. Y el salto de la no ficción a la ficción le sienta perfectamente al talento de Balbuena, que reconoce sentirse ahora cómoda. “Al principio tenía miedo de no ser capaz, y ahora estoy encantada, me digo ‘por qué escribías todo eso’”, se ríe, en referencia a sus ensayos. “Incluso me da más pudor imaginar ciertas cosas que escribo, que son como producto del deseo oscuro esas cosas que tenemos todos en la cabeza, y que al ponerlas a producir para ciertas escenas del libro, no sé: las cosas que imagino me dan más vergüenza que las cosas que hice”.

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