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Por Alberto Sisí Sánchez.
FUENTE: https://www.vogue.es/articulos/sofia-balbuena-entrevista-personaje-secundario-libros
Sofía Balbuena, escritora: “Si tuviéramos que pensar en la edad que tenemos y la vida que podríamos tener, nos quedaríamos muy tristes”
La autora argentina se estrena en los relatos con ‘Personaje secundario’, una recopilación de cuentos protagonizados por mujeres que no desean estar ahí
En Personaje secundario (Ed. Páginas de espuma), Sofía Balbuena (Salto, Buenos Aires, 1984) se adentra por primera vez en el mundo de los relatos. Pero no solo. Tras Borracha menor (Ed. Caballo de Troya, 2024) o Gente sin paz (Ed. Almadia, 2025) se decide también a explorar el universo de la ficción. “Siendo honesta, lo he hecho porque no te toman en serio si no”, confiesa con cierta sorna en conversación con Vogue España en el lobby de un hotel del centro de Madrid. “Tenía varias propuestas para seguir haciendo libros de los que a mí me gusta hacer, de reflexión o ensayo, pero buscaba también la respuesta genuina para saber si era capaz de hacerlo y de entrenar el músculo de la imaginación. Me tomé el libro como una forma de tratar de hacer algo nuevo, dominar una técnica, un registro y un soporte nuevos. Pensé que el ecosistema en el que estamos lee diferente la ficción de la no ficción. Quería ser leída”.
El resultado es una colección de cinco cuentos con el que la autora se alzaba hace unos meses con el IX Premio Ribera de Duero de Narrativa Breve. Lo conseguía con esta serie de historias a priori independientes, pero en cierto modo entrelazadas. Una mujer que decide tener un hijo de un tipo de Tinder, una doctoranda que no sabe muy bien lo que quiere en el terreno amoroso o una chica que llama al cambista durante un paro nacional en Buenos Aires son algunas de las protagonistas. Mujeres que, en realidad, no quieren estar donde les ha tocado.
“Los dos primeros cuentos los escribí muchísimo antes que los últimos tres, del tirón, primero uno y luego el otro antes de darme cuenta de que eran muy parecidos –cuenta la historia de dos parejas con sus problemas internos–”, comparte la autora. “Supe que quería seguir escribiendo sobre eso, me permití abordarlo desde distintos prismas y pensé que todos tenían que hablar de lo mismo. Se arma por la necesidad de lo que yo quiero hablar: el constante vivir en tensión que no puedes dejar marchar porque se te viene abajo la vida. La única salida que tienen las protagonistas es volverse locas”.
Resulta difícil no ver a la propia Sofía Balbuena en lo que aquí se narra. Muchas de sus experiencias sirven como inspiración, pero esto no es autoficción y, no, esto no es un autorretrato. “Más que en mí, la inspiración la encuentro en las mujeres que son como yo. Tengo 42 años, pero siento que hay algo de una juventud que se estiró, se estiró y se estiró. Creo que pasó porque al sistema le sirve que nos sintamos así, que no resulte escandaloso compartir una vivienda o que sigamos drogándonos. Es muy funcional para un mundo en el que cada vez vivimos peor, pero no queda otra”, reflexiona. “Mis amigas se parecen a mí y yo me parezco a mis amigas. Cuando levanto la cabeza y veo a la gente con la que comparto recorrido, tienen problemas parecidos, piensan en lo que pienso yo. Obvio utilizo lo que sucede en mi vida sobre todo para armar atmósferas. Si tuviéramos que pensar en la edad que tenemos y la vida que podríamos tener, nos quedaríamos muy tristes. Lo veo mucho en mi generación. Se da la sensación de que nunca alcanza y no vamos a conseguir estar donde tenemos que estar”.
Cinco historias y cinco protagonistas que no pueden escapar de unas realidades opresivas. “Estamos en una época estúpida y simplista. Todo es muy básico: esto está bien o esto está mal. El movimiento feminista celebra el gesto triunfalista. Anda a la mierda, no se puede, ¿de qué me hablas? ¿Sos menos feminista si no puedes escapar de tu propia vida? No”, opina la autora vehemente. “Quería cuestionar esas cosas, cuestionar que estemos aplicando el gesto triunfal y la subjetividad de quienes hemos sido socializada como mujeres. Eso nos condena a comportarnos de cierta forma, otra forma más de castigarnos o leernos como malas mujeres”, continúa. “Por eso las protagonistas podían ser estas mujeres que no están conformes con quiénes son, que no están seguras de poder salir de ahí y que tratan de navegar el mundo que construyeron con las herramientas que tienen. No saben si pueden romper con todo porque no saben si al otro lado hay una vida mejor, quizá no. Son realistas y pragmáticas. Ahora resulta que si no nos separamos y damos un portazo, nos conformamos. Mi respuesta es ‘chúpame un huevo’. No creo en eso”.
La salvación de todas las heroínas de Sofía Balbuena pasa por sus amigas. Ella misma ha hecho gala de tener muchas y muy buenas desde que volvió a España hace algo más de dos años. “A mí mis amigas me han salvado la vida incontables veces. Yo he salvado la suya también en ocasiones. Lo he normalizado, no me parece una cosa extraordinaria. Me parece parte de esta juventud alargada que mencionaba antes”, comenta. “Los que nos sostienen tienen una vida parecida a nosotras. Aun así, la amistad es un terreno poroso que puede convertirse en algo hostil y tiene sus claroscuros. Me interesa mi tiempo y si voy a hablar de ello, la amistad es parte constitutiva de nuestro armado vital. Se diversificó la forma en la que nos sostenemos. Hay algo de eso que es muy de la época”.
En tiempos de cierto puritanismo en prácticamente cualquier expresión artística, llama la atención lo explícito de la propuesta de Balbuena en lo sexual. “El otro día fue a ver a Labatut, que estuvo aquí en Madrid. No leí sus primeros cuentos, pero el entrevistador le decía que hablaba mucho de sexo y él reconoció que no lo hacía más porque era muy difícil. Para mí era un reto el tratar de hacerlo bien. Mis personajes no tienen otra cosa así que si tienen ganas de coger, van y cogen. No hay seguridad económica, pero si un cuerpo que les proporciona una manera de disfrutar”, piensa la escritora. “Giuseppe Caputo decía en una entrevista reciente que el sexo te iguala. Todo el mundo puede coger bien y no es una cuestión de clase. Hay ahí una liberación. Me parece que está bueno intentar calentar a tu lector. Yo sentía el fervor dentro así que quería ver si conseguía transmitirlo”.
Asentada en la escena literaria de la capital desde hace varios años, Sofía Balbuena es parte integrante de esas nuevas escritoras en español más a tener en cuenta. ¿Cómo se lleva con su propia condición de autora? “No hay escritor que no sea un ególatra. Imagínate qué pulsión tienes cuando buscas que la gente te lea y que te hablen sobre eso, generen material asociado. Eso es muy megalómano. Cuando escribimos ese libro con Sabina y con Daniel [Gente sin paz], él contaba que se comía los dedos. ¿Qué escritor no se devora a sí mismo? Te comes la carne y la pones a generar valor”, analiza. “Hay muchas formas de ser escritora. Las autoras ahora tenemos que estar haciendo payasadas y chistes en nuestras presentaciones porque ya no hay textos, hay solo nombres”.
Y ahí entra en juego, sin duda, esa omnipresencia de los escritores en redes sociales. “Cada vez pongo menos de mí. Tengo mejores amigos en los que me ves la cara, pero ya. Siento que cada vez el texto pesa menos y cada vez más el nombre. Eso son las reglas y con ellas tenemos que jugar. Entiendo que es así, no me escandalizo y trato de protegerme. Con mi vida soy muy reservada, pero disfruto un poco del show que pueda hacer en internet. Te lo tomas así o te vuelves loca”, comenta.
Balbuena ve una posibilidad de final a esa eterna juventud a la que hace referencia. “Creo que sí, a la fuerza. Lo dejé con mucha renuncia y mucho dolor, pero no podía más. Cuando volví a Madrid estaba en medio de una nube porque me había mudado 70 veces de continente y casi me mato. Lo que me costó esa vez el volver a armar una vida. Asociaba la juventud a ese movimiento y me dolió dejarlo atrás, pero decidí envejecer. No podía hacerlo más, me generé mucho dolor a mí misma”, rememora. “Trato de no comprar la pose estúpida, censuradora y antijoven, que también está por ahí un montón. Me parece una pelotudez. El otro día fui a ver a Bad Bunny y me pareció una verga el estar allí en medio del estadio, pero no me autocensuro y no lo hago con los demás, ese es el movimiento fascista de nuestra época”, concluye.








