El diario montañés
Por Javier Menéndez Llamazares.
FUENTE: https://www.eldiariomontanes.es/culturas/sotileza/
Las diosas porteñas
A seguran los editores, o al menos los buenos, los que de verdad saben. que un libro tira de otro. Y si al guien sabe de esto en nuestro país, y especialmente de libros de cuentos, esos son Juan Casa-mayor y Encarnación Molina, que llevan un cuarto de siglo batallan-do porque la corta distancia ten ga el mismo reconocimiento que la narrativa de más largo alien to. Una guerra que de antemano parecía perdida, y sin embargo poco a poco se ha inclinando ha-cia su bando. ¿Cómo? Pues a base de libros memorables que, final-mente, han conseguido encon-trar a sus lectores. Un proceso que pasa por la apertura de ho rizontes a ambos lados del Atlán-tico y, sobre todo, por el desem barco en nuestras librerías de una nueva generación de, espe-cialmente, narradoras hispano-americanas, con Argentina como cantera no única pero si princi pal. Vamos, que si la poesía es-pañola tuvo en los ochenta a sus célebres «Diosas blancas’, la na-rrativa breve en castellano ha en-contrado en el esta década a sus
‘diosas porteñas’ de la mano de la editorial madrileña: Samanta Schweblin, Mariana Enríquez, Marina Closs, Ana Maria Shua…. y ahora Magali Etchebarne.
Etchebarne (Buenos Aires, 1983) se llevó el premio Ribera de Duero 2024 con «La vida por delante’, una colección de cua-tro relatos que eran más bien no-velas en miniatura, en las que la vida, más que por delante, pal-pita debajo de la trama: una mu-jer abandonada que somatiza su pena, la amistad entre una es-critora y su correctora, un dolo-roso cumplimiento de últimas voluntades o la pareja como continuación de la guerra por otros medios.
En esta nueva temporada, la apuesta editorial es en realidad un rescate, el del primer libro de cuentos de la argentina, que apa-reció inicialmente en 2017 y aho ra se reedita en versión revisada. ‘Los mejores dias’ contiene ocho relatos, bastante más breves que sus sucesores, pero que antici-pan con claridad el estilo certe-ro y mordaz de la escritora, ade-más de reflejar a la perfección el universo irónico y levemente de-sencantado en el que se ambien-tan sus relatos. Con un uso ma-gistral de la primera persona, la autora indaga en lo cotidiano a partir de diferentes miradas y con distintos grados de inocen-cia; de hecho, en el más desen-gañado, ‘Jinete inexperto’ el na-rrador salta a la tercera persona.
Y es que en estos relatos todo está medido con tal precisión que cuando el lector cree mirar a la autora primeriza en realidad se topa con una voz madura.









