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Librotea entrevista a Alberto Chimal

Por Guillermo Arenas.

https://librotea.eldiario.es/estanterias/libros-imprescindibles-ciencia-ficcion-tiempos-inteligencia-artificial-alberto-chimal

Libros imprescindibles de ciencia ficción para los tiempos de la Inteligencia Artificial, por Alberto Chimal

El autor mexicano publica ‘Las máquinas enfermas’, una serie de relatos sobre los peligros de la tecnología y su papel en nuestras vidas.

La posibilidad de que una máquina pueda actuar, pensar o sentir como los humanos es una idea que la ciencia ficción ha tratado desde casi sus orígenes, pero que en la actualidad se convierte en algo más urgente e inmediato. El desarrollo de las Inteligencias Artificiales Generativas, como sabemos, pone en jaque muchos aspectos de nuestra sociedad, pero sobre todo plantea una serie de preguntas que son propias de la literatura. ¿Qué pasa si confiamos ciegamente en la tecnología como si de un dios se tratase? ¿Puede una máquina sustituir en los afectos a una persona? ¿Qué sucede si dejamos la creación artística en sus manos? 

Todas esas y otras preguntas se las plantea Alberto Chimal en Las máquinas enfermas, una colección de relatos en la que el escritor mexicano se anticipa a posibles escenarios relacionados con la tecnología y su papel en nuestra vida. Una mirada crítica y no tan alejada de la realidad actual para hacernos reflexionar. Hablamos con él sobre estos relatos y nos recomienda libros imprescindibles de ciencia ficción para los tiempos de la Inteligencia Artificial.

Alberto Chimal cuenta que, como muchas otras personas en todo el mundo, el desarrollo actual de la Inteligencia Artificial le hizo reflexionar sobre el papel que está jugando ya y que puede llegar a alcanzar en nuestras vidas. “Me parece que las consecuencias, las implicaciones de esta tecnología son unas que no acabamos todavía de aquilatar, de percibir”, asegura. “También me preguntaba si representan, como mínimo, el ascenso de una especie de oligarquía tecnológica global que está, digamos, cambiando mucho de cómo funcionan los países, los gobiernos, las economías en esta época del presente. Todo el libro proviene de esa preocupación, expresada de diferentes maneras, desde diferentes ángulos”.

Con esas preguntas, Chimal se lanzó a un ejercicio de literatura especulativa, pero desde una perspectiva diferente a la predominante. “Me interesa la idea de la anticipación, sobre todo cuando se aborda desde fuera de sus creadores hegemónicos o de sus entornos hegemónicos”, explica. “Me interesa más cuando se escribe, por ejemplo, en castellano, cuando se escribe desde España, desde México, que cuando se escribe desde los Estados Unidos o desde Inglaterra. La ciencia ficción proviene de un discurso muy centrado en un entorno, en una época determinada, en una postura triunfalista, de colonización, de avance de un cierto ideario político. Se ve en la idea de que el objetivo es ir a los otros planetas, colonizarlos, sacarles los recursos. En esta época resulta que hay un número interesante de obras, de autoras, de autores que tienen esta perspectiva descentralizada, sacada del discurso mayoritario o hegemónico de la ciencia ficción, y que cuentan otras cosas, que pueblan el futuro con otras personas, las personas que no estamos en las películas que se venden en Hollywood o los libros que se venden allá”.

Los peligros de la tecnología

En los relatos de Las máquinas enfermas hay tecnologías que son tomadas como deidades, otras que degeneran como los humanos o futuros en los que la escritura ha recaído por completo en sus manos. Pero, sobre todo, hay humanos que son, en definitiva, los causantes de todos esos escenarios. “Me interesaba mostrar que por muy perfectas y por muy potentes que puedan ser las tecnologías de nuestro momento, están sujetas a los caprichos de seres humanos”, cuenta Chimal. “Humanos no solamente falibles, sino además sumamente interesados en su propio beneficio y metidos en una especie de trayectoria que los lleva a querer acumular más y más y más dinero hasta cantidades inimaginables. Hace poco se anunció que Elon Musk, el dueño de Tesla, de SpaceX y de X, va a pedir un billón de dólares de beneficios para seguir siendo director de estas empresas. Nadie en el mundo ha tenido jamás un billón de dólares. Es absurdo, a la cabeza no le cabe una cantidad tan grande, ni se entiende realmente si la merece. No es un proceso racional, es un proyecto de dominación que tiene mucho que ver con las partes más animales, más primitivas de la mente humana”.

Además de esa concentración absurda de poder en manos de los nuevos oligarcas tecnológicos, para Chimal la dependencia de la tecnología plantea otros peligros. “Puede afectarnos de muchas formas, y de hecho ya está sucediendo en casos de personas que se vuelven extremadamente dependientes de un chatbot y ya no pueden tomar decisiones. Esa dependencia me parece muy peligrosa porque los seres humanos también tenemos esa tendencia a buscar guías, patrones, convergencias donde no las hay. Por eso inventamos dioses, inventamos toda clase de sistemas absurdos para entender el mundo y una herramienta complaciente como esta, que además está todo el tiempo ahí, que nunca nos dice que no, que incluso en muchos casos está programada para elogiar todo lo que decimos, se vuelve mucho más peligrosa. Estos casos de delirios psicóticos, de desvíos de la realidad propiciados por el uso de un modelo generativo, creo que dentro de muy poco van a tener que ser reconocidos como un problema de salud pública global. Ahí hay por supuesto una gran cantidad de oportunidades para la literatura y para todo, pero también hay un serio problema”.

No me parece que la tecnología pueda realmente llegar a un grado de perfección, de consistencia como el de un ser humano

 

Otro asunto es el que tiene que ver con la IA como posible generador de obras artísticas. Para Chimal, la pregunta no es si estas tecnologías lograrán o no crear algo que podamos distinguir o no de la creación humana. “El problema no es que las inteligencias artificiales lleguen a hacer las cosas mejor que los seres humanos. El problema es que nos resignemos los seres humanos a consumir aquello que produce un modelo generativo, aunque no sea bueno, aunque sea mediocre, aunque sea distorsionado, aunque sea falso. Ese es el problema”, asegura. “No me parece que la tecnología como esta pueda realmente llegar a un grado de perfección, de consistencia como el que puede lograr un ser humano. No lo creo por razones incluso técnicas: lo que hace es regurgitar una base de datos previa. No puede tener intuición, no puede tener ocurrencias, todo el procedimiento es algorítmico, son pasos predeterminados aunque no podamos ver exactamente cómo se dan y aunque la fuente de datos que tiene sea tan inmensamente grande que la mente humana no puede aprenderla. Es puro accionar mecánico. Sin embargo, los seres humanos tenemos también esta propensión enorme a proyectar nuestra propia humanidad en todo lo que nos rodea. Por esa razón se vuelven tan adictivos los chatbots”, concluye.

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