«Empieza a no ser nada ingenuo hablar de los árboles», dice Obligado, que por estos días está en Buenos Aires presentando el libro.
Allá en su casa de Madrid, hoy (y ayer y mañana) la temperatura ronda los 40 grados y asusta que el cambio climático, que algunos insisten en negar, no deje de hervirnos cada verano. Definitivamente es importante hablar de los árboles.
«Un árbol de compañía es una bella y poderosa reflexión sobre la vida de nuestros árboles, su respiración, lo que significan para nuestras vidas«, anticipa la editorial. Y es cierto, pero hay mucho más en ese ensayo de 136 páginas, en las que cabe el mundo todo.
Clara Obligado contó en España que el ensayo tiene muchas capas: «Una es la de los árboles, evidentemente –enumeró–. Otra es cómo crece una amistad cuando uno está dispuesto a hablar de verdad. Otra es la relación entre ciencia y letras, que suelen estar muy separadas y aquí dialogan. Y además el libro cuenta cómo se escribió: los problemas, los robos mutuos, las dudas. Es muy sincero«.
El libro se asoma a la turbulenta vida de los árboles, detrás (o, en rigor, debajo) de esa apariencia de inmovilidad: «Dicen que las plantas son capaces de oler, no con un órgano específico como nuestra nariz, sino con mil naricitas minúsculas. Vigilan, se informan, dialogan, convocan a los polinizadores o rechazan a los enemigos«, escriben Obligado y De Tapia, mientras se conocen, mientras pasean, mientras aprenden uno del otro. ¡Qué delicia de libro!
Como todos, Un árbol de compañía será presentado estos días por sus autores. Como pocos, la presentación tendrá por protagonistas a los árboles. La primera cita será este viernes, en Villa Ocampo. «Nos encontraremos en el ingreso a la Tienda, para iniciar una vista de los árboles del predio guiados por Raúl de Tapia«, anticipan. Con seguridad, la vista revelará, además, el modo en el que la literatura anida entre las ramas.