Por Manuel García Pérez.
FUENTE: https://www.mundiario.com/articulo/cultura/persistencia-dolor-cuentos-fernanda-trias/20260602144814388805.html
Persistencia del dolor en los cuentos de Fernanda Trías
Publicado por Páginas de Espuma, los cuentos de Miembro fantasma, de Fernanda Trías, profundizan en una sensación continua de extravío en el que los problemas personales absorben cualquier capacidad de actuación por parte del sujeto.
Qué queda después del trauma. Qué queda después del duelo. Y después del exilio y de cualquier otro perjurio con el que la vida se atreve a denostarnos sin otro fin que el de empujarnos al precipicio. La incertidumbre parece el único asidero en el que intentar en vano conformar nuestra identidad.
Publicado por Páginas de Espuma, los cuentos de Miembro fantasma, de Fernanda Trías, profundizan en una sensación continua de extravío en el que los problemas personales absorben cualquier capacidad de actuación por parte del sujeto. La narrativa de Trías no es ajena al mundo que vivimos, estresante y lastrado por una soledad endémica. La presión, el estrés, el desamparo, la violencia y una profunda desazón comprometida con la orfandad repercuten en la creación de una narrativa en la que los antihéroes están predestinados a brillar en la derrota.
La soledad de los cuartos y varios reencuentros fallidos erigen una epopeya sobre vidas que se acostumbran a la ausencia sin más temor que verse arrasadas por el tedio. Pese a ese realismo de corte americano que inspira la espacialización y los tópicos de los cuentos (la sombra de Carver y de Berlin es evidente hasta en la afinación de la prosa), hay una rendición a lo fantasmal, a lo idílico, a lo platónico que sumerge la biografía de cada personaje en una especie de limbo: las decisiones están a expensas del peso de los recuerdos y los miedos, miedos atávicos, casi congénitos.
Me ha gustado especialmente el juego metaliterario que subordina la propia existencia al don de la escritura y con el que se abre el volumen de cuentos. Así opera «Personaje en construcción» para advertir que el resto de relatos no dejan de ser versiones de lo imaginario. Y lo imaginario es un proyecto de la conciencia según Borges. La manipulación con la que tantos grupos sociales construyen su ratio essendi hace que «El orador» describa perfectamente esa simbiosis entre lo que es fruto del espejismo y aquello que, desde la nimiedad y la inmediatez, construye el mundo, cada cosa tangible.
En el tercer relato «Ciclón», los efectos fatales de la vejez y la enfermedad son sinónimos del aislamiento y solamente pueden ser aliviados con un posible encuentro de dos amigas condenadas a surcar los mismos derroteros de un mundo demasiado adverso. En el relato que da título a toda la obra, «Miembro fantasma», la beligerancia contra las dictaduras no sale gratis, pues deja estigmas, escarificaciones, restos de una mutilación emocional apenas salvable, en quien osa enfrentarse a los radicalismos. El declive de un pájaro y su poder evocador en «Intimidad irremplazable» pone en evidencia el poder del ensimismamiento frente al hastío de unas vidas que hace mucho claudicaron. Lo imprevisible ha sucumbido, pero existe la posibilidad de rescatar el entusiasmo, siguiendo la evolución de un gorrión en la soledad del infinito.
¿Y si Dios tuviese un plan para todo el mundo? Ahí subyace la tesis con la que Trías construye el testimonio de Julio, el veterano de un centro de menores en «Si el mundo parara de hacer lo que hace», ya que el muchacho ha asumido la ruindad de su destino como única posibilidad de residir dentro de una variabilidad de escenarios con la que se presenta el futuro más próximo. Y, en esa encrucijada, en la que nada parece sustentarse en una creencia fiable, «De frontera solo el aire» incide en la presentación de varias versiones de una realidad violenta donde la verdad del asesinato no depende de la verdad de los hechos, sino de la arbitrariedad con la que los testigos debaten sobre la ejecución. No existe una sola realidad con la que armar la exactitud de los acontecimientos. Lo verdaderamente importante es que los hechos se ajusten a la falsedad de las interpretaciones.
Trías sabe que ahí se fundamenta el prodigio de las mentiras con apariencia de verdad con las que la posmodernidad ha producido sus relatos suicidas. Por esa razón, Miembro fantasma termina con «Última carta a Claudia», un relato de alguien que escribe sobre lo borrado y lo difuso de recuerdos que fueron alguna vez entramado de una experiencia real, pero que ahora se desvanecen, dejando detrás de sí la traumática desazón de presentimientos, que todo lo volatilizan.
Porque se trata de contar con eso, con una historia de lo volátil con la que la modernidad se interpreta para no enfrentarla, para no asumirla con su autenticidad, a veces dichosa, otras veces, punitiva. No hay otra condición en el sujeto actual que negar lo evidente.






