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Bohemio de Hojalata reseña Larvas

Por Daniel Marchante.

FUENTE: Bohemio de Hojalata

Cuentos de lo insólito y lo extraño

Larvas (Tamara Silva Bernaschina, Páginas de espuma, Madrid, 2025) es un compendio de cuentos atípico. Los relatos que componen esta obra reivindican la naturaleza, los animales y una cotidianeidad aparentemente anodina. En medio de la rutina aparecen hechos insólitos y extraños. La mayoría de historias contienen pinceladas de entes sobrenaturales sin que los textos se adscriban a lo fantástico ni al Realismo mágico. No entramos en ese terreno cuando nos sumergimos en estos escritos. Al contrario. Nadamos en la orilla de estos y otros géneros. La autora, por su parte, nos cuenta estas historias con una prosa minimalista y precisa. No falta ni sobra nada. Aunque haya relatos que parezcan terminados abruptamente, son como son.

Admiración. Es un sentimiento que profesamos hacia personas, lugares o ambos conceptos. El corazón nos late más deprisa, edulcoramos la realidad. Creemos que el objeto o sujeto admirado contiene lo que necesitamos. Creemos que llena el vacío de nuestra existencia o, al menos, la complementa. Dicha sensación nos puede llevar a amar a seres tan fuera de lo común como los piojos en «Mi piojito lindo». Un niño juega con estos insectos. Su madre acepta los sentimientos de su hijo y le cepilla el cabello con un cepillo metálico. No se lo corta. No quiere que su pequeño se deshaga de sus pequeños amigos. En este caso, la admiración no provoca efectos nocivos en la persona que la siente.

A veces, la fuerza de este sentimiento nos lleva a ver el mundo distinto. El fuego, si te acercas demasiado, te quema. La pasión desmedida hacia algo o alguien, también. En «No acampar ni abordar», la protagonista se maravilla de la naturaleza. Practica senderismo cada día, se enamora de Ignacia y pasan mucho tiempo juntos. En la montaña. Si nadie. Hasta que su amada se convierte en roca y la aplasta. Quizás Ignacia era el espíritu protector de la montaña. Quizás fuera un ente que habita ese lugar. Algo tan antiguo que no tiene nombre, ni forma ni voz. Simplemente nuestra percepción de la realidad no alcanza para comprender qué son estos seres. Todo empezó con la admiración por la naturaleza. Por algo simple. Común. Mundano. Y, poco a poco, lo extraño va extendiendo sus enredaderas por los párrafos del relato y se hace con la protagonista.

No es el único ejemplo en el que Silva Bernaschina profesa una pasión desmedida hacia la naturaleza. Se podría considerar uno de los hilos conductores que hilvanan los cuentos de esta obra. El campo. El silencio. El sonido de los animales en la quietud del bosque. La ausencia de humanos o una presencia tímida. En «La joven edad», por su parte, vemos cómo un grupo de parejas se asienta en una suerte de aldea en medio de la jungla. Todo el mundo parece feliz. Se han liberado de las prisas de la ciudad, de su aire contaminado, del estrés que envenena a todo el mundo. Ahora están en la naturaleza. Nada malo puede pasarles.

Dicha imagen bucólica del campo los vuelve ciegos a los entes antiguos que habitan los bosques desde tiempos inmemoriales. En esta historia algo extraño observa entre la maraña de ramas a los humanos. Hay un lugar prohibido. Un supuesto claro en la selva cuya belleza eclipsa a cualquiera. Tanta admiración no deja que vean que esconde la tierra. Huesos de supuestos cachorros de perros. Si perturbas el sueño de los muertos, algo sucede. Si tocas lo que no se debe de tocar, lo antiguo te dará una repuesta. Y no siempre será agradable. Probablemente, esta respuesta casi sobrenatural es la que reciben las mujeres que se quedan encinta en este lugar. Un lugar natural repleto de vida no siempre acoge a los bebés de los humanos.

Esta relación de amor y muerte entre las personas y la fauna y flora supone una constante en este compendio de cuentos. Casi siempre todo ocurre en el campo. Sin embargo, hay un caso que ejemplifica perfectamente hasta dónde está dispuesta a llegar una persona por el amor incondicional que deriva de esa admiración ciega por algo o alguien. Josefina siente compasión por una perra que ha asesinado a un niño. La acoge, la alimenta, la cuida. Acaba encariñándose con ella. La perra vuelve a matar. Esta vez a un anciano que la ha dejado media muerta. Josefina la perdona. Cuando la perra pare cachorros y una jauría de perros se los comen, Josefina se entristece ante esta crueldad. Otra persona podría pensar que se trata de justicia poética. Quién sabe. La relación entre ambas continúa. Un día, de repente, varios perros llegan a donde está la perra asesina. Josefina les da la bienvenida de una forma extraña. Se desnuda y ofrece su cuerpo como sacrificio. En cierta manera, lo que nació de la compasión derivó en amor y este se transformó en una fe ciega. Similar a la que algunas culturas antiguas profesaban hacia los dioses del pasado cuya ira creían que se paliaba con sacrificios humanos.

Larvas es una de esas obras que dan ganas de releer. Los relatos que la componen son breves, contundentes y, al terminarlos, te descolocan. No por su brevedad o sus finales abruptos sino por la admiración, la devoción, el amor que sienten personajes en situaciones corrientes. Escenas que, sin el salpimentado sobrenatural, podrían pasarle a cualquiera. Todos podemos enamorarnos de una montaña, una perra, unos piojos o de una zona perdida en la naturaleza. Lo que yace en las entrañas de estos lugares y seres ya son cuentos de lo insólito y lo extraño.

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