Todos los cuentos de los Grimm en una nueva edición: clásicos, olvidados y rechazados
Un volumen reúne la colección entera de las fábulas recopiladas por los hermanos
Un niño de cinco años le corta el cuello a otro mientras juegan a carniceros, cocineros y cerdos. Wilhelm Grimm había escuchado esta fábula de la boca de su madre y justificó su inclusión en la primera recopilación de cuentos que publicó junto con su hermano Jacob por “interés científico” y porque, al mismo tiempo, cuando era un crío “lo hizo prudente a la hora de jugar”.
Las dos variantes de este cuento –reproducidas más abajo– salieron por escrito en 1812. Hasta 1857 los Grimm publicaron seis ediciones más de cuentos que recopilaron, y Los niños que jugaban a las matanzas –el título de esa historia– no lo reprodujeron nunca más. Demasiado crudo para el público infantil de familias burguesas para las que más tarde pensaron de destinar los cuentos que reunieron.
Por una razón u otra, más cuentos desaparecieron a lo largo de los años del ideario de los dos filólogos alemanes. Pero ahora Páginas de Espuma los pone todos a disposición de los lectores traducidos al castellano en Hermanos Grimm, cuentos completos.
El volumen supera las 1.100 páginas, porque, además de los veinte cuentos que no acabaron de formar parte de la edición última y canónica de 1857, se incorporan 210 que sí se ganaron el mérito de pasar a la posterioridad, como Blancanieves , La Bella Durmiente , Rapunzel . Y, para rizar el rizo, la edición de Páginas de Espuma incluye ocho historias más de los Grimm publicadas en revistas de la época, y nunca en los libros.
Todo ello hace de este Hermanos Grimm, cuentos completos una recopilación especial. “Es la edición más completa publicada nunca en español”, asegura su traductor, Alberto Gordo. Es él quien propuso sacar el volumen. Gordo explica que se intenta ofrecer “una visión integral” del trabajo de los hermanos, para que el lector pueda comparar el lenguaje directo y las historias más moralmente dudosas de los cuentos suprimidos, con el proceso de “purificación” al que sometieron los otro doscientos.
Por eso, el traductor descartó hacer una edición contrastiva de las diferentes versiones de cada cuento. De hacerla –como lo hizo de solo los 86 cuentos de 1812 la editorial La Oficina del Arte– habría superado las 1.500 páginas.
“En 40 años de edición de los Grimm fueron progresando de un lenguaje científico y filológico a uno más literario y limaron asperezas”, explica Gordo, para hacerlos más adecuados a la moral cristiana y al público infantil.
Para poner un ejemplo: quien desea e intenta matar a Blancanieves en la primera edición es la madre biológica; a partir de la segunda edición, la de 1819, la madre muere para pasar a ser la madrastra quien quiere hacerla desaparecer del mapa. Y este cambio de madre a madrastra lo llevan a cabo los Grimm en no menos de siete cuentos de los que reunieron.
Alberto Gordo y el periodista Andrés Seoane, que ha prologado el libro, afirman que en aquellos tiempos llegó la Ilustración, “y con ella una nueva manera de entender la educación infantil”. Se toma conciencia por primera vez del concepto “ infancia” más o menos como lo entendemos hoy en día. “Eso empieza con las leyes fabriles”, remarca Seoane, aquellas leyes que prohibían hacer trabajar a los niños de ciertas edades. “ Así que algunos relatos simplemente pasan de moda o dejan de funcionar”, añade Gordo.
Por eso también se suavizaron las referencias sexuales, “sin que acaben de desaparecer”, subraya Seoane. Y eso a pesar de la insistencia de contemporáneos de los Grimm, como su amigo escritor y cortesano Ludwig Achim von Arnim, que consideró La boda de la zorra obsceno y pornográfico. “Va de un zorro que enviuda y se hace un juego de palabras con cola , que en alemán también tiene una connotación parecida a la que tiene en castellano: pene”, explica. Esta vez, quien respondió fue Jacob. Pero, a pesar de su oposición a retocarlo, ya que consideraba que era una muestra verdadera de folclore, los Grimm acabaron añadiendo acto seguido una segunda versión menos lasciva.
Pero que fueran más adecuados para los niños no fue el único motivo de las modificaciones. Gordo y Seoane razonan que los Grimm concibieron la colección de cuentos como una especie de muestra de lo que eran los pueblos germánicos, en un momento en el que Alemania no estaba unificada. “Entonces se tenía una visión muy romántica de que este tipo de muestras de cultura popular ayudaban a unificar culturalmente una nación”. El folclore, puesto al servicio de la intencionalidad política.
Los hermanos Grimm no inventaron ni un solo cuento. Se convirtieron en una especie de feudatarios del pasado que pusieron negro sobre blanco los cuentos que se transmitían oralmente por las regiones alemanas. Ahora Páginas de Espuma ha rerrecopilado lo que recopilaron los Grimm.








