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InfoLibre entrevista a Ginés Cutillas acerca del manual Escribir microrrelato

Por Carmen Peire.

FUENTE: InfoLibre

Cuando se despertó, ahí estaba el microrrelato

Hablemos del microrrelato, más cercano a la poesía que ningún otro género, como sugieren los especialistas, en el que una coma de menos o un adjetivo de más puede hacerlo naufragar. Está conociendo su auge a través de las redes, es fácil de difundir por ellas y también por las ondas radiofónicas, como en el programa de Relatos en cadena, de la SER, y también durante muchos años aquí, en Los Diablos Azules, a través de la sección Liebre por gato coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. Muchos piensan que es un género fácil, yo opino lo contrario y, según se va asentando el canon, según se van escribiendo, una se da cuenta de la dificultad que entraña, si quiere cumplir con lo que se va diciendo respecto a él.

Hay numerosas antologías sobre microrrelato y han sido publicados también varios libros relacionados con las técnicas y reglas que deberían seguir los microrrelatistas. Pese a ello, muchos menos de los que se han publicado sobre novela, poesía o relato.

Por ello, vuelve a ser novedad el volumen titulado Escribir microrrelato, de Ginés S. Cutillas, editado por Páginas de Espuma con el subtítulo de Manual de Escritura de minificción.

No seré yo quien entre en el debate de cómo llamar a esta forma de narración mínima, porque podemos encontrarnos con múltiples acepciones, aunque al parecer se va asentando la que viene en el título del libro.

Ginés Cutillas es conocido, sobre todo, dentro de este género y lleva alrededor de veinte años dando talleres y dinamizando la actividad en torno al microrrelato, hasta el punto de existir una convocatoria de un premio de microrrelato, en la ciudad de Ávila, que lleva su nombre.

Por todo ello me lancé a preguntarle sobre este libro y este es el resultado:

¿Cómo surgió este volumen?

Es un encargo de la Escuela de Escritores para su colección de manuales de escritura publicados en la editorial Páginas de Espuma. Al de cuento, novela, infantil y juvenil, fantástico y poesía se le suma ahora esta nueva entrega, la de microrrelato. Les pasé el índice de contenidos y cuando lo aprobaron me puse manos a la obra. Es, por tanto, un manual coordinado entre la Escuela de Escritores y la editorial Páginas de Espuma.

Cuéntenos un poco el proceso de elaboración.

Llevo casi veinte años impartiendo talleres de microrrelato, muchos de ellos en la Escuela de Escritores. Hará seis o siete años, visto el interés por el género, creamos el grupo de «Laboratorio de microrrelatos»: un grupo de alumnos avanzados con el que me reunía dos horas a la semana de forma virtual para trabajar sus textos, con la idea de publicar un libro. La mayoría de ellos lo ha conseguido. De estos encuentros surgieron muy buenos ejemplos de lo que se debe o no hacer. Yo los fui guardando, primero con la intención de ilustrar a los nuevos integrantes, más tarde, cuando ya tenía un buen ejemplo para cada caso, con la idea de realizar este manual.

Tras el encargo tardé un año en escribirlo, pero podríamos decir que lleva dos décadas conformándose en mi cabeza. Tan solo tuve que proponer un índice lógico en el que el lector fuera aprendiendo los conceptos en el orden correcto y aprovechar todo el contenido generado de manera tan intensa y prolongada en el tiempo.

¿Cuál es su objetivo?

Hay varias maneras de adentrarse en el manual. Nada más abrirlo hay una guía de usos según al tipo de lector al que vaya dirigido.

Generalista: aquel que quiera introducirse en el género del microrrelato desde cero debe leerlo de forma secuencial. De esa manera, consolidará los conceptos en el orden correcto.

Alumnos de taller o lectores que quieran escribir microrrelato: principal perfil al que va dirigido este manual. Pueden saltarse los dos primeros apartados del capítulo «Introducción» y comenzar en el tercero, «Cuánto mide un microrrelato». A partir de ahí, deben leerlo de forma secuencial con el fin de entrar en materia sin necesidad de recorrer la historia del género ni recaer en las controversias sobre su nomenclatura.

Filólogos, teóricos e investigadores: a estos le interesarán justo los apartados descartados en el perfil anterior: «Historia» y «Qué es y qué no es un microrrelato». También la extensa «Guía de lectura» del final, con más de mil referencias, donde asistirán a la evolución del género.

Concursantes, jurados y organizadores de premios: quienes tengan cierta urgencia en adquirir las herramientas básicas para comenzar a escribir o evaluar un texto se han de dirigir al capítulo «Prontuario» y, dentro de él, a los dos primeros apartados: «Decálogo urgente del microrrelato» y «Cómo escribir y corregir un microrrelato». Ambos funcionan tanto de entrada al manual como de resumen.

Profesores de cualquier grado o materia: a ellos va dirigido el apartado «El microrrelato como herramienta didáctica en el aula» del capítulo «Otros aspectos». En él se dan las claves de cómo utilizar el microrrelato para enseñar conceptos desde la literatura, pero también más allá de ella.

¿Qué importancia tiene para usted el microrrelato?

El microrrelato me ha dado muchas alegrías, sin duda. Con solo dos libros en el género se me reconoce más en él que en otros, como la novela o el ensayo, donde tengo más obras publicadas. Supongo que mi tarea de difundir el género, primero en la revista Quimera, con la sección «Los pescadores de perlas», y más tarde en los programas de radio, donde he sido colaborador, me pone en una situación privilegiada para enfrentarme a un manual de este tipo.

No perdamos de vista que la clave del microrrelato es la excelencia, encontrar una estructura nueva en la que no haya caído nadie antes. Por eso cada vez es más difícil escribir un libro en el género sin repetir ideas. El primer punto del decálogo que planteo es «antes de escribir nada, lee todo», conocer lo que existe para no hacer otra vez lo mismo. En el microrrelato se trata de impresionar al lector, por tanto, tienes que aportar algo nuevo. Si repites la fórmula, la tensión narrativa o la sorpresa ya no se producen. Una estructura novedosa quedará obsoleta en pocos años por la cantidad de textos que la han reutilizado.

¿Cuándo se asienta la palabra «microrrelato» para definir a este género?

En 1977, el escritor mexicano y Premio Cervantes José Emilio Pacheco fue el que crea el vocablo para referirse a sus inventarios. Durante un tiempo se discutió el nombre de ese género de mecha rápida y final explosivo. En Argentina, Venezuela y México se hablaba de minificción, en otros lugares de microcuento, minicuento… A principios de los años 2000, a base de congresos internacionales, se unificó la nomenclatura y el término microrrelato se impuso sobre los demás, aunque todavía hay países que utilizan «minificción>> como sinónimo.

¿Cómo ve la relación entre la fábula y el microrrelato?

La fábula clásica tiene una moraleja explícita, con un pareado al final donde se transmite la enseñanza moral. En el microrrelato, la moraleja se esconde tras el subtexto, no hace falta explicitarla. Se me ocurre como ejemplo La oveja negra, de Monterroso, donde se crítica la hipocresía de la sociedad, que elimina o margina al que es diferente, pero luego lo homenajea cuando ya no representa un peligro.

Pues hablemos ahora de la estructura de este libro

La estructura nació de una forma lógica. Me puse en el lugar del posible lector e imaginé un libro donde fuera adquiriendo los conocimientos necesarios de forma secuencial e incrementada. La primera parte nos introduce en la historia del género, en qué es y qué no un microrrelato. Enseguida recaemos en el tema del conflicto, aquello que lo diferencia de otros géneros cortos no narrativos, y en mirar de forma diferente el mundo que nos rodea si de verdad nos queremos dedicar a esto. Luego incidimos en herramientas de limpieza sobre el texto y en cómo utilizar el conocimiento del lector para no explicarle lo que ya sabe. Acabamos con la estructura del texto, pero al revés: final, cuerpo, comienzo y título, pues como decía Poe, «una obra de arte debe comenzar por el final». Repasamos los cinco tipos de microrrelato que existen y una serie de artículos que lo complementan (como el uso del humor, el diálogo o la metaliteratura, por citar algunos) antes de recaer en un prontuario para quien quiera participar en algún concurso o ser jurado del mismo.

Cierra el volumen con dos anexos, titulados «Palabras maestras».

Sí, pedí dos textos como colofón de lujo a dos maestros microrrelatistas: a Ana María Shua, con su artículo «Cuando desperté, el microrrelato ya no estaba allí», y a José María Merino, académico de la Real Academia Española, referente en nuestro país del cuento, del filandón y del microrrelato, entre otros géneros, con su artículo «La minificción en mi obra literaria». En su texto, Merino afirma: «he podido comprobar que el minicuento llega muy bien al público oyente, tiene mucho que ver en su sustancia con la oralidad».

Finaliza con un microrrelato SIN TÍTULO:

—Si supierais lo que he menguado—dijo el relato, y terminó.

(Y yo decido terminar esta entrevista).

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